BOLIVIA, UN NEXO MÁS EN LA RED DEL VOLUNTARIADO REGIONAL

Revista Realidad Económica N°240

Carlos Alberto Villalba[1]

Leandro Etchichury[2]

Convocados por realidades diferentes, por instituciones públicas, organizaciones o comunidades, muchos voluntarios de Latinoamérica y el Caribe trabajan, jornada a jornada, en temas tan diversos como el control aftósico en zonas de frontera, la lucha contra el chagas, la recolección domiciliaria de datos sociosanitarios, la alfabetización popular o en el soporte a las víctimas y en el rescate a los afectados por huracanes, terremotos, deslaves y tantos otros daños causados por desastres que, cada día, son menos “naturales”.

En el marco del proyecto de Red Regional de Voluntariado Humanitario-Cascos Blancos se han capacitado miles de jóvenes solidarios, decididos a unir esfuerzos para enfrentar sus problemas.

Países como Uruguay, Paraguay, Brasil, Ecuador, El Salvador, Haití, Perú, Panamá, Honduras, Guatemala, Jamaica, Trinidad y Tobago, Guyana, ya han designado su Punto Focal de la Iniciativa Cascos Blancos y se han incorporado a la Red y desarrollaron acciones de fortalecimiento de sus voluntariados locales en función del modelo utilizado por la Iniciativa para enfrentar situaciones dramáticas como el hambre de sectores de su población, la situación carcelaria, las migraciones masivas desde o hacia otras tierras, el paso desolador de ciclones, la desnutrición infantil. Cada una de esas experiencias, constituyen el embrión de esa Red Regional de Voluntarios Cascos Blancos. 

La Comisión Cascos Blancos es una idea desarrollada desde la República Argentina e instituida mediante el Decreto Nº 1131 del 13 de julio de 1994, bajo la denominación «Comisión de Lucha contra el Hambre y la Pobreza», con el objetivo de promover la Iniciativa Cascos Blancos en el ámbito de la Organización de las Naciones Unidas. En 1995, a través del Decreto 379 se modifica su denominación por la de “Comisión Cascos Blancos”, cambio fundamentado en que los alcances de la Iniciativa debían extenderse a otros aspectos comprendidos en la concepción de “emergencia humanitaria”.

La Comisión Cascos Blancos, en tanto organismo del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto de la Argentina, sostiene su trabajo en el concepto de cooperación horizontal entre países del Sur del planeta, en el compromiso de lucha contra el hambre y la pobreza y en  el aporte a la construcción de un modelo de respuesta participativo frente a la amenaza y las situaciones de desastres de todo tipo, con desarrollo de acciones preventivas, respuestas rápidas y mitigación de los daños causados.

Esos pilares doctrinarios, junto a las acciones de prevención y a las misiones de respuesta en la mayoría de los países del hemisferio y en lugares tan alejados de nuestro territorio como el Sudeste asiático, Irán, Líbano o China, instalaron a la experiencia en el seno de las iniciativas adoptadas como propias por la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Ese fue el contexto que rodeó el trabajo conjunto de Bolivia y Cascos Blancos Argentina.

El debate actual

En este preciso momento, estamos frente a una discusión clara. Durante la década pasada

optamos por la prevención, aspirando a la reducción del riesgo de desastres. Hoy es imprescindible elegir el modelo asistencial frente a las situaciones de desastre que se presentan, cada vez con más fuerza.

La nueva realidad de la “asistencia humanitaria”, incorpora una serie de conceptos que, reunidos, constituyen la agenda que deberá ser recogida por los organismos del hemisferio e incorporada a sus herramientas de trabajo regional. Entre ellos, figuran la visión del “riesgo” como algo integral, donde a las “amenazas” externas se suman las vulnerabilidades del individuo, el grupo, el sector, la comunidad, con la comprensión de que la pobreza es la madre de todas las vulnerabilidades; la gestión local del proceso de prevención y respuesta, con integración de de las herramientas propias; la incorporación comunitaria a todos los procesos, con protagonismo de las organizaciones de la sociedad civil y organización de cuerpos locales de voluntarios. Estos son los temas de la hora y forman parte de la agenda que debe permitir el tránsito de las comunidades desde el lugar de “posibles víctimas” de diferentes problemas al de “actores” de sus propios diagnósticos, planificaciones y soluciones a sus problemas, algo que, de modo alguno, exime a los gobiernos de sus compromisos.

En síntesis, Cascos Blancos, como tantos otros actores nacionales y regionales, rechaza cualquier modelo de “asistencia dirigida” -visión subsidiaria del concepto político-militar de “intervención humanitaria”-, una forma de encarar la respuesta, que constituye una continuidad operativa de la “doctrina de seguridad nacional”. Esta forma de pensar el problema y de reaccionar en consecuencia -potenciada por el actual recorrido de la IV Flota estadounidense- implica concebir el “riesgo” como algo “natural”, “inevitable”, “no previsible” y, muy especialmente, no manejable por las naciones soberanas (Ej. Amazonas, Acuífero Guaraní). Sus acciones son verticales, sin participación de las comunidades locales, externas y hasta militarizadas.

Concretando las palabras

A la hora de planificar y de poner en práctica un programa de desarrollo o de asistencia humanitaria es fundamental abrir esas acciones a la experiencia y al conocimiento de las comunidades locales, genuinas beneficiarias de esos programas y poseedoras de un profundo conocimiento del territorio en el que desarrollan su vida. Sobre su espacio y su historia, desarrollan las más variadas estrategias de supervivencia, por eso, la tradición no debe ser considerada como una transmisión inerte de un depósito muerto (Paul Ricoeur). Por el contrario, se la debe mirar como la transmisión viviente de una innovación que siempre puede ser reactivada mediante un retorno a los momentos más creadores y, muy especialmente, capaz de multiplicar las experiencias exitosas.

En el actual proceso que vive Bolivia de recuperación de la dignidad de los pueblos originarios, el rescate de sus conocimientos ancestrales para la planificación de políticas públicas es una herramienta fundamental, no sólo para su supervivencia, sino para el fortalecimiento de su identidad colectiva y proyección como sujeto activo en el desarrollo nacional.

Los máximos responsables de la “Protección Civil” boliviana hicieron propios esos principios y así lo plantearon ante la Red Interamericana para la Mitigación de Desastres de la OEA, reunida el 3 de Diciembre de 2006 en el trópico boliviano de Santa Cruz de la Sierra. Cascos Blancos, encargado de presentar su modelo de trabajo ante la asamblea regional, recogió el guante y así nació el compromiso de desarrollar un proyecto que incorporase las experiencias de los pueblos originarios a las actividades de prevención y de respuesta, con construcción de herramientas genuinas.

Incorporación de saberes ancestrales

El programa de “Fortalecimiento de Voluntariados locales” que impulsa Cascos Blancos, decidió iniciar el desarrollo de esas herramientas.

Mucho se habla de los “pueblos originarios” y de sus derechos, más de cinco siglos después de invasiones, matanzas, sojuzgamiento, injusticia, racismo… Esos pueblos, sus herederos, las comunidades que lograron sobrevivir, tienen mucho que enseñar, poseen conocimientos, tan propios de su cultura, como útiles en la relación de las sociedades con la naturaleza, incluso con los fenómenos muy poco naturales que afectan a los países que sufren huracanes, deslaves, inundaciones, terremotos

Esos saberes, ponderados de la “corrección política”, necesitan en muchos casos ser precisados, restablecidos, formalizados y distribuidos, por sus propios generadores o por quienes ellos designen, no sólo con destino a la propia comunidad local sino también hacia los formadores de políticas públicas. El trabajo realizado en Bolivia fue un modesto aporte a ese proceso que debe avanzar. Allí se planteó, precisamente, la importancia de la recuperación y puesta en valor de los saberes locales, tanto por su importancia en la revalorización de las propias culturas, como por su potencial simbólico para cohesionar a los actores locales en la implementación de programas de prevención y mitigación de catástrofes.

El escenario

La República de Bolivia está organizada políticamente en 327 municipios, 112 provincias y 9 departamentos, los cuales obtuvieron una mayor autonomía en la gestión administrativa y financiera luego de la Ley de Descentralización de diciembre de 1995. Cuenta con una población que ronda los 10 millones de habitantes, de los cuales los pueblos quechuas representan aproximadamente el 30%, los aymaras el 25% y los criollos y europeos de reciente inmigración abarcan cerca de un 38% del total.

No obstante estos grandes números, debemos decir que existen unas 33 formaciones etnosociales reconocidas oficialmente y al menos 34 idiomas y dialectos regionales, por lo que Bolivia adquiere una dimensión multicultural donde se dan distintos sistemas organizativos de la vida económica, social y política, y particulares modos simbólicos de ordenar coherentemente el mundo en el que se desenvuelven.

Como ha afirmado el vicepresidente Alvaro García Linera, la comunidad indígena, campesina y ayllu, a lo largo de un proceso histórico ha dado forma a otro tipo de sociedad, “son la columna vertebral articuladora de otros grupos sociales y otros modos locales de unificación influenciados por la actividad económica y cultural campesino-indígena”, haciendo de su acción colectiva “más que un movimiento social un movimiento societal, pues se trata de una sociedad entera que se traslada en el tiempo”[3].

El proyecto

En este contexto socio-cultural se llevó a cabo, entre abril y mayo de 2008, el proyecto BID/OEA/CCBB de Apoyo de la Iniciativa Cascos Blancos a la Formación de un Voluntariado Nacional en Bolivia para la Reducción de Riesgos y la Atención de Desastres en el Marco de la Ley del Servicio Voluntario, que el gobierno del presidente Evo Morales Ayma ha decidido poner en práctica. Dentro de esa experiencia, lo que se intentará resumir aquí, es el trabajo que sobre el terreno un grupo de bolivianos y argentinos desarrollamos con el objeto de impulsar la organización de un Voluntariado Comunitario desde las propias comunidades indígenas y campesinas, con capacidad para instrumentar acciones en favor del desarrollo territorial local en base a una mirada e intereses construidos colectivamente.

La contraparte boliviana a Cascos Blancos fue el Viceministerio de Defensa Civil y Cooperación al Desarrollo Integral, a cargo del Prof. Gil Hernán Tuco Ayma. Desde allí se encargaron de seleccionar un grupo de voluntarios nacionales con inserción y experiencia en el trabajo con comunidades y en especial pueblos originarios. El apoyo que desde el VIDECICODI se ofreció al proyecto fue clave para su desarrollo, aún en medio de importantes dificultades que imponía la realidad social y política. El interés del Gobierno por desarrollar el servicio voluntario en Bolivia se manifestó en cada una de las acciones emprendidas. La primera de ellas fue la realización de un encuentro con organizaciones del voluntariado de la sociedad civil, equipos de las fuerzas armadas y de seguridad especializados en emergencias y catástrofes y la propia Defensa Civil con el objeto de analizar la ley del voluntariado, su reglamentación, realizar un diagnóstico de la estructura actual del Voluntariado en Bolivia y debatir estrategias de coordinación entre grupos del voluntariado y entre éstos y las estructuras de la D.C.

Previo a la llegada del equipo de Cascos Blancos de Argentina, los voluntarios locales escogieron las regiones a trabajar y en cada una de ellas las comunidades a visitar. Los criterios de selección estuvieron dados por el conocimiento previo sobre las distintas áreas, como así también por la urgencia manifiesta de aquellas comunidades que venían  sufriendo situaciones de emergencia y catástrofe en forma reiterada, con un alto costo humano y económico. Hablamos de inundaciones, sequías, terremotos, aluviones, epidemias, entre otras.

Cuando el equipo de voluntarios de Cascos Blancos llegó a Bolivia ya estaban seleccionadas 4 regiones del país, que comprometían a los departamentos de Beni, Cochabamba, Santa Cruz, La Paz, Potosí y Oruro (estas tres últimas tomadas en conjunto como región del altiplano).

Los voluntarios y el trabajo con las comunidades

El esquema de trabajo propuesto fue el siguiente:

–           Trabajo previo al acceso al campo: Planificación y diseño del trabajo a desarrollar.

Es imprescindible dejar establecido los lineamientos generales en cuanto a los objetivos que se pretenden alcanzar y medios con los que se contarán. Entre otros aspectos podemos mencionar:

1.            modalidad y forma de organización del voluntariado, 

2.            formación de multiplicadores/capacitación del voluntariado comunitario, a través del apoyo y fortalecimiento de respuestas construidas localmente y que se revelen exitosas,

3.            diseño de talleres: encuentros nacionales, regionales o locales; con una agenda abierta de temas, de capacitación específica, de detección de necesidades o de soporte a las actividades locales; etc.,

4.            perfil y roles de los agentes nacionales,

5.            perfil y roles del equipo de voluntarios nacionales y locales, y su capacidad para vincularse y trabajar con las comunidades.

6.       relevamiento de información básica sobre las comunidades con las que se trabajará (geográfica, climática, socio-demográfica, cultural, etc.).  

–           Presentación en las comunidades

Estrategias y contactos para el ingreso a las comunidades. Metodología de trabajo en las comunidades y con las comunidades. Relevamiento y sistematización de saberes. Su revalorización en el marco del proyecto. Convocatoria a los talleres. Elección de los participantes. El papel de la organización comunitaria local.

–           El trabajo en el taller a partir de los conocimientos locales

Definición de los ejes del taller y las modalidades de trabajo, en conjunto entre la organización y los destinatarios. Interacción y socialización de conocimientos y experiencias con otras comunidades presentes a través de actividades participativas. Criterios para las guías de trabajo. Formación y fortalecimiento de la identidad de los asistentes como parte del voluntariado comunitario. Ideas para la construcción del modelo de voluntariado en las comunidades. La construcción de redes intercomunitarias. Articulación con organismos del Estado nacional y organizaciones internacionales. Resignificación de los saberes comunitarios en el marco de un proyecto nacional. Evaluación final del taller por parte de los participantes.

La totalidad del equipo, integrado por 4 voluntarios bolivianos y 3 argentinos, se desplegó sobre el terreno a lo largo de tres semanas visitando, en distintas etapas, las diversas comunidades de cada una de las regiones. En un primer momento se hizo una presentación del proyecto ante las autoridades comunales y se convocó a seleccionar representantes locales para participar en un taller de multiplicadores del voluntariado comunitario a realizarse en la ciudad Cochabamba. Asimismo, en cada una de estas primeras visitas se comenzó a trabajar con referentes locales sobre los saberes y prácticas comunitarias desplegadas a la hora de la emergencia.

En todo momento se subrayó que éste sería un tema importante a lo largo del taller, que pretendíamos recuperar estos saberes para la sociedad toda, compartirlos y confrontarlos con las demás comunidades participantes y ponerlos en valor ante las autoridades del Estado allí presentes.

La consigna del equipo fue la de liberarse de todo preconcepto, que apuntalado por paradigmas recurrentes colocan a estas comunidades en el lugar de sujetos pasivos, acostumbrados a ser receptores de ayuda y por lo tanto faltos de iniciativa. Nuestra apuesta fue, en todo momento, la de analizar los aspectos culturales de la construcción local de la propia identidad y su relación con la situación de vulnerabilidad social. La construcción social del riesgo es un elemento clave a ser tenido en cuenta, ya que es “desde donde las sociedades proyectan sentidos y valores sobre ciertos eventos, ciertas prácticas y ciertos objetos materiales”[4].

Cuando se es consciente de que el éxito del proyecto pasa por la participación local resulta imprescindible conocer cuál es la percepción que tienen los actores locales de la situación de crisis o de emergencia y las respuestas adaptativas que han sido puestas en práctica en el pasado. Lo esencial de un trabajo centrado en el respeto al conocimiento local es que se basa en las experiencias y comprensiones cotidianas de hombres y mujeres que son sujetos activos, que constantemente revalidan, transmiten y reformulan dichas experiencias a lo largo de su vida como comunidad.

La segunda etapa de esta rueda de visitas consistió en participar de las asambleas en las que se eligieron a los representantes comunales al taller, conocer mejor la zona y reforzar la idea de proyectar un trabajo de integración gradual, a partir de los propios conocimientos y experiencias locales, y a través de un proceso negociado entre los distintos actores involucrados, fundamentalmente la comunidad y Defensa Civil como representante del Estado boliviano.

Finalmente se seleccionaron  5 representantes comunitarios por región, con el objetivo de que se constituyan en replicadores de la experiencia en sus sociedades, contribuyendo a la formación y organización de un núcleo de voluntarios comunitarios. Además, se invitó a funcionarios municipales involucrados en la temática, ya que en casi todas las comunidades el municipio fue citado como el punto de referencia inmediato ante la emergencia.

Los dueños de la historia

Estuvieron presentes en el taller de Cochabamba representantes de comunidades y organizaciones quechuas y aymaras del altiplano,  grupos moxeños y campesinos del Beni, y cocaleros del chapare cochabambino. La situación política –el desarrollo de la actividad coincidió con el proceso de referéndum autonomista de Santa Cruz del 4 de mayo- impidió que pudieran participar sectores campesinos y de comunidades chiquitanas de este último departamento. Comunidades aborígenes de Cochabamba, como el caso de los yucarés y yuquis, no pudieron finalmente ser visitadas debido a un conflicto que en ese momento tenían con el gobierno central, lo que dificultó nuestro ingreso a las comunidades y el contacto con los dirigentes de las mismas.

Son numerosos los grupos étnicos que habitan los departamentos de Beni, Cochabamba y Santa Cruz , en general se trata de grupos de poca población y altamente vulnerables por una historia de arrinconamiento y explotación de grupos criollos y blancos, que se fueron apropiando de tierras, relegándolos en algunos casos a zonas marginales y de alto riesgo, por ejemplo de inundaciones. Podríamos decir que el sector campesino está conformado en su mayor parte por indígenas que abandonaron sus comunidades y sus pautas culturales. Otros pasaron a formar parte de los sectores urbanos de las periferias de las grandes ciudades. En 1996, a partir de la promulgación de la Ley 1517, se estableció el saneamiento de las Tierras Comunitarias de Origen (TCOs), proceso iniciado en las tierras bajas. De acuerdo con el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), los primeros títulos de Tierras Comunitarias de Origen fueron emitidos en 1997.

En las tierras altas, que comprende los departamentos de La Paz, Oruro, Potosí, Chuquisaca y Cochabamba, el proceso de saneamiento de TCOs se inició en 2001, a partir de ese año las demandas por la titulación crecieron rápidamente. Las autoridades nacionales bolivianas afirman que las TCOs son el reconocimiento de un espacio geográfico que compromete territorios históricos donde las comunidades puedan desarrollar su vida en función a sus usos y costumbres.

El taller llevado a cabo en la ciudad de Cochabamba, si bien contó con la apertura y cierre formal por parte de las autoridades bolivianas y de Cascos Blancos[5], focalizó su actividad, a lo largo de cuatro días, en la aportación e intercambio de los asistentes a partir de precisas consignas de trabajo, entre otras: relato de las distintas realidades regionales, narraciones de experiencias locales y diagnósticos participativos, evaluación integral de daños y necesidades, mapa de riesgo, simulaciones  de emergencias y formación de un voluntariado comunitario, manejo de suministros y la explicitación y puesta en valor de los saberes ancestrales y conocimientos comunitarios ante la emergencia. De ello surgió información valiosa para los distintos actores allí presentes que apuntaron a revalorizar el lugar que debe asumir la propia comunidad antes y durante la emergencia.

Trabajando en medio de una coyuntura compleja

El momento político no sólo influyó en los iniciales temores a no poder desarrollar el proyecto o en las dificultades para los traslados a lo largo del territorio nacional. La conmoción transmitida a través de los medios de comunicación de estar viviendo un momento de alta conflictividad social y nacional, no exento de violencia, despertó cierto temor a que la convivencia a lo largo de casi una semana de los distintos representantes comunitarios trasladara ese escenario al taller. No sólo ello no ocurrió, sino que podemos afirmar que el mismo tuvo tres consecuencias altamente positivas, dos de las cuales fueron parte de los objetivos buscados por el proyecto y la otra resultó imprevista pero no por ello menos satisfactoria. Entre las dos primeras destacamos el haber logrado motivar a los presentes en el desarrollo del proyecto del voluntariado comunitario a partir de su específica identidad local, como así mismo lograr un mayor interconocimiento y compromiso entre las autoridades de Defensa Civil y los representantes comunitarios.

La consecuencia no prevista y de alto impacto en un momento complicado de la vida política boliviana fue el conmovedor reconocimiento, por parte de los participantes comunitarios, de una profunda ignorancia sobre los modos de vida y perspectivas de esos otros pueblos que habitan las distintas regiones del país, descubrimiento desde el que se fue forjando gradualmente un espacio de reflexión y solidaridad. A lo largo de los cuatro días que duró el taller, que implicó la convivencia de todos en un mismo lugar, la interacción entre los miembros de las distintas comunidades fue creciente, solidaria y constructiva ya que se entablaron vínculos e intercambios de experiencias que dieron gran riqueza al debate y proyectaron factibilidades de futuros trabajos conjuntos en un país signado por marcados quiebres sociales producto de la pervivencia de viejas estructuras coloniales.

Hacia un voluntariado comunitario

Quienes participamos de este trabajo, en el contexto de una amplia colaboración del gobierno argentino con el pueblo y gobierno de la hermana República de Bolivia, hemos sentido a lo largo del mismo un generoso reconocimiento por la labor desarrollada y un espíritu de hermandad fraguado en la tarea de comenzar a saldar una deuda pendiente que tienen nuestras repúblicas para con los pueblos que nos precedieron en la ocupación de estos territorios, poniendo en un pie de igualdad sus valores culturales y experiencias sociales.

El desarrollo de un voluntariado comunitario a partir de los saberes y experiencias de vida de las propias comunidades indígenas y campesinas de Bolivia, y su coordinación con las distintas instancias estatales desde un marco de reconocimiento y respeto mutuo, es parte de la construcción de un nuevo modelo de gestión social, que pretende romper con esas estructuras heredadas de la época colonial, y que en palabras del presidente Evo Morales significa “la recuperación de la educación comunitaria como una alternativa fundamental para fortalecer el proceso de cambio en Bolivia”.


[1] Coordinador General Iniciativa Cascos Blancos

[2] Antropólogo. Miembro del Núcleo Argentino de Antropología Rural (NADAR). Voluntario de Cascos Blancos en la misión a Bolivia

[3] García Linera, Alvaro (2008): Sociología de los movimientos sociales en Bolivia. Estructuras de movilización, repertorios culturales y acción política. Plural editores. La Paz.

[4] Ríos, Diego y Murgida, Ana (2004). “Vulnerabilidad cultural y escenarios de riesgo por inundaciones”.  Espaço e Tempo Nº 16. São Paulo.

[5] Además de Cascos Blancos, el Viceministerio de Defensa y Defensa Civil Boliviana, participó del taller el Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas.