Dios contra Darwin

febrero 9, 2009

Jesús Centeno (Público).- “Stokes respiró hondo, apoyó con cuidado el cañón en sus incisivos y rodeó el gatillo con un dedo esquelético. Sus labios, resecos, se cerraron dolorosamente en torno al metal helado. Tenía que hacerlo, sin duda, si era hombre”. Dar marcha atrás ahora sería el colmo del fracaso. Le tembló la mano. Tres. Dos. Uno. Ya.

Pringle Stokes, primer capitán del HMS Beagle, se pegó un tiro en 1828 tras un infernal periplo por la Patagonia argentina. Su muerte es el punto de partida de otra terrible historia: la del nuevo comandante, Robert Fitz Roy, quien debía completar el trabajo cartográfico de su predecesor.

Pero Fitz Roy tenía otras ideas en mente: el viaje serviría para constatar científicamente la exactitud literal del Génesis. Quería defender el creacionismo. “La ciencia y la religión tendrían que haber sido la misma cosa: la primera, un simple medio para interpretar las verdades absolutas de la segunda”, dijo el capitán del Beagle. Pero, a bordo de la expedición también estaba un investigador de 21 años llamado Charles Darwin, que se empeñaría en quitarle la razón.

Religión y también dinero

Los marineros, que apodaban a los barcos de esta clase ataúdes por su tendencia a irse a pique, se enfrentaron a los mares, recorriendo varias veces el Cabo de Hornos, Nueva Zelanda y diversas islas del Pacífico. Cartografiaron las costas y registraron varias mediciones relacionadas con fuerzas de los vientos, las fases de la luna y las mareas. Pero, del paraíso perdido, ni rastro. También visitaron la selva brasileña y la pampa seca argentina en el interior. Allí tampoco estaba.

A principios del siglo XIX, los debates sobre el racismo y la difícil relación entre religión, ciencia y colonialismo ocupaban el tiempo de los estudiosos. Fitz Roy, que estaba convencido en demostrar el “orden natural de las cosas”, tampoco olvidó el carácter comercial de su misión. Estableció los puntos clave para el Imperio Británico y analizó a los indios patagónicos con este propósito. Ya en el primer viaje secuestró a cuatro nativos de etnia fueguina para reeducarlos en Inglaterra.

“Algunos indios agitaron las lanzas agresivamente. Otros encendieron fuegos para advertir la presencia del navío. El resto, siguieron su estela para comerciar pescado fresco y cangrejos a cambio de retales”, relata Harry Thompson en su libro Hacia los confines del mundo (Salamandra). Para los occidentales, “los fueguinos eran unos monstruos, un obstáculo al avance del hombre blanco y su civilización.

Cuando los europeos llegaron, los nativos parecían un grupo primitivo y desgraciado de salvajes, ateos sin ley que vivían en la miseria”, escribió el historiador Nick Hazlewood en sus estudios sobre la llegada de los británicos a la Patagonia.

Si las palabras del Génesis eran ciertas, ni plantas ni animales debían haber cambiado desde que Dios las creó. Pero no era así, y mientras Darwin investigaba y comenzaba a hilvanar sus teorías evolucionistas, los indígenas regresaron a sus antiguas costumbres.

El estrés, la soledad y la falta de respuestas enloquecieron al comandante Fitz Roy. Su cólera caprichosa despertó la inquietud del círculo de oficiales, que con bastante frecuencia pusieron en duda su cordura. Su personalidad voluble e imprevisible acabarían con su vida. Cuando apareció El origen de las especies, en 1860, Fitz Roy Roy se sintió traicionado y culpable por haber ayudado a Darwin. Cinco años después, se quitó la vida con una navaja.

Proyecto Qhapaq Ñan

septiembre 10, 2008

Noticias Iruya (Argentina).-El arqueólogo Ramiro Matos es el curador principal del proyecto de exposición del Museo Nacional del Indígena Americano (NMAI) Legado del Camino real inka: Qhapaq Ñan. Durante los meses de julio y agosto, Matos visitó los seis países incluidos en el proyecto con el fin de visitar las comunidades quechua, consolidar la cooperación con las autoridades gubernamentales encargadas del patrimonio cultural y reunirse con los arqueólogos y antropólogos locales que participan en el proyecto. Read the rest of this entry »

Bernardino AvilaPágina 12 (Argentina).- “Los sistemas andinos de cooperación consisten en intercambios entre iguales, sistemas de ayuda mutua. El caso de la empresa Soho, en cambio, debe ser considerado en relación con las relaciones laborales contemporáneas y no en relación con las costumbres ancestrales de los trabajadores.” El argumento es el eje de la respuesta del Colegio de Graduados en Antropología de la Argentina, en rechazo al fallo del juez federal Norberto Oyarbide, quien consideró que las formas de explotación de inmigrantes ilegales bolivianos por parte de talleristas de la misma nacionalidad responde a “costumbres y pautas culturales de los pueblos originarios del Altiplano boliviano”. El razonamiento fue formulado ante la Sala I de la Cámara Federal porteña, en la audiencia en que fue apelado el polémico fallo en el que Oyarbide sobreseyó a tres directivos de la empresa Soho, que tercerizaba su producción en esos cuestionados talleres.

La querella en esa causa, que representa a los trabajadores de la firma, pidió en la audiencia el procesamiento de los responsables de Soho, sobreseídos por Oyarbide, por contratar a esos talleres. El abogado querellante Rodolfo Yanzón argumentó que “los directivos de Soho no ignoraban lo que sucedía en esos talleres, que funcionaban con trabajadores extranjeros en condición migratoria irregular”.

La presentación se realizó en los tribunales de Comodoro Py. De la audiencia también participaron el cónsul boliviano José Alberto González Samaniego y el antropólogo Ricardo Abduca. “Buscamos que se responsabilice a los propietarios de las marcas”, dijo el abogado. En una semana, los camaristas Eduardo Farah y Eduardo Freiler podrían dar a conocer su resolución.

De acuerdo con la causa, en al menos dos talleres donde Soho tercerizaba su producción se habían detectado extranjeros indocumentados, que trabajaban doce horas por día, con haberes de entre 500 y 900 pesos mensuales y vivían en una piecita que les alquilaban los propios talleristas. Por la causa, el fiscal federal Patricio Evers imputó a Nelson Alejandro Sánchez Anterino, Gabina Sofía Verón y Hermes Raúl Provenzano, responsables de Soho, tras determinar que la empresa Gilmar SA, que comercializa esa marca en los principales shoppings del país, tercerizaba trabajos de costura en esos talleres.

En la causa, tres directivos de la firma Soho habían sido sobreseídos por Oyarbide. El juez argumentó que no existía delito, ya que el sistema de explotación implementado en los talleres sería herencia de “costumbres y pautas culturales de los pueblos originarios del Altiplano boliviano, de donde proviene la mayoría” de los talleristas y costureros. Se trata de “un grupo humano que convive como un ayllu o comunidad familiar extensa originaria de aquella región, que funciona como una especie de cooperativa”, argumentó.

Yanzón pidió además que la Cámara unificara criterio con la Sala II, que el año pasado sobreseyó a otros imputados con un argumento similar al que ahora utilizó Oyarbide.

“Aunque el ayllu y el actual sistema de explotación laboral en la industria textil son básicamente distintos y se enmarcan en contextos que los vuelven incomparables, ambos son confundidos en el fallo. El mismo desconoce la organización propia del ayllu que, fundado en torno de valores como la reciprocidad y horizontalidad, contrasta con la asimetría de la relación empleado-patrón”, explicaron desde el Colegio de Graduados en Antropología de la Argentina.

“Los sistemas andinos de cooperación consisten en intercambios entre iguales, sistemas de ayuda mutua”, remarcó a PáginaI12 Abduca. “El caso Soho desde ser considerado en relación con las relaciones laborales contemporáneas y no en relación con las costumbres ancestrales de los trabajadores.”

En la misma línea, el cónsul González Samaniego señaló que el principio igualitario del ayllu y de la cooperación andina no tiene nada que ver con la superexplotación del trabajo. Por su parte, Yanzón sostuvo que “es inadmisible que un juez federal argumente que como están acostumbrados no haya responsables de ese delito”. Así, la querella pidió que los camaristas dejen sin efecto el sobreseimiento dictado por Oyarbide y que se responsabilice a los empresarios por “utilizar mano de obra esclava”.

–¿Qué es un ayllu? –le preguntó PáginaI12 al antropólogo Abduca.

–Agrupa, sobre la misma base de relaciones de cooperación entre propietarios, con iguales derechos y obligaciones, a centenares y a miles de personas. A lo largo de los siglos, a pesar de distintas mutaciones históricas, se mantiene el núcleo básico: se trata de un sistema de organización política que gestiona la propiedad de extensos territorios. Descansa sobre principios territoriales, políticos y de parentesco y está en plena vigencia en amplias áreas del Altiplano.

Frente a los tribunales de Comodoro Py, integrantes de la cooperativa textil La Alameda se manifestaron en contra del polémico fallo de Oyarbide. Allí, un costurero de nacionalidad boliviana se ató a una cruz para denunciar que “el trabajo esclavo se ha cobrado seis vidas por el incendio de un taller, sin contar los afectados por enfermedades como tuberculosis”.

Informe: Esteban Vera.

DePerú.com.- Julio C. Tello nace el 11 de abril de 1880, en Huarochirí, en el departamento de Lima. Proveniente de una familia de campesinos, realizó sus estudios en su tierra natal, trasladándose luego a Lima, estudiando en el Colegio Guadalupe.

Ingresa a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, de donde se gradúa en noviembre de 1908 como bachiller en medicina, con la tesis “Antigüedad de la Sífilis en el Perú”.

Migra a los Estados Unidos para estudiar becado en la Universidad de Harvard, donde egresa como doctor en Ciencias Antropológicas en 1911. Luego, viajaría a Europa a continuar sus estudios de especialización en el seminario de antropología de la Universidad de Berlín, en 1912.

En 1913 es nombrado director de la sección arqueológica del Museo de Historia Natural, hoy Museo de Arte.

Fue diputado por Huarochirí en el Congreso entre los años 1917 y 1929.
En 1918 emprende una expedición hacia las ruinas de Chavín, en el departamento de Ancash.

En 1925 sus trabajos lo llevan a descubrir la cultura Paracas y revelar detalles sobre la civilización Chavín. Ese mismo año se crea el Museo Nacional de Antropología y Arqueología para albergar en él los vestigios de nuestra historia. Tello se propuso reunir allí colecciones arqueológicas que se encontraban dispersas y así mostrar la herencia patrimonial de un pasado glorioso.

Ejerció también como catedrático de arqueología americana y peruana y de antropología general.

Publicó sus trabajos de investigación, que daban a conocer la historia antigua del Perú y sus civilizaciones. Entre sus obras destacan “Wiracocha” (1923) y “Arte antiguo peruano – tecnología y morfología” (1938).

Falleció el 3 de junio de 1947, siendo sepultado a petición suya en los jardines de la institución que él mismo ayudó a fundar: el Museo Nacional de Antropología y Arqueología.

Recientemente he leído en el diario Página 12 (Argentina) que el juez Norberto Oyarbide sobreseyó a tres empresarios, acusados de emplear en condiciones ilegales y de máxima explotación a trabajadores inmigrantes bolivianos, con el argumento de que “sería herencia de costumbres y pautas culturales de los pueblos originarios del Altiplano boliviano, de donde proviene la mayoría” de los abusados. Se trata, continúa el juez, de “un grupo humano que convive como un ayllu o comunidad familiar extensa originaria de aquella región, que funciona como una especie de cooperativa”.

Ante tamaña pieza interpretativa creo necesario aclarar los siguientes puntos:

1.- El ayllu es una de las organizaciones sociales básicas del mundo andino previo a la llegada de los españoles; cuyos integrantes se encontraban vinculados por relaciones de parentesco, controlando la tierra en forma comunitaria y rigiéndose por el principio de reciprocidad. La tierra del ayllu se divide en un cierto número de sectores, teniendo en cuenta sus condiciones ecológicas y los ciclos rotativos de los cultivos. Cada familia poseía el derecho a pedir acceso a tierras en cada uno de los sectores, lo que determinaba el esfuerzo de todo ayllu y grupo étnico por controlar el máximo de pisos ecológicos. El control ecológico responde al ideal de la autonomía local, objetivo fundamental de la organización económica de la comunidad. El parentesco representa el sistema regulador de la organización de la fuerza de trabajo. Los impedidos de trabajar la tierra igual recibían sus parcelas, las que eran cultivadas por la comunidad y en la posibilidad de cada uno devolvían algún servicio a la misma.

2.- La llegada de los españoles a América desató múltiples procesos entre los pueblos locales, que llevaron a un quiebre en las tradiciones sociales, políticas, económicas y culturales. La visión del europeo simplificó todo en dos polos que se pueden traducir en términos de dominador-dominado. Como afirmara el antropólogo mexicano Guillermo Bonfil Batalla, “el colonizador se apropia paulatinamente de las tierras; somete, organiza y explota la mano de obra de los indios; inicia nuevas empresas coloniales fundadas en la disponibilidad de indios; establece un orden legal para regular y garantizar el dominio colonial; modifica compulsivamente la organización social y los sistemas culturales de los pueblos dominados; en la medida de que tales alteraciones son requeridas para el establecimiento, la consolidación y el crecimiento del orden colonial”. La conquista española impuso un nuevo sistema económico y social, en el cual los antiguos principios de reciprocidad y redistribución perdieron sentido. Con la usurpación de buena parte de las tierras del ayllu y la expansión del sistema de hacienda se instaura un modo de producción servil que se superpone al modo de producción comunitario. La población indígena sufre el desarraigo, la proletarización y explotación.

3.- Los empresarios textiles del siglo XXI no son herederos de aquellos curacas o dignatarios incaicos del mundo precolombino. Son herederos de la explotación colonial que configuró en América sociedades fragmentadas sobre una base ideológica impregnada de xenofobia y racismo.

Milenio (México)

El interés de Christian Duverger por la historia de México, sobre todo la prehispánica, viene de tres décadas atrás, al grado de compartir sus investigaciones lo mismo en la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales de París que en la Escuela Nacional de Antropología e Historia o en la UNAM.

A partir de tales antecedentes, el estudioso llama a cambiar la forma de entender la historia prehispánica de México, inadecuada por dos razones: por ser decimonónico y europeo, además de 50 años a la fecha se han producido una serie de descubrimientos que “nos obliga a transformar nuestros puntos de vista”.

“La estructura de la historia prehispánica se construye en el siglo XIX, cuando había pocos datos y mucha reconstrucción artificial. Ello cambió, porque hoy disponemos de muchos datos, hay una arqueología muy bien hecha, con muy buena calidad, y tenemos datos que nos permiten entender cosas que hace 150 años resultaba imposible.”

A ello habría que sumar que en el territorio de Mesoamérica se desarrolló una cultura totalmente diferente a la del viejo mundo, pero cada vez que se intenta utilizar un elemento de comparación sobrevienen las equivocaciones porque utilizamos conceptos que vienen de nuestra cultura occidental.

En ese contexto aparece el libro El primer mestizaje (Taurus/UNAM/Conaculta-INAH, 2008), en el cual, Duverger apuesta por apoyarse más en la realidad indígena a fin de comprenderla de mejor manera, bajo la seguridad de que la visión tradicionalista, forjada en el siglo XIX, ya perdió su pertinencia.

De acuerdo con el autor de títulos como El origen de los aztecas o Mesoamérica. Arte y antropología, fechar el pasado prehispánico a partir de Preclásico, Clásico o Postclásico sólo refleja el intento por convertir a los mayas en los griegos del nuevo mundo. “El marco decimonónico, por ejemplo, está muy vinculado con la visión nacionalista que se manejaba en Europa a mediados del siglo XIX, cuando se reconstruyeron las Naciones-Estados y la organización mundial de los territorios, proceso en el cual se inventó que a un territorio debía corresponder un pueblo y un idioma.

“Aquí no tenemos eso, sino un territorio con una ocupación compartida entre varios grupos que viven y conviven en la misma geografía, a veces en las mismas ciudades y tampoco se impide que un nahua mantenga su lengua al lado de un otomí.”

El sacrificio humano

Otro elemento a ser valorado en la nueva visión sobre el pasado prehispánico se refiere al territorio de la escritura, pues desde la perspectiva eurocentrista se piensa sólo en el lenguaje fonético del viejo mundo, sin tomar en cuenta la existencia de uno ideográfico.

“El sacrificio humano se encuentra en la misma posición: se daba para evitar las guerras y las matanzas. Entiendo que podemos tener un sentimiento de barbarie frente al sacrificio humano, pero finalmente con ello no se mataba a nadie en el campo de batalla, se captura y son los sacerdotes los que administran la muerte sagrada de una forma muy ritual y codificada. Una especie de control de la violencia humana, una invención cultural como otras.”

El propósito de Christian Duverger con El primer mestizaje ha sido señalar a Mesoamérica como el territorio de una civilización compleja.

“La historia prehispánica de México es poco legible, se ha escrito a base de misterios, de una historia romántica: no sabemos por qué salen los olmecas y luego desaparecen, por qué salen los mayas y abandonan sus ciudades. Eso no constituye una historia, sino unos pedazos de historia y el libro intenta ofrecer una lógica de esta sociedad antigua: una dinámica histórica de larga duración.”

El mestizaje en Mesoamérica

El hilo conductor de El primer mestizaje llama a salir de la visión monoétnica del territorio. La teoría de Duverger es que siempre convivieron grupos diferentes en un mismo lugar.

A partir de ese razonamiento, el investigador recuerda que en la historia tradicional hay una secuencia que parte de la existencia de épocas dominadas por agricultores arcaicos, luego por una sociedad teocrática y, al final, una cultura militarista, con el sacrificio humano como mejor ejemplo, pero “eso es totalmente falso, porque el sacrificio existe desde los inicios: la violencia está en el hombre”.

La idea sería que al inicio, hacia el año 1500 antes de Cristo, había sedentarios en la casi totalidad de Mesoamérica y unos nómadas, nahuas o protonahuas, se asentaron entre los sedentarios agricultores.

“Lo que ocurrió es que fusionaron las dos culturas, lo que para mí es el inicio de Mesoamérica, y cada quien vino con sus tradiciones, sus creencias y su cosmovisión, (aunque) decidieron recomponer todo eso para inventar una manera de convivir”, a decir de Duverger.

Milenio (México)

La proyección solar serpentina que recorre la alfarda norte de El Castillo, en Chichén Itzá, durante los equinoccios de primavera y de otoño, y que atrae a miles de visitantes a la zona arqueológica yucateca, es, en realidad, un mito arqueoastronómico reciente, pues las referencias más antiguas sobre este fenómeno óptico no van más allá de los años 30 del siglo XX.

De acuerdo con el doctor Stanislaw Iwaniszewski, uno de los más reconocidos estudiosos en el mundo de la arqueoastronomía precolombina mesoamericana, no existe fuente arqueológica que pueda sustentar que este efecto visual fuera percibido por los mayas antiguos, tal y como se aprecia hoy en día.

“Hay muchos mitos arqueoastronómicos modernos, y éste, el conocido como el ascenso y descenso de Kukulkán, en la pirámide de El Castillo, forma parte de esa categoría”. Incluso, dijo el investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), algunos trabajos científicos así lo demuestran.

Cabe citar un artículo escrito en 1999, por una de las autoridades en astronomía maya, John B. Carlson: Pilgrimage and the Equinox ‘Serpent of Light and Shadow’ Phenomenon at the Castillo, Chichén Itzá. Texto publicado en la reconocida revista Archaeoastronomy: The Journal of Astronomy in Culture, de la Universidad de Texas, Estados Unidos.

La proyección conocida como el ascenso y descenso de Kukulkán (Serpiente emplumada), que sucede al atardecer de los equinoccios de primavera y otoño, consiste en siete triángulos de luz, invertidos, resultado de la sombra que proyectan las nueve plataformas del edificio conocido como El Castillo, al ponerse el sol.

Iwaniszewski, profesor en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), e investigador del Museo Arqueológico Estatal de Varsovia, Polonia, detalló que las primeras relaciones en torno al efecto visual sucedido en esa pirámide, datan de la estancia de la Expedición Arqueológica Maya, iniciativa de la Institución Carnegie de Washington, que dio inicio en 1923 y se extendió durante dos décadas.

“Estas primeras referencias las captamos hacia los años 30 del siglo pasado, cuando todavía la institución Carnegie, realizaba trabajos de excavación en Chichén Itzá. Fue en ese entonces cuando algunos de los trabajadores, comenzaron a percatarse de este fenómeno óptico.”

“Sin embargo, este efecto no tuvo un análisis científico sino años después, específicamente mediante un artículo de Robert Fuson, escrito en 1969: The orientation of mayan ceremonial centers, en Association of American Geographers, AnnaIs”.

Pese a estos estudios, el sitio arqueológico de Chichén Itzá todavía no figuraba en el imaginario colectivo como “centro de energía”, debió pasar casi una década más, hasta la publicación de La pirámide Kukulkán: su simbolismo solar (1976), de Luis Arochi, que permitió un conocimiento menos restringido acerca del fenómeno, quizá porque la edición se hizo en español.

A mediados de los años 80 —relató Stanislaw Iwaniszewski—, la televisora más importante del país, motivada en parte por lo descrito en el volumen de Arochi, llevó a cabo una transmisión en vivo del efecto visual en El Castillo, momento que fue determinante para la posterior afluencia al sitio, en los días de equinoccio.

Del New Age, a los concheros

Respecto a los grupos que suelen acudir durante el equinoccio de primavera, específicamente en la zona arqueológica de Teotihuacán, Estado de México, el también coeditor de la revista Archaeoastronomy: The Journal of Astronomy in Culture, mencionó que precisamente hacia la década de los 80, ésta era espacio de corrientes y “nuevos movimientos religiosos”, más cercanos al New Age.

“Se trataba de grupos que invocaban a los dioses hindúes, o buscaban los sephiroth, que de acuerdo con la Cábala, son los senderos o las diez emanaciones de dios, a través de las cuales se creó el mundo.”

“Para mediados de los 90, se dio un cambio, y a partir de esos tiempos, gran parte de las actividades que se desarrollan en este día, las realizan grupos de concheros y mexicaneros, quienes acuden con instrumentos de viento y bailan al mediodía del 21, aunque no sea precisamente el momento de equinoccio”, concluyó.