El País (España).- Ida tiene 47 millones de años pero se conserva muy bien para su edad. “Es el fósil de primate más completo que se ha encontrado nunca”, explica el grupo de científicos que ha presentado este martes en el Museo de Historia Natural de Nueva York los restos de una hembra joven que, aseguran, podría ser el “eslabón perdido” de la evolución antropoide.

La presentación de Ida, realizada por el canal de televisión temático History junto con un grupo de científicos de del Instituto de Investigación Senckenberg de la Universidad de Oslo, se produce un día antes de la incorporación del fósil a la exposición sobre los más grandes y pequeños mamíferos de la historia que realiza el museo neoyorquino.

Según lo expuesto por los expertos en la presentación, el fósil de Ida, de 58 centímetros de longitud, es veinte veces más antiguo que la mayoría de los restos existentes que explican la evolución humana. Y no sólo eso, estos científicos afirman que podría ser “una especie transitoria que muestra características de una línea muy primitiva no humana, la de los prosimios parecidos a los lemures, pero que se relaciona con la evolución humana, la de los antropoides, que incluye a monos, simios y humanos”.

Los hallazgos científicos apuntan que el fósil de Ida se situaría “en la raíz de la evolución antropoide”, cuando los primates desarrollaron por primera vez características que después evolucionarían en las de la especie humana.

“Este espécimen es como encontrar el arca perdida para un arqueólogo”, ha dicho en científico noruego Jorn Hurum, de la Universidad de Oslo, director del equipo de paleontólogos que durante los últimos 2 años han analizado el 95% del fósil y estudiado su código genético. Hurum encontró el fósil en una convención anual de paleontología celebrada en la ciudad alemana de Hamburgo, y tras confirmar su autenticidad, recaudó los fondos necesarios para incorporarlo al museo de Historia Natural de Oslo.

Según el paleontólogo alemán, Jens Franzen, Darwinius masillae, nombre oficial del fósil, bautizado en honor a Charles Darwin, pero apodado Ida, “es de lejos el fósil de primate más completo que se ha encontrado. Cuando se publiquen los resultados de nuestra investigación, tendrá el mismo efecto que si un asteroide chocase contra la Tierra”.

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Tendencias Científicas (España).- Una reflexión colectiva de antropólogos, neurólogos, tecnólogos, arqueólogos y filósofos, desarrollada esta semana en Berlín, ha puesto de manifiesto los desafíos que afronta la evolución previsible del cerebro a partir de las aplicaciones tecnológicas que pueden mejorar nuestras capacidades cognitivas. Mientras algunos científicos creen que este paso es inevitable, otros advierten de los peligros que entraña: la posibilidad de que una parte de la población mundial pueda acceder a estas mejoras cerebrales artificiales y otra parte no, podría dar lugar a dos especies humanas distintas. Más allá de las elucubraciones, otros expertos afirman que el cerebro humano evolucionará con o sin tecnología, y que el control de sus capacidades futuras no está bajo nuestro control.

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La Nueva España.- Según el equipo científico que estudia los fósiles neandertales de la cueva de Sidrón (Piloña) esta especie, extinguida hace unos 35.000 años, tenía condiciones para hablar. La afirmación está basada en que el hombre neandertal compartía con los humanos modernos las mutaciones del gen FOXP2, implicadas en el habla.

Pero esta teoría, defendida por los investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que en ningún momento hablan de «gen del lenguaje» sino de un gen que interviene en la base neuronal de la capacidad del habla, fue cuestionada ayer por José Egocheaga, catedrático jubilado de Antropología Física de la Universidad de Oviedo. Egocheaga ofreció, ayer, en el Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA, una conferencia titulada «¿Podría o no hablar el hombre de Sidrón?», que fue presentada por Esteban Alú Mortera, presidente del Ateneo de Oviedo.

Para el antropólogo, concluir a partir del descubrimiento del gen FOXP2 que los neandertales podían hablar es aventurado. «No es sencillo hacer un diagnóstico rápido sobre si poseían esa capacidad», dijo. Y en un intento de explicar la complejidad del lenguaje humano dio un repaso por los órganos que intervienen en el habla: cerebro, oído y aparato fonador.

Para llegar a emitir palabras es necesario recorrer un largo camino que Egocheaga inició con el desarrollo del cerebro y la transformación del aparato fonador, «cuyas partes deben estar perfectamente controladas para la modulación de las palabras». Según expuso, es un proceso que requiere muchos participantes y gran perfeccionamiento para «pensar que un solo gen es capaz de hacer todo eso».

A su juicio, «el lenguaje es paralelo al proceso de hominización» y sus comienzos tienen alguna relación con el momento en el que los los homínidos se hacen bípedos. «Seguramente los primitivos hablantes no dirían más que bisílabos y se ayudarían con las manos para expresarse», aseguró.

«Si el lenguaje fura una mutación de un gen, habría que suponer que se adquirió de repente; pero no fue así», afirmó, «forma parte de un proceso que ha permitido ir adquiriendo las propiedades necesarias para desarrollarlo». A juicio de Egocheaga, el lenguaje no se hereda, se hereda la capacidad de emitir sonidos lingüísticos.

El Dr. Andrew Clarke, (Postdoctoral Fellow del Allan Wilson Centre for Molecular Ecology and Evolution, y Departamento de Antropología de la Universidad de Auckland, Nueva Zelanda), dictó el pasado martes 31 de marzo la conferencia “Orígenes del camote y la calabaza en Polinesia: ¿Contactos prehistóricos con Sudamérica?”.

El encuentro, que abordó los resultados de estudios interdisciplinarios de genética, etnobotánica, arqueología, lingüística, y biogeografía, fue organizado por el Núcleo de Investigaciones Insulares y el proyecto Fondecyt 1080061: “Orígenes de la población Rapanui: Análisis genético de una planta culturalmente importante de Polinesia”, a cargo de la Dra. Andrea Seelenfreund, del Departamento de Antropología de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

La visita del Dr. A. Clarke está enmarcada en el proyecto FONDECYT 1080061, cuyos investigadores son la Dra. Andrea Seelenfreund, de esta Universidad y los doctores Sergio Lobos y Daniela Seelenfreund (Universidad de Chile) y que busca investigar sobre los orígenes de los pobladores originales de la Isla de Pascua.

El Dr. Clarke se refirió a los resultados de su tesis doctoral que se focalizó en documentar las migraciones humanas del Pacifico (Polinésicas) mediante el análisis de ADN molecular de plantas transportadas por el hombre. En esta presentación se mostraron los resultados de su investigación que demuestran que hubo contactos entre los colonizadores provenientes de la Polinesia con los habitantes de la costa sudamericana, mediante el análisis genético de dos especies vegetales (camotes y calabazas) que fueron introducidas en la Polinesia desde América.

El Dr. Andrew Clarke cursó estudios de doctorado en Biología de Plantas en el “Allan Wilson Centre for Molecular Ecology and Evolution“, de la Universidad de Massey en Palmerston North.

Actualmente, está realizando un postdoctorado en el Departamento de Antropología de la Universidad de Auckland, asociado al centro Allan Wilson, uno de los siete centros de investigación más importantes de la región y que cuenta con laboratorios en cuatro universidades, dedicados a proyectos de evolución, biodiversidad, migraciones humanas y modelos evolutivos.

Edición: Universia / RR

La Nación (Argentina).- Hace 4 millones de años, el linaje de los homínidos se separó de otros primates y comenzó su propio recorrido evolutivo. El Museo de Ciencias Naturales de esta ciudad, uno de los más grandes e importantes de América latina, sigue las huellas de esa historia con una renovada sala de Antropología, que fue hecha a nuevo tras un año y medio de trabajos de restauración y hoy se abre al público.

El nuevo espacio narra el surgimiento y la evolución de los primeros hombres que caminaron por la tierra, hace cuatro millones de años. Así, la exhibición, llamada “Ser y pertenecer, un recorrido por la evolución humana”, inicia un itinerario con los primates, continúa con los homínidos y concluye con la aparición del hombre actual, el Homo sapiens .

Situada en el primer piso del Museo, en un espacio de 78 metros, está montada la exposición antropológica, que, con lascas, pinturas rupestres y un fogón, recrea el ambiente social de los homínidos. También hay tres maquetas en miniatura que ilustran la relación de los primeros hombres con la alimentación en diferentes contextos históricos, desde la caza de animales hasta la industrialización de los alimentos.

Para esta exposición, los técnicos y especialistas del Museo realizaron diferentes réplicas, como un esqueleto completo de chimpancé y otro de ser humano. También adquirieron otras 25 piezas que fueron traídas de Estados Unidos. Entre ellas se encuentra un esqueleto de Homo ergaster , con una antigüedad de 1,6 millones de años.

Al final de la muestra se invita a reflexionar sobre la exhibición y el tratamiento de restos humanos en los museos. “Aquí solamente están en exhibición una momia Guanche, originaria de las islas Canarias, y un paquete funerario egipcio. La exposición de estos restos contó con la autorización previa de las comunidades a las que alguna vez pertenecieron”, dijo a LA NACION la directora del Museo, Silvia Ametrano.

El proyecto también incluyó la conservación del patrimonio arquitectónico, como la restauración de una guarda original, la adaptación de nuevas de medidas de seguridad, la renovación de la instalación eléctrica, pintura y colocación de piso flotante.

“El guión de la muestra fue escrito primero por un grupo de científicos del Museo, que sintetizaron los principales puntos de la evolución del ser humano. Luego ese guión fue trabajado por el grupo museológico para adaptarlo a una muestra que fuera interactiva y que llegara de la mejor manera al público que nos visita”, comentó Ametrano.

Muestra para todos

En los últimos ocho años, el Museo ya renovó cinco salas con muestras que intentan refrescar las exhibiciones, muchas de las cuales permanecían intactas desde principios del siglo XX. Entre las nuevas exposiciones se destacan “Tiempo y materia. Laberintos de la evolución”, “Etnografía: especies culturales” y “La Tierra. Una historia de cambios”, donde se narra el origen del planeta.

La nueva sala cuenta también con sistemas para sordos que, a través de videos, explican en lenguaje de señas las principales ideas que intenta transmitir la exposición sobre la evolución humana.

Además, los especialistas del Museo también prepararon un sector especial para no videntes en el que comparan el volumen de tres cráneos de homínidos y el desarrollo de las mandíbulas. Las piezas están acompañadas de una explicación en idioma Braille.

La restauración de la sala antropológica fue financiada por el programa de responsabilidad social del Banco Galicia y la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Trabajaron en ella más de 60 personas, entre comunicadores visuales, escenógrafos, arquitectos, carpinteros, especialistas en museos y antropólogos.

“Entendemos que es nuestra responsabilidad comprometernos con la sociedad e invertir en proyectos que generen valor para los ciudadanos”, comentó el presidente de Banco Galicia, Antonio Garcés.

El proyecto de esta sala incluyó la elaboración de un libro, también llamado Ser y pertenecer. Un recorrido por la evolución humana, escrito por Marina Sardi, investigadora del Conicet e integrante de la División Antropología del Museo de La Plata.

DW (Alemania).- El genoma del Neandertaler será presentado próximamente en el simposio anual de la American Association for the Advancement of Science, la mayor conferencia científica interdisciplinaria del mundo, según informó el jueves (05.01.09) la revista científica británica “Nature”.

Un equipo en torno a Svante Pääbo, del Instituto Max Planck de Antropología de la Evolución, con sede en Leipzig, fue el que logró este hito científico. Se trata del mismo equipo que en 2006 ya había descifrado y publicado parte del genoma del Neandertaler.

El ácido desoxirribonucleico (ADN) descifrado proviene de un hueso de Neandertaler de 38.000 años de antigüedad, hallado en Croacia. El ácido desoxirribonucleico es una macromolécula que contiene la información genética usada en el desarrollo y el funcionamiento de los organismos vivos, es decir, la portadora de la transmisión hereditaria.

El desciframiento del genoma fue complicado, ya que el ADN se desintegró a lo largo de los milenios en elementos de unos 50 componentes cada uno. Normalmente, el ADN está compuesto por una combinación de tres mil millones de letras.

El proyecto ha costado hasta ahora unos cinco millones de euros. Su objetivo es comprobar por comparación con el ADN del Homo Sapiens si ambas especies se mezclaron. La cuestión es objeto de acalorados debates entre los científicos y decisiva para comprender el desarrollo de la especie humana.

El Hombre de Neandertaler y el Homo Sapiens pertenecen ambos al género Homo, es decir humano, pero son especies diferentes. El Neandertaler vivió en la era entre hace aproximadamente 160.000 años y hace 30.000 años. Los hallazgos más antiguos provienen de Croacia y fueron datados en unos 130.000 años de antigüedad.

¿Se mezclaron o no?

Los hallazgos se concentran en Europa Central y Meridional y el Oriente Próximo (Israel), pero también se encontraron restos en el norte de Irak, Uzbekistán y los Montes Altai, en Asia Central. La especie Neandertaler se extinguió hace justamente 30.000 años. Algunos investigadores incluso datan la extinción en una fecha más reciente, hace 24.000 años.

Una cuestión esencial es si ambas especies se mezclaron o no. Interesante para la ciencia es saber también por qué se extinguió el Neandertaler. Qué ventajas tuvo el Homo Sapiens en comparación con el Neandertaler no se ha aclarado hasta hoy.

Muchos científicos opinan que el Neandertaler no desapareció por ser “más primitivo” que el Homo Sapiens. En cuanto a fuerza física incluso era superior. Un hombre Neandertaler promedio tenía aproximadamente la fuerza de un levantador de pesas de hoy (con una altura de entre 1,65 y 1,75 metros), tal como se desprende del análisis de huesos encontrados y los correspondientes sectores de apoyo de tendones y músculos.

Las mujeres Neandertal eran un cinco por ciento más pequeñas que los hombres, pero igual de musculosas. Todo indica también que el Neandertaler no tenía una inteligencia menor que el Homo Sapiens, a juzgar por el volumen de su cráneo. Tampoco el legado cultural del Neandertaler tiene nada que envidiar el del Homo Sapiens de la misma época.

Calorías y madurez sexual

Una razón para la extinción del Neandertaler puede ser su sedentarización, en comparación con la vida nómada del Homo Sapiens. Hace 20.000 años hubo en el norte de Europa una era glacial, que hizo muy difíciles las condiciones de vida. Físicamente, el hombre moderno poseía una mayor movilidad y más resistencia para trasladarse a través de grandes distancias.

Como tenía una menor necesidad de calorías debido a sus reducidos músculos, necesitaba comer menos carne. La necesidad de calorías del Neandertaler debió ser, por el contrario, considerable, incluso sin moverse. La más ligera estructura física del Homo Sapiens, según la teoría, le aseguró su supervivencia, mientras que el Neandertaler se extinguió.

Decisiva para la supervivencia del Homo Sapiens pudo ser también que alcanza la madurez sexual más rápidamente que el Neandertaler, teniendo así más descendencia. Los investigadores estiman que una mujer Neandertaler daba a luz sólo cada cuatro años. Ello explicaría por qué el número de Neandertaler nunca fue muy grande. Modelos estadísticos demuestran que diferencias de unos pocos puntos por ciento bastan para que en un par de miles de años un grupo de seres humanos se diluya en otro o se extinga.

La posibilidad de que ambas especies se hubieran cruzado mientras existieron simultáneamente es objeto de acaloradas discusiones entre los científicos. Dilucidar la cuestión es posible sólo sobre la base un análisis genético. El estudio de Leipzig viene a llevar ese vacío.

Una nueva investigación financiada con fondos comunitarios ha esclarecido el modo en que la dieta determinó la evolución de una especie humanoide primitiva. Los científicos responsables explican en un artículo publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) que los fuertes huesos faciales del Australopithecus africanus le permitían partir semillas y frutos secos grandes. Esta capacidad le habría dado una gran ventaja en épocas de escasez de otros alimentos más blandos.

El estudio recibió el apoyo de EVAN («Red virtual europea de antropología»), que está financiada mediante la línea presupuestaria de recursos humanos y movilidad de las acciones Marie Curie del Sexto Programa Marco (6PM).

El A. africanus vivió en el sur de África hace más de dos millones de años. Sus rasgos faciales son muy característicos: grandes dientes molares y premolares cubiertos por un grueso esmalte, pómulos poderosos y pronunciados y eminencias muy marcadas para la sujeción de los músculos de la mandíbula. En investigaciones anteriores se había sugerido que estas características podrían haber servido para masticar tanto objetos duros y pequeños como grandes cantidades de distintos tipos de alimentos.

En este estudio, los investigadores se valieron de la tecnología más avanzada para analizar la cuestión con mayor profundidad. En primer lugar, el equipo de Antropología Virtual de Gerhard Weber, de la Universidad de Viena (Austria), creó un modelo tridimensional preciso de uno de los pocos cráneos que se conservan de A. africanus.

El preciado fósil se examinó por tomografía computerizada y se usó un programa informático de antropología virtual para eliminar escayola y obtener datos comparativos de otros fósiles a fin de compensar las lagunas existentes y completar el modelo. «Tuvimos la suerte de contar con dientes de otro espécimen muy similar para reconstruir la cara desdentada de la “Sra. Ples”, como se ha dado en llamar a este fósil», informó el profesor Weber.

El paso siguiente fue realizar un análisis de elementos finitos, técnica empleada en la ingeniería que sirve para examinar la respuesta de estructuras complejas a tensiones y presiones ejercidas por cargas externas. De esta labor se ocupó un equipo de la Universidad de Albany (Estados Unidos).

Todas estas tareas llevaron a concluir que la teoría de que masticaba «objetos pequeños o grandes cantidades de alimentos no explica por completo la evolución de la forma facial de esta especie».

En realidad, es más probable que los rasgos característicos del A. africanus sean fruto de la adaptación a «la preparación previa y la ingestión de alimentos grandes y bien protegidos como semillas y frutos secos grandes», concluyen los investigadores.

En efecto, la mayoría de frutos secos y semillas constan de un núcleo blando y nutritivo rodeado por una cáscara externa dura. En épocas de abundancia, es probable que el A. africanus se decantara por alimentos blandos y menos trabajosos para las mandíbulas, aventuran los científicos. Pero en épocas de hambruna su capacidad de abrir fuentes nutritivas alternativas como los frutos secos y las semillas pudo resultar esencial para su supervivencia.

«Los australopitecos vivieron en un clima que estaba en proceso de enfriamiento y sequía a largo plazo, pero a corto plazo la meteorología era variable, por lo que periódicamente debió experimentar la necesidad crítica de consumir alimentos alternativos», explican los científicos. «Por eso es probable que los rasgos faciales del australopiteco sean el resultado de una adaptación ecológica significativa.»

El cometido de la red EVAN es hacer un uso pionero de medios tecnológicos como los mencionados anteriormente en los campos de la antropología y el estudio de la anatomía humana. Sus logros pueden encontrar utilidad en ámbitos tan diversos como la medicina, la protésica, la medicina forense, la biométrica y la enseñanza. Además, EVAN organiza actividades formativas sobre técnicas nuevas y emergentes dirigidas a investigadores jóvenes.

Para obtener más información, consulte:

Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS):
http://www.pnas.org

Universidad de Viena:
http://www.univie.ac.at

Proyecto EVAN:
http://www.evan.at/