La Nueva España
AMABLE CONCHA

AIBR (Antropólogos Iberoamericanos en Red) ha registrado el pasado 16 de marzo de 2007 la candidatura de Fredrik Barth a la XXVII Edición del premio «Príncipe de Asturias» en la modalidad de Ciencias Sociales. A la iniciativa de nuestra asociación se han sumado ya más de ciento ochenta siete apoyos internacionales provenientes de antropólogos particulares, departamentos universitarios e instituciones diversas, entre ellas la International Union for Anthropological and Ethnological Sciences o la «relevantísima» American Anthropologist Association, que ha considerado «una excelente noticia la candidatura de uno de sus miembros más preeminentes a este prestigioso premio», manifestando estar «muy esperanzados con el éxito de esta nominación».
¿Qué ha llevado a tantos a movilizarse tanto en tan poco tiempo? Sin duda, los méritos del profesor Barth. Este antropólogo noruego ha combinado a lo largo de su dilatada trayectoria un importantísimo trabajo de campo en algunos de los lugares más conflictivos del planeta: Afganistán, Sudán, Pakistán o Irán, con un impresionante currículo como profesor universitario: Cambridge, Yale, U. C. Berkeley o Harvard, entre otras, encontrándose desde 1977 como titular en la Universidad de Boston.
Su contribución a la antropología social es tan importante y crucial que el profesor Warren ha definido como Barthean break -«revolución barthiana», podríamos traducir-, su premisa teórica consistente en que toda investigación de los límites culturales ha de preferenciar el enfoque sobre la organización social de dicho límite frente a los discursos y los significados. O, dicho de otra forma, que importa más el límite en sí que el propio contenido cultural que éste pretende encerrar. En la página web de la candidatura: http://aibr.org/antropologia/aibr/barth.php, podrá el lector interesado obtener más información, incluida una excelente entrevista en profundidad con el propio candidato, realizada por Robert Anderson.

Particularmente, quisiera aprovechar estas páginas para reivindicar ciertos aspectos de perfil del candidato. Una teoría sobre la organización social de las diferencias culturales es evidente muy necesaria en la actualidad, si os ayuda a comprender tanto la reivindicación del profesor Orta de esa «capacidad panhumana de eliminar las diferencias culturales», como que el límite cultural puede persistir pese a los fenómenos de tránsito personal y aún obrándose interacciones e interdependencias interétnicas. Una verdadera antropología del conocimiento -donde la obra de Barth es también pionera-, actúa, entonces, como disolvente eficaz de los efectos de la acción política sobre las diferencias culturales, descubriendo las verdaderas intenciones que subyacen tras esa categorización de «los otros», en que toda ideología etnocentrista funda su razón de ser. El problema de los nacionalismos de corte etnocentrista no es exclusivamente ibérico, aunque aquí se manifieste, en algunos momentos y lugares, con cierta pujanza.

En el caso de Asturias al lector le interesará saber que la metodología propuesta por Fredrik Barth ha permitido un diagnóstico certero de ciertas actitudes «imperialistas» sustentadas por movimientos de construcción nacional vecinos para la comarca Navia-Eo (I. Llope), mientras que, desde el punto de vista académico, su apuesta por una teoría relacional basada en el análisis transaccional ha sido reveladora como el mejor camino para explicar el origen y naturaleza de nuestras queridas costumbres jurídico-públicas, el derecho consuetudinario público asturiano.

Desde 1983, en que fue premiado el etnógrafo español Julio Caro Baroja, único antropólogo que ha recibido el premio «Príncipe de Asturias» en la modalidad de Ciencias Sociales, este apartado ha distinguido a juristas, economistas, sociólogos, filósofos, todos de enormes y justos méritos, tantos, al menos, como los que pueden ahora reclamarse para la candidatura propuesta, que, además, presenta el «quantum» suplementario de venir a «corregir» esa tendencia en la historia de los premios equiparando la presencia de nuestra disciplina, tal y como -justo es reconocerlo- sí se hace en las bases del galardón.

Las felicitaciones que AIBR se merece por la acertada iniciativa y su eficaz gestión habrán de quedar claramente superadas, esperamos, por la enorme alegría que habrá de suponer para todo el gremio antropológico la concesión de este premio a Fredrik Barth -en reconocimiento a esa «contribución relevante y beneficiosa para la Humanidad»-, pero también como estímulo y acicate para otros muchos compañeros y compañeras y, a buen seguro, para que el gran público conozca un poco mejor los objetivos y logros de una disciplina, tan humanamente imprescindible como es la antropología social.

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El Día (Argentina)

En el cementerio de Darwin hay 237 tumbas de soldados y oficiales argentinos caídos en combate, pero sólo 115 fueron identificados. El proyecto, impulsado por familiares de ex combatientes, busca despejar dudas sobre posibilidad que haya varios cuerpos enterrados juntos

Mientras se intenta que antropólogos forenses puedan ser autorizados por Gran Bretaña para identificar a más de cien soldados argentinos enterrados en las Islas Malvinas, los familiares de las víctimas esperan que finalmente este año pueda ser inaugurado el monumento recordatorio que se levanta en el cementario de Darwin.

Los deudos de ex combatientes y legisladores nacionales impulsan el proyecto que espera una aceptación del Gobierno nacional para intentar luego un acuerdo con Gran Bretaña.

El trabajo sería llevado a cabo por el cuerpo de antropólogos forenses, reconocidos internacionalmente para la identificación de desaparecidos durante la última Dictadura Militar.

En el cementerio de Darwin, en la isla Soledad, se encuentran 237 tumbas de los 649 soldados y oficiales argentinos caídos en combate, pero sólo 115 de esas víctimas fueron identificadas: el resto permanece allí bajo la incripción de “soldado argentino sólo conocido por Dios”.

Familiares de ex combatientes sostuvieron que impulsan la posibilidad de desenterrar los cuerpos y hacer un trabajo de identificación forense para despejar dudas sobre la posibilidad que en algunas tumbas haya varios cuerpos enterrados juntos.

Pese a ello el Gobierno nacional señala que en las 237 tumbas hay la misma cantidad de cuerpos.

El Debate (Zárate-Argentina)

El licenciado en Arqueología, Daniel M. Loponte, representante del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano, dependiente de la Secretaría de Cultura de la Nación, se refirió al proyecto de investigación que está llevando adelante el Instituto de Antropología y el Conicet, con un equipo de alrededor de veinte investigadores junto a colaboradores de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Nacional de La Plata.
Se trata de una iniciativa que se extenderá durante diez años y tiene el objetivo de estudiar las poblaciones aborígenes en el partido de Zárate.
Este proyecto ya contaría con más de 8 años de desarrollo, dado que se trabajó sistemáticamente en otros partidos.
A partir de este año, se comenzará a trabajar más en Zárate.
Ya existen antecedentes de la realización de tareas pero se espera que a partir de ahora, éstas sean arduas.
Este trabajo implicará la detección de nuevos sitios arqueológicos y la continuación de la excavación de los que ya están ubicados en nuestro partido.
La excavación será efectuada por personal técnico universitario, el Conicet y el Instituto Nacional de Antropología, en donde serán procesados los materiales en un principio.

Sitio adecuado
Esto salvo que se encuentre un sitio adecuado dentro del partido en donde se puedan realizar las tareas correspondientes con mayor participación de la comunidad local en los trabajos de limpieza o restauración. De esta manera, se contaría con una dinámica más social.
El trabajo de campo se llevaría a cabo durante diez años con dos o tres excavaciones anuales.
El trabajo de investigación que generan los materiales que se excavan dura muchos años.
El objetivo es estudiar las poblaciones aborígenes de cazadores-recolectores que habitaron nuestro partido en los últimos 3.000 o 4.000 años.
En los sitios arqueológicos ya ubicados, se hallaron restos de vasijas, fauna, humanos e instrumentos de piedra.
Estos elementos funcionan como cápsulas del tiempo que informan sobre el clima que existía en ese momento, así como su flora y fauna. También la distribución de recursos en el ambiente de la época.
Así, se tratará de reconstruir el paisaje social y natural de Zárate de hace 4.000 o 5.000 años.
Loponte explicó que se habían mantenido reuniones con el intendente, quien apoyará las investigaciones. Además, se coordinarán los traslados con Prefectura.

Ana María Lorandi

No es un ejercicio fácil el que voy a intentar. Y no lo es porque después de tantos años no se ha producido una revisión global, realizada por otros autores, que cuestionaran
nuestras proposiciones de fondo. Los estudios etnohistóricos más recientes han sido puntuales y tampoco existen síntesis arqueológicas que nos permitan revisar nuestro esquema. Por eso espero que entre todos podamos construir una versión más ajustada en base a nuevos datos ahora disponibles.

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Noticias de Gipuzkoa (Euskadi)

 donostia. Hace siete años, el periodista y sociólogo   madrileño Emilio Silva, fundador de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, contactó con la Sociedad de Ciencias Aranzadi en su interés por localizar en el municipio de Priaranza del Bierzo (León) los restos de su abuelo, fusilado en 1936 por el ejército franquista. Fruto de aquella llamada, esta entidad participó poco después en la que fue la primera exhumación de la Guerra Civil en el Estado y dio inicio a una serie de desenterramientos que alcanza ya los 40 y que ha permitido rescatar los restos de más de 300 personas. Una cifra, además, que se quedará corta cuando concluya la exhumación iniciada ayer en Valdenoceda (Burgos), donde se hallan enterrados más de 150 republicanos.

“Ya por aquel entonces manifestamos que Aranzadi y la universidad (la UPV y Deusto) contaban con gente como para acometer este tipo de intervenciones. Y así ocurrió. Siguieron llegando llamadas y pronto se empezó a trabajar con un plan concreto del Gobierno Vasco”, asegura Paco Etxeberria, profesor de Medicina Legal y Forense y director del Departamento de Antropología de Aranzadi.

solicitudes Este experto recuerda con nitidez aquella primera incursión en este capítulo del pasado relegado durante tantas décadas al olvido. Distintas asociaciones surgieron en aquel momento para reivindicar la memoria histórica y las solicitudes de investigación comenzaron a amontonarse encima de la mesa de la sociedad vasca, que sigue tratando de atender desde entonces tanto las cartas que llegan de Euskadi como las que lo hacen de otras zonas.

“Si podemos, por supuesto que nos desplazamos”, subraya Etxeberria, que asegura que incluso han llegado solicitudes de Canarias y del Sáhara, si bien “no siempre se concreta la exhumación”. Explica, por otro lado, que muchas de las peticiones relativas a la búsqueda de restos en otras comunidades se reciben desde la CAV.

Año tras año, el peso de Aranzadi se va incrementando en este campo, al haber intervenido en un 38% de las exhumaciones de la Guerra Civil en el Estado. Lo hace, además, en un contexto cada vez más sensible hacia este episodio histórico. El 20 de noviembre de 2002, el Parlamento de Madrid ejerció la primera condena al franquismo y, en diciembre de aquel año, el lehendakari, Juan José Ibarretxe, formuló una declaración de apoyo al proceso de reflexión sobre la memoria histórica.

Fruto de esta última se derivaron dos convenios de colaboración entre Aranzadi y el Gobierno Vasco: uno aún vigente con el Departamento de Justicia referente a los fusilados y desaparecidos, en el que se han investigado 400 solicitudes de familiares (un 99% de ellas del bando republicano), quedando 60 casos pendientes; y otro ya finalizado con el Departamento de Asuntos Sociales, por el cual se ha escaneado información relativa a 55.000 personas represaliadas por el franquismo.

Actuaciones para las que Aranzadi ha creado un equipo integrado por cerca de 20 especialistas, con profesores de la UPV, Deusto y otras universidades, y en las que suele recurrir a la colaboración de entidades próximas al lugar de trabajo.

Es un día a día dedicado a la justicia de un pasado condenado al ostracismo, al destierro que ya sufrieron sus propias víctimas. Días y tardes volcadas en la investigación de un archivo, en la recogida de testimonios, en el análisis de unos restos o en la realización de una exhumación. En definitiva, en aquello que requieran las asociaciones, que representan los intereses de las familias y para las que Aranzadi se pone a disposición, con independencia de sus perfiles políticos o ideológicos.

doble satisfacción Todo ello, con el objetivo de resolver cientos de casos cuya solución provoca una doble satisfacción. “Para ellos (los familiares) es cerrar una herida. Quedan muy agradecidos. Dicen que nunca hubieran creído que iban a ver la oportunidad de llegar a este momento: de hablar sin miedo a decir el nombre de su familiar, de poder exhibir su foto o asistir a un acto de reconocimiento… Perciben todo eso como una recompensa muy superior a las indemnizaciones o a otras cosas por el estilo”, resalta.

La alegría, no obstante, se extiende a los profesionales. “Para nosotros es muy enriquecedor. Parece que estamos ahí para facilitar información, pero existe también un enriquecimiento personal. Es algo que se ve en los alumnos que participan con nosotros. Excavaciones arqueológicas hay muchas y todas son igualmente interesantes, pero éstas tienen una dimensión humana interesantísima y próxima que no tienen las otras. Desde el punto de vista académico y científico también hay una utilidad en todo lo que se hace, pero por delante de todo eso está la dimensión humana. Esto es algo muy importante para las familias”, dice.

años perdidos Desde sus años de experiencia, Etxeberria lamenta que este tipo de intervenciones no comenzaran antes, aunque es consciente de que tampoco era fácil. “No supimos prestarle la atención debida todos: el mundo académico, el mundo de la ciencia, el de la sociedad, el de la política… cada uno desde su ámbito. Eso está justificado por la trayectoria anterior de lo que significa salir de una dictadura y de una serie de temores, de dudas, de miedos y de incertidumbres; pero ahora nos damos cuenta de que andamos tarde para algunas cuestiones, como la recogida de testimonios. Nos damos cuenta de que es una pena no haber empezado con esto unos años antes”, reconoce.

Pese a ello, agradece el interés creciente en torno a este tema. “Se ha abierto un interés en todas las direcciones. No es un tema exclusivo de expertos en antropología, o de archivo, o de laboratorio. Están saliendo canciones, poesía, obras de teatro, películas, reportajes, documentales, tesis doctorales, conferencias, cursillos, homenajes… Todo eso se ha abierto en todo el espectro del funcionamiento de la sociedad”, señala.

Son, en definitiva, las palabras de quien mejor conoce este ámbito y de quien, junto a las propias familias, más valora el camino que se ha abierto para rescatar del abandono una memoria escondida durante demasiados años. Un trabajo dedicado “a las víctimas olvidadas”, según declaró recientemente Etxeberria, tras la concesión a su persona del Premio Derechos Humanos 2006 que otorga la Diputación.

Hugo E. Ratier (FFyL UBA, FACSO UNICEN, IIAO Olavarría, NADAR)

Leandro Etchichury (FFyL UBA, NADAR)

RESUMEN

Desde 1934 en la región central de la Provincia de Buenos Aires se llevaron a cabo campeonatos de fútbol, con el aditamento de otros deportes y juegos, organizados en torno a la Liga de Fútbol de Olavarría. Se llamó fútbol de campaña y se suponía que los participantes debían tener residencia en el campo. Con suerte diversa el campeonato rural se mantuvo hasta 1999, cuando cedió lugar al llamado papi-fútbol, de características estrechamente locales y organización más modesta.

Cuando parecía que el campeonato de campaña se había extinguido totalmente, en época muy reciente (2004) varios clubes representantes de diversos poblados, asumieron el desafío de volver a montar el torneo, que resurge con fuerza. Este trabajo explora algunas de las causas de ese fenómeno, así como su relación con viejas instituciones, los clubes de campo, y con sistemas solidarios ligados a la identidad, en los cuales el fútbol se inserta.

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El Tribuno (Salta)

Los restos de tres niños fueron encontrados por el equipo del Museo de Antropología que trabaja desde hace diez días en la actual escuela Benjamín Zorrilla y cementerio de los mercedarios hasta hace unos 170 años. El hallazgo se suma a los fragmentos óseos de distintos cuerpos y los esqueletos completos de dos adultos.

De acuerdo a lo especificado por la directora del Museo de Arqueología, Mirta Santoni, las tumbas habrían sido cavadas entre 1720 y 1830, ya que en la década de 1840 fue habilitado el Cementerio de la Santa Cruz por lo que la costumbre de enterrar a los seres queridos en conventos fue cayendo en desuso.

En la primera etapa de excavaciones, el equipo de antropólogos que dirige Santoni encontró dos cuerpos pertenecientes a personas adultas y fragmentos de distintos cadáveres. “Los cuerpos se encuentran enterrados uno sobre otro, pero cada uno está colocado de una manera diferente y con una distancia de 30 centímetros entre sí”, detalló la directora del museo para luego especificar que “esto significa que pertenecen a períodos diferentes”.

El más antiguo de los cadáveres fue encontrado a una profundidad de entre 1,45 y 1,25 metros con una posición de Este a Oeste, mientras que el otro fue hallado entre 1,10 metros y 70 centímetros con la cabeza apuntando al Sur y los pies al Norte.

Justamente, en esta última línea enterratoria se encontraban los tres niños que, según las apreciaciones de Santoni, no tendrían más de un año de edad al momento de fallecer. “Lamentablemente, estos cuerpitos no están completos ya que la humedad de las camas provocó que algunos de los huesos se desintegraran”, explicó la especialista y quien dirige al equipo que con estacas de maderas, pinceles y paciencia, exhuman los restos hallados en el lugar.

Análisis de laboratorio

Una vez que los esqueletos sean extraídos del lugar serán llevados al Museo de Arqueología, donde comenzará la etapa de estudio de los restos. La antigüedad y el sexo de los cuerpos, por ejemplo, surgirá de los análisis que se practiquen. “Mediante el tamaño del fémur, pelvis o cara de los esqueletos se pueden obtener muchos datos como el sexo”, explicó Santoni al tiempo que anticipó que en el caso de los niños ello no será posible debido a su corta edad al momento del deceso.

De la simple observación, los investigadores ya aprendieron algo de nuestros antepasados: los hábitos enterratorios. “En la actualidad enterramos a nuestros muertos siempre en el mismo sentido. Las cabezas de los tres cuerpos de una parcela apuntan siempre hacia el mismo lado. Ahora sabemos que nuestros antepasados no lo hacían así”, precisó la directora del museo en clara referencia a las tres líneas de entierro halladas y las posiciones de los cuerpos.

Santoni destacó el hallazgo de los últimos días porque, si bien en la década del ’60 ya se habían rescatado otros objetos que contenían restos óseos ocultos en las paredes del antiguo edificio de la calle 20 de febrero, “esta es la primera experiencia de rescate de un esqueleto completo y brindará información a los historiadores de la Salta colonial”.

Tarea minuciosa

Extraer los cuerpos de las fosas que los cobijaron durante casi dos siglos no es una tarea sencilla para los antropólogos, ya que la humedad del lugar torna a los huesos muy frágiles. “Primero se realiza la excavación y, cuando se llega al lugar, se comienza a trabajar con estacas de madera y pinceles para liberarlos de la tierra que los rodea”, detalló Mirta Santoni, quien realiza las tareas de excavación junto a una empleada del museo, María Díaz y cuatro pasantes de la carrera de Antropología: Gabriel Guzmán, Carlos Calzadilla, Virginia Günter y David Román.

“Llegada esta instancia -continuó- dejamos de trabajar en ese punto para permitir que los huesos se sequen y sea posible retirarlos”. Debido a este proceso es que la directora del Museo estima que, por lo menos, la recuperación de los cuerpos continuará por unos días, para luego ser trasladados al Museo de Arqueología.