La Jornada (México).- La creciente desaparición de las lenguas autóctonas en el mundo ocupará un debate estratégico en la edición número 20 de la Feria Internacional del Libro de Antropología e Historia que se efectuará en la ciudad de México los días 18 al 28 de septiembre próximo, escenario en el cual Michoacán podría tomar nota de las conclusiones al considerar que una de las lenguas en peligro de extinción, la mazahua, ocupa el territorio estatal con una dinámica acelerada en la reducción de sus hablantes.

Martín Godoy Sánchez, titular del Departamento de Vinculación e Integración Cultural en la Secretaría de Cultura de Michoacán (Secum), confirmó ayer su intención de asistir al encuentro que tendrá como sede al Museo Nacional de Antropología e Historia en la ciudad de México, “si llega una invitación o recibo instrucciones de participar”, pues reconoció que de las cuatro lenguas indígenas reconocidas oficialmente en el estado, la purépecha, náhuatl, otomí y mazahua, esta última se encuentra en peligro de desaparecer “porque ha sido olvidada hasta por las autoridades municipales”.

En un contexto global, las aseveraciones del funcionario estatal se suman a las certezas obtenidas por estudios internacionales en lingüística, donde sobresale que, de seguir con el mismo ritmo, 50 por ciento de las lenguas originarias en el mundo que aún se practican se perderán al finalizar el siglo, a lo que el coordinador del Primer Encuentro de Lenguas en Peligro, que se insertará en la Feria Internacional del Libro de Antropología e Historia, Francisco Barriga, añadió que “hoy en día 96 por ciento de la población mundial se comunica sólo con 4 por ciento de las lenguas existentes”, según una publicación del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

“En el Continente Americano se hablan, en números redondos, unas mil lenguas indígenas, que corresponden aproximadamente a 25 por ciento de las lenguas del mundo. Desafortunadamente la inmensa mayoría de estas lenguas indígenas americanas también están en jaque, y podrían desaparecer en un corto o mediano plazo, abundó Francisco Barriga, director de Lingüística del INAH”, indica la página electrónica de la dependencia federal, en que se señala también la llegada de lingüistas internacionales al país para debatir sobre “el fortalecimiento y el rescate de la diversidad lingüística continental, desde Alaska hasta la Tierra del Fuego”.

En lo que se refiere a los esfuerzos institucionales realizados en Michoacán para la preservación de las lenguas originarias, Martín Godoy habló sobre la apertura de estímulos monetarios a escritores en lenguas nativas, “a través de dos categorías: una para jóvenes escritores en lenguas originarias, y otra para escritores el lengua indígena con trayectoria”, contempladas en el plan general del Sistema Estatal de Creadores, además de la intención de “acudir a las comunidades para apoyar el rescate” de las lenguas autóctonas, señaló el funcionario.

Sobre la proyección a futuro para las cuatro lenguas indígenas que habitan en Michoacán, datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) señalan que hasta 2005 en el territorio michoacano existían 25 mil niños de entre cinco y 14 años de edad que practicaban alguna de esas lenguas en igual número por género, y “los niños hablantes de lengua indígena representan 2.8 por ciento del total de niños del estado y 21.8 por ciento del total de hablantes de ésta”, aunque 87.5 por ciento de esos niños, casi nueve de cada 10 pertenecen a la etnia purépecha.

La dependencia recolectora de estadísticas define también que “el porcentaje de los niños que hablan alguna lengua indígena es importante, ya que es un indicador del grado de transmisión y conservación de las lenguas, mientras más pequeño es el porcentaje, la lengua tiene mayor riesgo de desaparecer”.

En ese sentido, el INEGI encontró que los niños que hablan purépecha representan 22.2 por ciento del total de hablantes de esa lengua en Michoacán; los niños que practican el náhuatl son 23.4 por ciento del total de quienes conocen esa lengua originaria, y 8 por ciento de los hablantes mazahuas son también niños.

La lengua mazahua, que ocupa 15 municipios del estado de México y Michoacán, perdió 12 por ciento de sus practicantes entre 1990 y el 2005, según el INEGI, cuando las cifras llegaron a 111 mil 840 hablantes, aunque “un alto porcentaje” de ellos, no especificado por la dependencia, “son sólo oyentes”.

“De acuerdo con investigaciones de Michael Knapp Ring, lingüista del INAH, este fenómeno es consecuencia de la ruptura generacional que ha provocado los cambios culturales de las últimas décadas y la cercanía de las comunidades con los grandes centros urbanos”, indica la publicación electrónica de ese instituto, y añade que “en algunos de estos casos son los mismos padres quienes toman la decisión de no continuar con la enseñanza de la lengua, pues piensan que así les podrán dar un mejor futuro a sus hijos”, lo que también sucede en Michoacán.

Clarín (Argentina).- En el norte de Perú arqueólogos alemanes y peruanos descubrieron un gigantesco complejo de alrededor de 5.500 años. Está ubicado en Sechín Bajo, en el valle del Casma (ubicado a 370 kilómetros al norte de Lima).

El profesor de arqueología y embajador de Perú en Alemania, Federico Kauffmann-Doig informó en conferencia de prensa que se trata de un hallazgo “revolucionario y excepcional por la datación tan antigua”. Y agregó que ahora deben descubrir qué función tuvo el complejo.

El director del proyecto de Sechín Bajo y arqueólogo alemán de la Universidad Libre de Berlín, Peter Fuchs, detalló que la zona d excavaciones abarca una superficie de 30 hectáreas con construcciones de varias épocas, la más reciente de hace 3.600 años.

Fuchs indicó que la construcción fue levantada hace unos 5.500 años, cuenta con patios redondos que hallaron en los estratos inferiores de las excavaciones. Este complejo “puede considerarse la más antigua arquitectura monumental en el espacio andino central”, agregó el investigador.

Sobre los estratos inferiores se erigió posteriormente (entre los años 2100 y 1600 aC) un edificio abierto, casi cuadrado, de entre 35 y 40 metros. Tiene nueve salas alineadas, que los arqueólogos creen que pudieron tener alguna función ritual.

Casi adosado a ese edificio se encuentra el hallazgo más interesante del complejo: una construcción de piedra y adobe de 125 por 150 metros en buen estado de conservación, que contiene cuatro patios interiores en línea y descendentes desde el más pequeño, arriba, al más grande, en la parte inferior. Este último, el de mayor tamaño y con muros de unos 5 metros de altura cubiertos de adobe, se abre a una plaza de unos 20.000 metros cuadrados.

La excavación de ese patio ha sacado además a la luz relieves de gran tamaño en sus paredes, únicos en la región, con figuras en posición frontal, que tienen los brazos abiertos y parecen participar en un baile ritual o una procesión.

En la mano derecha sostienen un objeto alargado que podría ser una maza de guerra y de su mano izquierda cuelga una pieza redonda, también sin identificar, de la que sale una cabeza de serpiente.

Telam.- Por María Alicia Alvado

El mar, las torrentosas aguas de un río, el tranquilo estanque que conforman lagos y lagunas pueden representar cosas diferentes según la perspectiva de la que se los mire: desde paisaje idílico que llama a la contemplación, a la eficaz vía de comunicación por el que se desplazan tanto canoas como trasatlánticos. Desde inagotable fuente de recursos naturales a escenario de las batallas navales más recordadas de la historia.

Pero hay una especialidad de la ciencia para la cual los cursos de agua son, sobre todo, fuente de innumerables y fascinantes historias sumergidas que, convenientemente rescatadas, nos pueden decir muchas cosas acerca de nosotros, los hombres, y nuestra forma de ser a través del tiempo.

Se trata de la Arqueología Subacuática, una rama relativamente nueva de la Arqueología que estudia el pasado humano a partir de restos materiales que tienen la particularidad de estar sepultados bajo las aguas. Así, los naufragios y las ciudades hundidas son el principal –aunque no el único- terreno de investigación de esta disciplina que tiene presencia en Argentina desde mediados de los ‘90.

Consolidada a partir de los años 50 con el perfeccionamiento, por parte de Jacques Cousteau, del equipo de buceo autónomo (scuba), la arqueología subacuática representa algunos obstáculos adicionales en relación a la “tradicional” o terrestre, pero también importantes ventajas.

“Bajo el agua, el trabajo es mucho más lento porque el arqueólogo-buzo no puede trabajar 12 horas ininterrumpidamente como puede hacerlo en tierra. Como máximo, puede sumergirse 1 ó 2 veces al día, unos 40 minutos a una hora cada vez. Además, hacen falta equipos y adiestramiento especiales así como medidas adicionales de seguridad”, explicó la arqueóloga Mónica Valentini, coordinadora del Área de Arqueología Subacuática de la Escuela de Antropología de la Universidad Nacional de Rosario.

Como contracara, hay materiales, como la madera o ciertos tipos de pintura, que en el agua se conservan mucho mejor que en superficie, por la acción combinada del frío y la ausencia de ciertos microorganismos.

Quizás el hallazgo arqueológico más famoso realizado en alta mar y el que dio nuevo impulso a la actividad, fue el del Titanic, localizado en 1985 en aguas internacionales del Atlántico, a 73 años de su frustrado viaje inaugural.

“El caso tiene muchas implicancias. Dentro de lo positivo, mostró que con los recursos de robótica remota se puede hacer unos trabajos muy delicados a profundidades que exceden en miles de metros la tolerancia de las personas. Como aspecto negativo, creo que contribuyó a crear el mito de que la arqueología subacuática es sólo la de grandes profundidades, cuando lo más común es que los naufragios se produzcan en las costas”, sostuvo la arqueóloga Dolores Elkin, quien es investigadora del Conicet y dirige el Programa de Arqueología Subacuática del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano (INAPL).

La mayoría de los barcos naufragados que están siendo estudiados por los arqueólogos, permanecerán para siempre en su cementerio marino por los costos excesivos que representa su puesta a flote y el mantenimiento posterior.

Las dos excepciones más importantes lo constituyen el barco de guerra inglés del siglo XVI “Mary Rose” (la parte derecha de su casco se exhibe en Portsmouth) y el buque sueco del siglo XVII “Vasa”, nave favorita del rey Enrique VIII que se conserva con más del 95 por ciento de su estructura original en Estocolmo.

Y así como el desarrollo científico tecnológico puede ser considerado el mejor amigo de la arqueología subacuática, esta disciplina tiene también un enemigo declarado: los cazadores de tesoros o saqueadores de sitios arqueológicos sumergidos.

“Los peores perjudicados con estas prácticas somos el común de la gente, a quienes nos quitan un patrimonio que nos pertenece. Cada barco ‘rescatado’ por buscadores de tesoro no es otra cosa que una pérdida porque ellos irán detrás de aquello que puedan extraer y vender en detrimento de todo aquello que no pueda ser vendido. En cambio, para un auténtico científico todo tiene valor” y se estudia en asociación con el resto del sitio arqueológico, explicó Elkin.

La acción perniciosa de los cazadores de tesoros se está empezando a combatir a nivel mundial con la adopción de una legislación protectora por parte de los diferentes países, que tiene su base en la Convención de la ONU para la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático que 22 países –entre ellos Argentina- suscribieron el 2 de noviembre de 2001.

En Argentina, los primeros equipos de investigación se conformaron hacia mediados de la década del ’90 y el potencial muy grande si se tiene en cuenta la enorme gravitación de nuestras costas y puertos desde tiempos de la conquista. De hecho, la base de datos que el INAPL está construyendo, ya tiene registrados más de 1600 naufragios cuando aún queda mucha información por relevar.

“En Argentina recién estamos empezando y hay infinidad de lugares que son potenciales sitios arqueológicos”, remató Valentini

El Universal (México).- Estados Unidos entregó hoy al Gobierno colombiano 66 piezas precolombinas, incluyendo 16 esmeraldas, que fueron extraídas ilegalmente de la Nación andina y decomisadas en el sur del estado de Florida.

La recuperación de las piezas arqueológicas colombianas traídas de contrabando a EU se logró durante una investigación efectuada por la Oficina de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y el alguacil del condado de Broward, al norte de Miami.

Los artefactos recuperados provienen de las culturas Nariño y Tairona que datan de hasta 500 años antes de Cristo, según anunciaron hoy en conferencia de prensa las autoridades de EU.

Anthony Mangione, agente especial a cargo de la oficina de investigaciones del ICE, informó en la conferencia de prensa que en septiembre del 2005 se arrestó a Ugo Bagnato, venezolano con ciudadanía italiana, a quien le confiscaron las piezas.

Bagnato se declaró culpable de vender y recibir mercancía robada y fue sentenciado a cumplir 17 meses de prisión. En julio del 2007 las autoridades lo deportaron a Italia.

Alexander Alonso, asistente de Mangione, reveló a Efe que mientras Bagnato cumplía con su condena, el Instituto Gemológico de América, con sede en San Diego (California), se comunicó con ICE para informar que el acusado les había dado unas esmeraldas para su tasación.

Tras esta información y un estudio de las gemas realizado por la Universidad de Maine, las autoridades pudieron establecer que las esmeraldas procedían de la misma fuente que los objetos precolombinos.

“Cada esmeralda tiene agujeros pequeños que indican que fueron taladradas con el propósito de crear un collar”, se precisó.

El acta de repatriación de las piezas fue firmada por Diego Herrera, director del Instituto de Antropología de Colombia, y por Mangione de ICE.

La recuperación de este patrimonio cultural se efectuó de acuerdo al Memorando de Entendimiento suscrito entre Colombia y Estados Unidos que prohíbe la importación, exportación y transferencia de material arqueológico de culturas prehispánicas.

Los 66 objetos, entre los que hay piezas de oro, figuras eróticas, vasijas con forma de animales, anillos de oro que se usaban en la nariz y figuras de plata, serán enviadas a Colombia la próxima semana a Bogotá mediante una empresa colombiana.

Herrera dijo que es “muy posible que las piezas vayan al Museo Nacional de Colombia”.

El Cónsul General de Colombia en Miami, Luis Ignacio Guzmán, dijo a Efe que “esta entrega de piezas arqueológicas demuestra la colaboración entre dos naciones”.

Las piezas “muestran parte del patrimonio nacional que fue robado y que debe regresar para ser colocado como lo que es: un patrimonio de la nación al servicio de la educación, investigación y orgullo de un pueblo”, destacó.

A Bagnato también se le incautaron 412 piezas precolombinas de Perú, incluyendo una vasija de cerámica de 3 mil 500 años, una de las mayores recuperaciones de piezas arqueológicas peruanas traídas de contrabando a este país.

Los artefactos peruanos, entregados al Gobierno de Lima el año pasado, provienen de las culturas Mochica, Chimú, Chancay y Cuspinique y datan de mil 500 años antes de Cristo.

El Cónsul colombiano comentó a Efe que “aquí hay una lección para todos los que participan en el tráfico cultural de los pueblos, que ese tráfico no paga, deja muchas pérdidas y como consecuencia la cárcel”.

Agradeció en nombre del Presidente de Colombia, Álvaro Uribe, la entrega de las piezas y resaltó que para los colombianos “es una constante el apoyo que nos brinda Estados Unidos en varios aspectos: en la protección de nuestro patrimonio y en la cooperación mutua de la lucha contra las drogas y el delito”.

Griselda Chiquirrin

Julio 5, 2008

Quisiera dejar estampado aquí mi más sentido recuerdo para esa entrañable amiga que decidió partir, así sin más, dejando a sus afectos a la deriva en un confuso mar de interrogantes.

Nos conocimos en el contexto de una entusiasta militancia universitaria cuando la dictadura militar argentina, en retirada, era avasallada por una voluntad de democracia liberadora. Tiempo después, Griselda se recibió de agrónoma y se fue a vivir a San Juan, y yo me escapé hacia la antropología, mudándome del conurbano bonaerense a la Capital.

Cuando ya la democracia había demostrado sus límites y sus renuncios nos volvimos a encontrar en esa provincia cuyana. Junto con Pablo, me abrieron las puertas para llevar a cabo mi tesis sobre una experiencia de cooperativismo rural en la Argentina del desempleo y la desesperanza.

Meses atrás me escribió para saludarme por mi cumpleaños. Me hablaba del “mal trance” de los cuarenta; de su desengaño con la extensión rural; de su “demorada” tesis de maestría; y de sus deseos de comenzar el doctorado. Allí también afirmaba: “es difícil perdurar a veces”. Pero de todo ello me quedo con tus “muchos besos” y te mando otros tantos donde quiera que te encuentres.