Pablo Wright
Editorial Biblos,
Colección Culturalia, 270 páginas e ilustraciones.

Libro mestizo, si los hay, Ser en el sueño. Crónicas de historia y vida toba no puede ser catalogado como un típico estudio de antropología sino como una mezcla sutil y efectiva de literatura y epistemología, de filosofía e historia, de autobiografía y libro de viajes: no sería exagerado, en este sentido, relacionarlo con aquella tradición autocrítica del pensamiento etnográfico presente en Tristes trópicos, esa obra ineludible del antropólogo más famoso del siglo XX, Lévi-Strauss.

Inspirado en personajes tan disímiles como Heidegger y Juan Rulfo, Merleau-Ponty y el Premio Nobel Par Lagerkvist, Wright (director de la colección Culturalia) se propone estudiar comportamientos y formas de ver y de estar en el mundo de los indígenas qom, con el objetivo de superar las críticas poscoloniales (que ven la antropología como una disciplina indefectiblemente eurocentrista) y diseñar “una verdadera filosofía intercultural”, que comprenda la existencia de “ontologías regionales”, que haga hincapié en la intersubjetividad y en la “praxis relacional del conocimiento”.

No es casual que, en determinado momento, pueda afirmar: “El trabajo de campo con gente qom, además de afectar mi estructura existencial, me enseñó que otras formas de vida pueden ser tan significativas como la mía propia”: la reflexión etnológica sobre el otro funciona como estrategia para mostrar las maneras de ser de uno mismo. Los capítulos de historia y de filosofía de la antropología (de corte tal vez más académico o erudito) se entrelazan con poemas de Borges y Echeverría, con las experiencias personales del autor en su trabajo de campo, con el viaje realizado por un aborigen a la ciudad de Buenos Aires (una pequeña, divertida e interesantísima historia que termina por poner en crisis ciertos preconceptos de clase media del autor y que hace evocar, ineludiblemente, el capítulo del Facundo en el que Quiroga se apropia de la ciudad) y con las ilustraciones de los qom que revelan, detrás de figuras aparentemente infantiles, una cosmología muy precisa.

Fuente: Página 12 (Argentina)

Los pueblos indígenas vulnerados en su más fundamentales derechos como la educación

Los pueblos indígenas vulnerados en su más fundamentales derechos como la educación

Oaxaca, México.- Las políticas públicas no han logrado construir una nueva relación del Estado con pueblos indígenas y la sociedad mexicana, así como pluralizar el poder y ampliar la democracia,  señaló la maestra Laura Valladares de la Cruz, profesora-investigadora del Departamento de Antropología de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

Al participar en la mesa redonda Los rostros y caminos de la Antropología Aplicada en México, la académica de la Unidad Iztapalapa puntualizó que especialistas en esta disciplina han mostrado la relación de subordinación de los sistemas jurídicos indígenas frente al sistema positivo hegemónico.


Subrayó que los expertos han participado de forma activa en el debate nacional que se ha dado al respecto, pugnando siempre por la necesidad de construir una nueva relación de los pueblos indígenas con el Estado.

En la actividad efectuada en la Rectoría General de la UAM, Valladares de la Cruz refirió que diferentes analistas han calificado las más de 200 reformas realizadas a distintas normas, sobre diversas materias en relación con la población indígena, como aditivas y subordinantes respecto a la legislación que en cada materia existe en la Constitución Mexicana y sus leyes reglamentarias. Read the rest of this entry »

La Consejera de Cultura Miren Azkarate, Gurutz Larrañaga, Viceconsejero de Cultura Juventud y Deportes,  la Directora de Patrimonio Cultural Arantza Arzamendi y la responsable del Centro, Koro Mariezkurrena,  han presentado esta mañana el nuevo Centro de Depósito de Materiales arqueológicos y paleontológicos del Gobierno Vasco en Gipuzkoa , ubicado en el barrio donostiarra de Intxaurrondo. Este Centro de Depósito, de 1.000 metros cuadrados de superficie útil, es un servicio del Departamento de Cultura del Gobierno Vasco y en el mismo se albergan y están a disposición de los investigadores los materiales de yacimientos arqueológicos y paleontológicos de Gipuzkoa que se han ido formando a lo largo de más de 100 años de investigaciones, y siguen y seguirán creciendo al compás de la actividad actual y futura.

El Centro de Depósito de Materiales arqueológicos y paleontológicos del Gobierno Vasco es un servicio del Departamento de Cultura destinado a la conservación, catalogación y puesta a disposición de investigadores de los materiales arqueológicos y paleontológicos descubiertos en el territorio histórico de Gipuzkoa, además del préstamo de fondos para su exhibición y muestra en exposiciones o Museos. Con mil metros cuadrados útiles y dotado de las más modernas medidas para garantizar la adecuada conservación de los materiales depositados, el  servicio del Centro de Depósito va a ser atendido por un equipo formado por personal con solvencia técnica acreditada en materia de paleontología del cuaternario, y arqueología prehistórica e histórica, así como una serie de asesores científicos en otros ámbitos relacionados con las colecciones depositadas y su conservación.
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Dado el debate producido en Bolivia respecto a la pertinencia de hablar de “naciones indígenas” y sus consecuencias políticas quisiera sumar un apresurado aporte teórico al interesante debate allí originado (más allá de la acusación de “falsa ciencia” atribuida a la antropología por el Sr. Jorge Echazu Alvarado), teniendo siempre presente que la base de esta elaboración tiene centro en Europa y su particular experiencia, y que por ello presenta puntos diferenciales respecto de una realidad americana producto de la conquista.

Podemos, entonces, partir de la ya famosa frase de Benedict Anderson y su idea sobre la nación, la que es pensada como “una comunidad política imaginada como inherentemente limitada y soberana”. Para Anderson, “la nacionalidad es el valor más universalmente legítimo en la vida política de nuestro tiempo”.

Según el modelo de expansión en Europa, Anthony Smith considera dos tipos de naciones: las territoriales y las étnicas. En las territoriales la inclusión o exclusión está dada por los límites. La ciudadanía y la pertenencia territorial están estrechamente entrelazadas. Es el concepto más moderno de nación. Por su parte, las naciones étnicas otorgan la nacionalidad a partir de vínculos ancestrales comunes. Smith destaca que toda nación debe tener un cierto anclaje en lo étnico, a la vez que reconoce un suelo natal. Lo ancestral, como depósito de las experiencias colectivas, y lo territorial, como continuidad de la nación histórica. Smith toma al grupo étnico como la antesala potencial de una nación, siendo lo que caracteriza a dicho grupo la pertenencia común a un nombre, un mito de origen, una cultura, una historia y un territorio. De realizarse la Nación como tal, son esos lazos primordiales los que la diferenciarán de otras. La hermandad y solidaridad del grupo surgen del mito motor, es decir un mito constitutivo que encierra un proyecto político, y que si no existe debe ser inventado. Ese sentido de solidaridad será fundamental para el desarrollo del nacionalismo.

De Eric Hobsbawn rescataré el sentido moderno del término nación (siglo XVIII) y sus transformaciones a fines del siglo XIX. Es de destacar que para fines del siglo XVIII un diccionario holandés subrayaba la particularidad francesa e inglesa de aplicar el término de nación abarcando a pueblos que no hablaban la misma lengua; claro que para adquirir los derechos ciudadanos primero debieron adquirir el idioma oficial del Estado.

Las aspiraciones nacionales surgen en un determinado contexto histórico, social, político y económico, en estrecha vinculación con lo que Hobsbawn llama el protonacionalismo popular, con sus elementos étnicos, lingüísticos, religiosos y territoriales. Hobsbawm nos habla de nacionalismos históricamente justificables, es decir aquellos que por cuestiones de escala permitían a sus sociedades encajar en el progreso. Por ello remarcará al respecto: “¿cuál podría ser la defensa de los pueblos pequeños, las lenguas pequeñas y las tradiciones pequeñas, en la inmensa mayoría de los casos, sino una expresión de resistencia conservadora al avance inevitable de la historia?”. “La gente, la lengua o la cultura pequeña encajaba en el progreso sólo en la medida en que aceptara la condición de subordinada de alguna unidad mayor o se retirase de la batalla para convertirse en depositaria de nostalgia y otros sentimientos: en pocas palabras, si aceptaba la condición de viejo mueble de la familia que le asignó Kautsky”.

Una visión más próxima a la experiencia americana es subrayada por el antropólogo brasileño João Pacheco de Oliveira, para quien la noción de territorialización debe ser definida como un proceso de reorganización social que implica la creación de una nueva unidad sociocultural mediante el establecimiento de una identidad étnica diferenciadora, la constitución de mecanismos políticos especializados, la redefinición del control social sobre los recursos ambientales y la reelaboración de la cultura y de la relación con el pasado.

Como decía el antropólogo mexicano Guillermo Bonfil Batalla , “la noción de un origen común, la identidad colectiva, el territorio, la unidad en la organización política, el lenguaje y otros rasgos comunes, adquieren valor como elementos característicos del grupo étnico, en la medida en que sea posible encuadrarlos dentro de esa relación específica y significativa entre sociedad y cultura propia”. Esa relación estaría dada por el control cultural, “es decir la capacidad social de decisión sobre los elementos culturales”.

El antropólogo Fredrik Barth supo destacar que los procesos identitarios deben ser estudiados en contextos precisos y percibidos como actos políticos, ya que los límites, las fronteras, de un grupo étnico son construidos por los propios miembros a partir de diferenciales culturales que se resignifican en un proceso de autoadscripción, dado por una interacción social significativa con otro.

Quisiera destacar aquí el concepto de etnogénesis. La etnogénesis fue y es un proceso histórico que refiere a la dinámica cultural y política de las sociedades anteriores o exteriores al desenvolvimiento de los Estados nacionales. Es el proceso básico de configuración y estructuración de la diversidad cultural humana. Así el antropólogo Miguel Bartolomé afirma que subyacente al desconcierto ante los fenómenos de etnicidad está presente la reificación del Estado-nación, al cual se atribuye la capacidad de producir una deseada homogeneización cultural, para lo cual las lealtades étnicas son percibidas casi como una traición a la patria.

Por ello el concepto de “etnicidad” no es equiparable a la idea homogeneizante y colonialista de “indio”. Es una categoría para el estudio de determinados procesos identitarios ocurridos en los distintos grupos humanos. Ahora bien, debemos convenir que cuando hablamos de “pueblo” y/o “nación” implica darle un carácter netamente político a ese proceso identitario, lo cual no es ni bueno ni malo en sí mismo. En lo personal la acción política de las sociedades no me asusta, a menos que asuma un perfil racista y opresor. Ya de por si, recuperar, como en el caso americano, una identidad estigmatizada por la discriminación social supone asumir una actitud de desafío respecto de la comunidad hegemónica con la que se desenvuelve a diario.

Barth ya había estudiado, en situaciones de contacto, el rol de determinados agentes que se definen como élites, que en su afán de participar en sistemas sociales más amplios optan por las siguientes estrategias: 1) incorporarse a la sociedad más amplia, 2) aceptar el status de minoría, para intentar reducir sus desventajas en un proceso de articulación entre ambas sociedades, y 3) acentuar su identidad étnica con el fin de luchar por alcanzar nuevas posiciones, hasta la creación de nuevos estados.

Entonces, asumimos que la resignificación de la especificidad étnica de un grupo dado bien puede ser utilizada como soporte de un específico objetivo político, ligado a la construcción de un proyecto nacional. “La interacción colonial, aún en los casos menos evidentes, refuerza la construcción de identidades étnicas que se resignifican a medida que los juegos de oposiciones reubican a los actores en nuevas coyunturas políticas y económicas o, en otros términos, históricas” (Lorandi y del Río).

Como afirma el antropólogo Alejandro Grimson, “la nación” también puede ser vista como un marco en el que se desarrolla una experiencia histórica y social concreta, a partir de la constitución de actores sociales específicos, experiencia ésta que “configura culturas nacionales del relacionamiento”. Y ya que hablamos de Grimson diremos que este debate que instaló el diario La Razón refleja a “la nación” como un campo de interlocución en el que se dan dos luchas. Una por las categorías, y por los significados de esas categorías. Y otra por el campo de interlocución en sí.

Leandro Etchichury

Jorge Echazu Alvarado (Bolpress)
En el periódico “La Razón” del domingo 4 de enero de 2009, se ha publicado un artículo sobre las 36 naciones indígenas que existen en el territorio boliviano y que se encuentran consignadas en el texto del Proyecto de Nueva Constitución Política del Estado. Según los antropólogos Wigberto Rivero (Vice-ministro de Bánzer) y Milton Eizaguirre la “tesis” nacional carecería de base “académica”.
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Deia.- No hay un punto intermedio. O se cree una versión o la contraria. El ex director de Veleia, Eliseo Gil, defendió este miércoles el método arqueológico que desarrolló en el yacimiento, y ayer tres arqueólogos que integraron su equipo -y lo abandonaron por decisión propia en enero de 2007- criticaron, sin paliativos, la forma en que se desarrollaba el trabajo del proyecto Iruña Veleia III Milenio.

Material acumulado durante diez meses sin procesar, pérdidas de piezas durante días, excavación sin personal cualificado, falta de documentación gráfica de los hallazgos… José Ángel Apellániz, Carlos Crespo y Miguel Ángel Berjón hicieron públicas quejas como éstas en torno a los procedimientos seguidos en el recinto. Una falta de garantías que, en su opinión, motiva que los revolucionarios hallazgos de 2005 y 2006 no puedan contar con el refrendo de la comunidad científica. Es más, aseguran que nunca se dieron cuenta de que extraían de la tierra grafitos excepcionales, sino que todos aparecieron tras el lavado de las piezas.

Los tres trabajadores formaron parte de Lurmen, la firma dirigida por Eliseo Gil, entre 2002 y 2006. Entonces, exceptuando a la dirección del yacimiento romano, eran los únicos arqueólogos titulados del equipo. Sin embargo, justo cuando se presentaron los revolucionarios hallazgos de Veleia, los grafitos que cambiaban la historia del euskera y la religión, decidieron abandonar el barco. Lurmen lo atribuyó entonces a motivos personales y laborales, y los tres arqueólogos guardaron silencio. Hasta ayer.

Apellániz, Crespo y Berjón explicaron, en una rueda de prensa, que dejaron Veleia por sus diferencias con la dirección del yacimiento. Los tres arqueólogos no estaban de acuerdo con los métodos de Gil y mucho menos con su apuesta por sacar a la luz sus hallazgos sin el suficiente consenso científico. De hecho, aquel 8 de junio de 2006, tras la presentación en sociedad de los grafitos, tomaron la decisión de dejar el yacimiento. Berjón reveló que en julio de 2007 ya evidenciaron que “la metodología no era la correcta” ante representantes del Departamento foral de Cultura.

la respuesta a gil El testimonio de Apellániz, Crespo y Berjón llega dos jornadas después de la esperada comparecencia de Eliseo Gil ante las Juntas. El ex director de Veleia no aportó nuevos informes para certificar la veracidad de las piezas, pero censuró los procedimientos seguidos por los expertos y defendió a capa y espada su praxis arqueológica.

La postura de Gil choca frontalmente, sin embargo, con la adoptada por los tres antiguos miembros de su equipo. Apellániz, Crespo y Berjón no se refieren a la veracidad o la falsedad de los hallazgos, pero dan su confianza al prestigio de los expertos de la comisión y apuntan, básicamente, que las cosas no se hacían de la forma correcta en Veleia. Hablan de “anomalías e irregularidades graves”, como el recurso de personal no cualificado en las excavaciones de los sectores donde se acumularon los descubrimientos, la falta de documentación gráfica de los hallazgos pese a su sorprendente volumen e importancia, el retraso en el lavado de las piezas o el control demasiado laxo de los materiales.

La polémica en torno a Iruña Veleia vivió ayer su capítulo final. Ésa es, al menos, la postura de la Diputación alavesa, que dio por “zanjado” el debate en torno a los hallazgos del yacimiento. La diputada de Cultura, Lorena López de Lacalle, aseguró que el crédito del ex responsable del yacimiento “se ha agotado y sus oportunidades para demostrarlo, también”.

La Jornada (México).- Activistas de la etnia purépecha se unieron a las exigencias enmarcadas en la Declaración del Museo Nacional de Antropología, firmada en septiembre de este año en la ciudad de México y refrendada en el municipio jalisciense de Tonalá, junto a representantes de los pueblos wirrárika (huicholes, asentado en Jalisco) y triqui (Oaxaca) para exigir, entre otras cosas, la inserción de sus propias visiones cosmogónicas dentro de los planes de estudio en el sistema educativo básico.

Según medios informativos de Oaxaca y Jalisco, el ex Convento del Carmen en ese municipio recibió a los representantes indígenas y funcionarios estatales de cultura, con la intención de dar a conocer el contenido del documento que alerta sobre la pérdida de hablantes de las lenguas naturales, así como reclamar la adecuación del sistema educativo mexicano para dar cabida a las visiones ancestrales de los pueblos indígenas.

La Declaración del Museo Nacional de Antropología, signada en Chapultepec el 18 de septiembre de este año (…) hace una defensa de las lenguas indígenas “desde el Artico hasta la Tierra de Fuego”, y subraya que “la inmensa mayoría de ellas está en riesgo de desaparición, pues sus hablantes han dejado de usarlas en favor de otras lenguas dominantes”.

Entre ese tipo de consideraciones sobresale el pliego petitorio que consta de siete puntos y donde se enmarcan exigencias como legislar a favor de las lenguas indígenas de América, en el primero de ellos; “que los sistemas de educación de los diferentes países del continente se esfuercen por llevar a cabo una educación intercultural, donde las lenguas indígenas tengan el lugar (que) les corresponde”, como segundo apartado.

El tercero solicita: “que los programas educativos contemplen en sus contenidos tanto las cosmovisiones indígenas como los valores de la cultura universal y que, paralelamente, aprovechen los nuevos soportes tecnológicos, que se apropien del Internet y que promuevan la utilización inteligente de los medios audiovisuales”.

En tanto, el cuarto punto pide garantizar “los derechos lingüísticos de los indígenas en los órdenes educativo, de salud y legal, de manera que los hablantes no sean objetos de discriminación por la lengua en que se expresan”, mientras que la quinta solicitud se refiere a “que los estados nacionales estén claros de que la desigualdad social, la inequidad económica, la marginación, el atropello a los derechos políticos y el racismo son factores que debilitan a las lenguas indígenas”.

El sexto apartado en el pliego exige “que se creen programas de fortalecimiento para las lenguas de aquellos que tienen que abandonar su hogar en busca de mejores condiciones de vida, pues el fenómeno de la migración –tan extendido en nuestro continente– también le está pasando su factura a las lenguas indígenas”.

El último punto es un llamado a que “se respeten los nichos ecológicos tradicionales de los grupos indígenas, pues en muchos casos la supervivencia de la lengua indígena está en función de la manutención del equilibrio entre la comunidad hablante y su hábitat”.

Entre los firmantes se encuentran pensadores como Ana María Fernández Garay, de la Universidad de Buenos Aires; Maurizio Gnerre, de la Universidad de Nápoles; William Merrill, del Instituto Smithsoniano; el mexicano Fernando Nava López, por el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas, y Juan Diego Quesada, por la Universidad de Costa Rica, además de otros pertenecientes al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

El documento también advierte que en caso de no cumplirse las recomendaciones y exigencias, “no sólo perderemos grandes cantidades de información lingüística –datos necesarios para la construcción científica de la disciplina–, sino que también veremos empobrecido un segmento particularmente rico de la cultura mundial, lo cual sería deplorable. En los albores del siglo XXI no debemos permitir una hecatombe lingüística de tales dimensiones”.