(Notimex).- Para el reconocido arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma se debe tener mucho cuidado con lo que se refiere al culto a la muerte en México y su relación en la tradición en los festejos de Día de Muertos, pues lo que se heredó de ese pasado “es realmente poco”.
Entrevistado por Notimex con relación a la reciente aparición de la cuarta reimpresión de su libro “Muerte a filo de obsidiana” en el Fondo de Cultura Económica, y octava en total, puntualizó que muchas de las prácticas que hacían los pueblos precolombinos también ocurrían en la Europa de entonces.
Por ejemplo, citó, visitar a los muertos en determinadas fechas del año, rendirles culto; esas son actividades, tradiciones prácticamente universales, por lo que se debe guardar cuidado respecto a lo que se cree eran prácticas exclusivas de los pueblos antiguos y se heredaron, “que es realmente poco”, y lo que se incorporó de Occidente.
Aseveró que en general, la concepción que tenían los pueblos prehispánicos sobre la muerte era muy diferente a la que trajeron los españoles, el catolicismo, el mundo de Occidente, pues para los primeros, sobre todo los mexicas, lo que deparaba el destino del individuo después de la vida dependía de la forma en que moría.
Por ejemplo, si fallecía en combate, en un sacrificio, entonces se iba a acompañar al Sol en una parte de su recorrido para llegar al Tlalocan, pero si ocurría de cualquier otra forma se iba al Mictlán, explicó Matos Moctezuma, responsable del Proyecto Templo Mayor y de cuyo museo de sitio fue responsable en años pasados.
Mientras que en el mundo occidental lo que se tenía era un orden moral, pues si un individuo se portaba bien y era un buen cristiano iba al cielo, pero si moría en pecado su destino irremediablemente era el infierno, y es el que se impone al encontrarse las dos culturas.
Al referirse a la nueva reimpresión de su libro, que apareció por primera vez hace 33 años y que lleva en total ocho ediciones, afirmó sentirse muy contento y dejó en claro que a lo largo de estas tres décadas no ha dejado de investigar sobre el tema del libro, que es el de la concepción de la muerte entre los aztecas.
En las primeras páginas de la nueva edición, en la presentación, hace referencia a los nuevos hallazgos en la materia, pero los conocimientos, las certezas centrales no han variado, simplemente han sido enriquecidas, así como tampoco los capítulos en que se divide.
Subrayó que permanecen las ideas que los aztecas tenían de la muerte, la concepción que tenían sobre dualidad vida-muerte, la cual era una figura central en la vida diaria de los aztecas y que surgió de la simple observación que hacían de la naturaleza.
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Es “realmente poco”. dos. naturaleza
El agricultor veía cómo con el cambio de las estaciones la plantas, las flores crecían y morían, para volver a retoñar, es decir adquiría el conocimiento de que las cosas desaparecían para regresar, y ello lo plasmaron los pueblos antiguos en diferentes expresiones artísticas, como la poesía.
De esta forma también se entiende que en el Templo Mayor una parte está dedicada a Tláloc, el dios de la lluvia y relacionado con la fertilidad, la vida, y la otra a Huitzilopochtli, deidad de la guerra, de la imposición a otros grupos, de la muerte, puntualizó.
Y todo estos conocimientos han sido incorporados en las primeras páginas del libro, lo que significa que esté más enriquecido.
Acotó que en esta cuarta reimpresión también hace referencia a la poesía, la escultura, la pintura que los pueblos prehispánicos dedicaron al tema de la muerte, así como dedica capítulos a tópicos como el tzompantli, altar en el que se colocaban los cráneos de los decapitados, y otros que aparecen desde la primera edición.
El tema de la muerte es uno de lo que han apasionado a Matos Moctezuma, quien desde el descubrimiento del Templo Mayor, en febrero de 1978 por un grupo de trabajadores de la Compañía de Luz y Fuerza, recibió el encargo de encabezar las excavaciones e investigaciones. Otro, por supuesto, es este proyecto arqueológico.
Su tercera pasión es la historia de la arqueología misma, sobre la cual, adelantó, prepara un tomo para la enciclopedia de la especialidad que en breve será publicada.
Sobre la muerte, recordó que en octubre de 2006 en el predio de las Ajaracas, parte del Templo Mayor, fue encontrado el mayor monolito del sitio, que está dedicado a la diosa Tlaltecuhtli, la señora de la Tierra y por lo tanto la que devoraba a los cadáveres.
Eduardo Matos Moctezuma (Ciudad de México, 1940) es maestro en arqueología por la Escuela Nacional de Antropología e Historia, y en antropología por la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha ocupado diversos cargos en el INAH y coordinado proyectos en Tula y Teotihuacán.
Ha recibido múltiples reconocimientos, como las Palmas Académicas de la Universidad de Francia y la Orden nacional al Mérito y Caballero de las Letras y Artes, ambas del gobierno galo, así como la Orden Andrés Bello, del gobierno de Venezuela.
Otros de sus libros publicados son “Vida y muerte en el templo mayor”, “La piedra del Sol”, “Vida, pasión y muerte de Tenochtitlan” y “Tenochtitlan”.
En “Muerte a filo de obsidiana. Los nahuas frente a la muerte”, con prólogo del reconocido historiador y filósofo Miguel León-Portilla, Matos Moctezuma aborda, a través de la arqueología y la historia, el concepto que tenía ese pueblo sobre la dualidad creación-fallecimiento.

(Agencia Reforma).- El Día de Muertos, una de las más populares tradiciones de México, constituye no sólo una convivencia organizada por los vivos para disfrutar con sus difuntos, sino también una fusión de elementos precolombinos y cristianos, que, a la vez, recuerdan al mexicano que su vida no le pertenece del todo.

La idea de que el alma ha de regresar del lugar de los muertos surge del sincretismo religioso entre las creencias católicas y las precolombinas, una herencia de siglos de tradición e historia que los mexicanos se han encargado de preservar.

“La muerte no necesita ser presentada. Puntualmente, nos visitará un día, a nosotros y a cada uno de los organismos vivos”, comenta Marcos Winocur, investigador del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Autónoma de Puebla, en su artículo “La muerte que nos tocó vivir”.

La muerte, explica, ha cobrado cuerpo y personalidad en todas las mitologías y religiones.

Cuenta que hace 2 mil años, entre los griegos, se encarnaba en un bello joven llamado Tánatos, hijo de la noche y hermano gemelo del sueño, que se presentaba armado con una espada, para cortar la vida.

Sin embargo, agrega, su figura lánguida y perfecta, y su mirada sumergida estaban lejos de infundir miedo, sino más bien amor, como su contrario y a la vez complemento, Eros.

Contrariamente, en la Edad Media, esta figura se vio reemplazada por la Señora Calavera, afirma Winocur, que se visualizaba, como hasta nuestros días, en ropas negras o grises, llevando una hoz en una mano y un reloj de arena en la otra.

“Tenía como misión infundir miedo antes de cortar el hilo de la vida, como parte de la advertencia de que el más allá puede ser cielo, purgatorio o infierno”.

Las formas de personificar a la muerte se transformaron, como también se modificaron las formas de concebirla, los rituales y las tradiciones entorno a ella, como sucedió en Mesoamérica, lugar en el que habrían de fundirse dos culturas.

En los pueblos de esta región de América, se concebía a la muerte como el paso de un lugar a otro, se creía que el alma de los que morían se trasladaba a diversos paraísos para continuar con la vida. Read the rest of this entry »

Weildler Guerra Curvelo (antropólogo de la Guajira e investigador del Observatorio del Caribe)
Semana (Colombia).- El Caribe colombiano alberga diversas culturas, indígenas, afrocolombianas, criollas, con distintos grados de articulación al mercado y con diferentes concepciones de bienestar. Pero el Caribe colombiano también será el escenario futuro de proyectos de alta importancia para la economía del país como de la inminente expansión de algunos de los actuales en materia portuaria, energética y minera. Las dificultades para concretar estos proyectos usualmente no han sido técnicas o económicas sino sociales y culturales, dado que se encuentran en territorios de grupos étnicos cuyos derechos fundamentales están claramente protegidos por normas nacionales e internacionales.

Las comunidades no se oponen a proyectos por capricho o por impedir el crecimiento económico del país sino porque algunos vulneran su organización social o sus valores, sus territorios –especialmente sus lugares sagrados – o porque afectan su medio ambiente u obstruyen sus actividades de subsistencia. O, como en el caso de Pdvsa simplemente porque quieren hacer respetar su derecho a ser consultados.

Los agentes responsables de dichos proyectos industriales no son tampoco asesinos en serie, como los presentan en ocasiones algunos sectores radicales. Suelen ser ingenieros o economistas comprometidos profesionalmente con alcanzar las metas que les han sido asignadas. Están convencidos de los beneficios de sus proyectos para el país y comparten el ideario del desarrollo como creencia extendida y acrítica.

En el medio de ese choque de concepciones de mundo, los antropólogos recordamos que ambos Cultura y Desarrollo son conceptos cambiantes. La primera no debe ser entendida como la Celestina y ama de llaves del segundo que debe abrirle incondicionalmente la entrada a las habitaciones de las comunidades. La Cultura se refiere a la red de significados que los individuos y grupos le otorgan a las acciones humanas. Es, por tanto, construcción de sentidos.

Del otro lado, el Desarrollo es un concepto inestable. Desde que lo presentara en sociedad el presidente norteamericano Harry Truman el 20 enero de 1949 se le han incorporado una diversidad de adjetivos: desarrollo económico, social, espacial, sostenible y humano. Igualmente muchos prefijos autodesarrollo, etnodesarrollo, ecodesarrollo y otros. Todos buscan atenuar sus reiterados fracasos en sacar de la pobreza a los centenares de millones de personas que viven en el tercer mundo y sus visibles efectos sobre el deterioro ambiental del planeta.

El antropólogo norteamericano James Ferguson en un lúcido ensayo llamado Anthropology and its evil twin; Development in the constitution of a discipline, señala cómo ese gemelo perverso ha destruido muchas comunidades tradicionales en el mundo bajo el pretexto de conducirlas hacia la modernidad. Como lo expresara Arturo Escobar, el desarrollo, hijo del mundo Occidental, es un capítulo de la historia de la razón y de la modernidad. Cuando presentan los impactos de los proyectos sobre las comunidades a los antropólogos se les considera injustamente como representantes de una disciplina profesional romántica y obstruccionista.

No se gana un concurso de popularidad cuando uno mira críticamente el desarrollo. Esta idea permanece como una poderosa aspiración entre millones de seres humanos, incluidas comunidades académicas y organizaciones políticas. Sin embargo, cualquiera que sea el nombre que le otorguemos es necesario reconocer que todas las sociedades tienen una concepción de bienestar aunque este no sea uniforme.

Es necesario por tanto que la academia, los medios, los funcionarios, las comunidades y las empresas creen fluidos circuitos de comunicación entre ambos universos. Las empresas son sociedades reales con culturas reales y las comunidades perciben las variaciones en las culturas corporativas. Algunas empresas como Cerrejón son capaces hoy de revisar hoy su propio pasado y buscar un amplio diálogo con su entorno comunitario para intentar construir alianzas solidas y duraderas que rompan una economía y una cultura de enclave.

Ante los graves problemas de la agenda global y local: pobreza, inequidades, crisis de alimentos y limitaciones en nuestras libertades culturales y políticas tenemos el deber de enfrentarlos y el derecho de marchar hacia un orden deseado. Y este orden debe incluir, en un ambiente de convivencia intercultural, nuestras diferentes visiones del porvenir, los diversos valores e intereses para construir juntos un esperanzador escenario de futuro.

Agencia de Noticias do Acre.- Hasta ahora, los investigadores habían tenido la convicción de que en la época precolombina, la Amazonía occidental presentaba muy pocas señales de población y civilización. El director del Instituto Iberoamericano de Finlandia, Martti Pärssinen, y las investigadoras de la Universidad de Helsinki, Pirjo Kristiina Virtanen y Sanna Saunaluoma, han estudiado el tema durante varios años en colaboración con los investigadores brasileños Denise Schaan y Alceu Ranzi. Los últimos estudios ponen en evidencia que, durante siglos, la Amazonía occidental fue el hogar de varios pueblos estructurados y de gran tamaño.

Los investigadores han descubierto distintas figuras, llamadas geoglifos, en el suelo de la Amazonía Occidental. Estas figuras – ovaladas, rectangulares, circulares o en forma de”U” – tienen un diámetro de 90 a 350 metros. En su contorno, existen murallas y fosos, cuya profundidad oscila entre uno y siete metros.

Todavía no se ha podido averiguar con certeza cuál era el significado de los geoglifos.”Es probable que los fosos hayan sido utilizados como reservas de agua para productos básicos, como pescado, tortugas y almejas. Las murallas podrían haber desempeñado un papel defensivo, también”, destaca el profesor y director del proyecto Martti Pärssinen. “En todo caso, es raro que los fosos fueran emplazados en la parte interior de las murallas. Se supone que si los muros hubieran tenido una función netamente defensiva, los fosos deberían haber sido construidos en su parte exterior, deteniendo la llegada del enemigo hasta la muralla”.

De acuerdo con las estimaciones del equipo de investigación de Pärssinen, los geoglifos cubrirían un área de unos 1000 kilómetros, desde los estados de Acre y Rondonia en Brazil hasta la región meridional de Pando y Beni en Bolivia.

“Los geoglifos que hemos descubierto hasta ahora, más de 150, representarían menos de un diez por ciento de la cantidad total”, afirma Denise Schaan sobre los hallazgos de su equipo.

Algunas de las figuras recientemente descubiertas en la selva de Beni en Bolivia tienen una extensión de hasta un kilómetro y una profundidad de diez metros. Según el geólogo y paleontólogo, el Doctor Alceu Ranzi estas enormes figuras se parecen a las famosas líneas de Nazca en la costa del Perú, cuya forma se aprecia con mayor facilidad desde el aire.

“Los geoglifos de la Amazonía son tan importantes como los de Nazca. Pero a pesar de haber sido descubiertos hace más de veinte años, nadie ha sabido nunca nada de ellos”, aclara Ranzi, el investigador brasileño que forma parte del equipo de Pärssinen y Schaan.

Ranzi estuvo presente en 1977 cuando los primeros geoglifos fueron revelados de debajo de la densa selva en el estado de Acre en el Brasil occidental. En esa época se produjo la tala de una parte de la selva amazónica cuyo terreno sería usado para el ganado. El público internacional dirigió toda su atención hacia la devastación de la sensible y singular vegetación existente, haciendo caso omiso a los hallazgos arqueológicos. El Programa Nacional de Estudios Arqueológicos de la Amazonía no publicó su hallazgo hasta 11 años después. Ranzi asimismo no retomó su estudio hasta 1999, año en el que durante un vuelo a Rio Branco volvió a avistar los geoglifos desde el aire.

Una vez comenzados los estudios, dieron buenos resultados. “En un año descubrimos docenas de geoglifos”, Ranzi relató a la revista Science, que dedicó un artículo a este hallazgo en agosto de 2008.
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Estimados colegas

Les comunicamos que se prorrogó hasta el día 15 de noviembre de 2008, la recepción de resúmenes para el IV Congreso Argentino y Latinoamericano de Antropología Rural, organizado por el Núcleo Argentino de Antropología Rural (NADAR) y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), que se celebrará en la ciudad de Mar del Plata del 25 al 27 de marzo 2009.

Les recordamos que pueden encontrar  la 1ª Circular en el sitio www.inta.gov.ar/actual/congreso/09/antropologia.pdf.
En próximos días saldrá la 2ª Circular.

Cualquier consulta, escribir a nadar834@gmail.com

Esperamos contar con su participación y rogamos difundir.

Un cordial saludo
Dra María Carolina Feito
Secretaria Comité Organizador General

“(...) Tomaban las criaturas de las tetas de las madres por las piernas y daban de cabeza con ellas en las peñas. (...) Hacían unas horcas largas, que juntasen casi los pies a la tierra y de trece en trece, a honor y reverencia de Nuestro Redemptor y de los doce apóstoles, poniéndoles leña y fuego los quemaban vivos." (Las Casas, Bartolomé de. Brevísima relación de la destruición de las Indias.)

“(…) Cuando nuestras carabelas (…) tuvieron que partir a España, reunimos mil seiscientos hombres y mujeres de esos indios, y el 17 de febrero de 1495 embarcamos quinientos cincuenta de los mejores hombres y mujeres en nuestras carabelas. Para los demás, hizimos pregonar que quien quisiera podría tomar cuantos necesitase; y así fue. Cuando todos hubieron tomado los que querían, todavía quedaban unos cuatrocientos, a quienes dimos permiso de ir donde quisieran. Había entre ellos muchas mujeres con niños de pecho; temiendo que volviesen por ellas y como querían huir de nosotros, dejaban a los niños dondequiera en el suelo y huían como personas desesperadas; algunas fueron tan lejos que a los seis o siete días estaban más allá de las montañas y allende inmensos ríos, de tal manera que a partir de ahora sólo podremos cautivarlos con grandes trabajos”.

“(…) Pero cuando llegamos a aguas españolas, murieron unos doscientos de esos indios, creo yo que por el aires desusado, más frío que el de ellos. Los echamos al mar (…). Hicimos desembarcar a todos los esclavos, de los cuales la mitad estaban enfermos.”

Michele de Cuneo (miembro de la segunda expedición de Cristóbal Colón)