Ideal (Andalucia).- Nace la revista ‘Imago crítica’, que continúa la línea de ‘Fundamentos de Antropología’, la publicación del desaparecido Centro de Investigaciones Etnológicas Ángel Ganivet. «Tiene un perfil más claro que ‘Fundamentos’, donde abordaremos la relación entre la antropología y la comunicación», señala José Antonio González Alcantud, director de ‘Imago crítica’ y quien también encabezara el precedente de ‘Fundamentos’. «La continuidad quiere decir que los proyectos no se terminan si hay voluntad de mantenerlos», indica González Alcantud. «En los malos momentos para la cultura que vive la ciudad, hay que tener tenacidad para continuar en los proyectos», añade.
La revista, que fue presentada ayer en la Casa de los Tiros, pretende «analizar el fenómeno contemporáneo de la comunicación, pero desde las ciencias sociales», explica su director.
El primer número recoge en la sección de ‘Conmemoraciones y ritos’ «una serie de conferencias dadas con motivo del cincuenta aniversario del Festival Internacional de Música y Danza, donde cuatro antropólogos europeos analizaron la muestra musical granadina».
La sección ‘Miradas extremas’ recogerá las visiones de especialistas desde la distancia del objeto de estudio, de este modo «una antropóloga japonesa analiza la evolución del síndrome castidad-honor». Desde este otro lado, González Alcantud ofrece «una mirada hacia América Latina, porque queremos que la revista siempre tenga una referencia a la otra orilla del Atlántico».
«’Imago crítica’ se hace entre Granada y Barcelona, pero se dedica al público de habla hispana y pretendemos generar un debate sobre América Latina», explica González Alcantud.
‘Mediaciones y arte’ es el título de otro de los apartados de esta nueva revista de antropología y comunicación, «que está dedicado a las nuevas formas de comunicación y formatos artísticos, como la fotografía, el vídeo e Internet, los nuevos modos de comunicación», explica José Antonio González Alcantud. Se incluyen artículos sobre el uso de la obra de arte en publicidad y sobre la fotografía de familia.
Fotografía
Una de las secciones más atractivas que ofrece este número uno de ‘Imago crítica’ es la llamada ‘Visionar’, donde se presta especial atención a la fotografía. La periodista María Dolores Fernández-Fígares presenta un trabajo sobre ‘Guinea en las fotografías de Manuel Hernández Sanjuán’.
No falta la entrevista, que tiene como protagonista a «una hispanista muy conocida del modernismo y la literatura anarquista, como Lily Litvak».
«En principio la publicación va a tener una periodicidad anual, pero pretendemos que sea semestral», señala el director y antropólogo. «La presentamos en formato libro, porque a la mayoría de las librerías les es más fácil ponerla a la venta», señala.
«Lo que pretendemos -añade- es que la revista sea un instrumento importante de diálogo sobre las cuestiones que afectan a la antropología y a la comunicación».

El Informador (México).- El arqueólogo Felipe Solís Olguín, director del Museo Nacional de Antropología (MNA) de México desde el año 2000, falleció a consecuencia de un paro cardiaco, informó el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta). Solís es considerado uno de los artífices de la arqueología moderna, y fue el primero en identificar el monolito de la diosa Coyolxauhqui al ser descubierto en 1978, cuyo hallazgo dio pie a la creación del Museo del Templo Mayor en Ciudad de México. El Conaculta y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) realizarán una ceremonia luctuosa en su honor en unos días en el Museo Nacional de Antropología. Solís, nacido el 18 de diciembre de 1944 en el Distrito Federal, fue investigador del INAH desde 1972. Como arqueólogo de campo realizó importantes aportaciones para desentrañar la historia de las culturas antiguas, sepultadas bajo Ciudad de México. Publicó más de 200 artículos de investigación y difusión, y además, es autor y coautor de 30 libros de temas de arqueología, antropología e historia, y dio de 400 conferencias y 20 diplomados.

La Razón (Bolivia).- Arqueólogos de Bolivia y Perú iniciarán el 5 de mayo el registro de 50 kilómetros de caminos prehispánicos que se conservan en la frontera entre ambos países. Este trabajo se enmarca en el proyecto Qhapaq Ñan (Camino principal andino), que reunirá los tramos de seis países para proponerlos ante la Unesco como patrimonio de la humanidad.

“Bolivia junto con el Perú empezará desde este 5 de mayo a hacer el registro de los caminos prehispánicos que entrarán en la carpeta de postulación a Patrimonio de la Humanidad. Estamos hablando del tramo La Paz – Cusco y dos ramales que nos conectan como tramos binacionales”, sostuvo a La Razón David Aruquipa, director de Patrimonio del Ministerio de Culturas.

El primero de los dos ramales se ubica en la provincia Omasuyos. “Viene desde Puerto Acosta hasta Viacha y pasa por el lado de Carabuco y los pueblos cercanos al lago Titicaca”, dijo Aruquipa.

El segundo ramal va desde el municipio de Desaguadero hasta Viacha y se extiende a los municipios de Guaqui, Tiwanaku, Laja y otros cercanos. Según Aruquipa, en esta oportunidad llegarán seis técnicos del Perú y trabajarán con 10 profesionales bolivianos, entre arqueólogos, antropólogos. “Serán 10 días de trabajo de campo, pues además de los caminos, se tienen que registrar otros sitios arqueológicos relacionados con el proyecto”. Sólo para estos trabajos el Ministerio de Culturas invertirá 50 mil bolivianos.

El registro de rutas del Qhapaq Ñan, además de tramos en Perú y Bolivia, incluye rutas ubicadas en Colombia, Ecuador, Chile y Argentina. Según el Director General de Patrimonio, con estos países se consensuó un formato de fichas que se utilizarán al momento de registrar todas las vías. En el trabajo binacional, el llenado de fichas “tomará al menos un mes y medio”.

Sin embargo, aún falta registrar otros importantes caminos precolombinos en Bolivia como la ruta del Choro, el Takesi, el camino de Yungacruz y el de Tupiza, entre otros, aclaró Aruquipa y agregó que el levantamiento nacional de datos en estas vías concluirá a fines de este año. Para todo el proyecto, Culturas invertirá 340 mil bolivianos.

Luego de una severa enfermedad, el jueves 9 de Abril falleció a los 64 años en la ciudad de Río de Janeiro la antropóloga brasilera Lygia Sigaud. Lygia Sigaud era graduada en sociología por la Pontifica Universidad Católica de Río de Janeiro (1967), poseía una maestría en Antropología Social por la Universidad Federal de Río de Janeiro (1972) y un doctorado en Ciencias Humanas (Antropología Social) por la Universidad de São Paulo (1977). Se desempeñaba como profesora asociada al departamento de Antropología del Museo Nacional (UFRJ), era editora de Mana. Estudos de Antropologia Social, coordinaba un grupo de investigación sobre los procesos de transformación del mundo rural y co-dirigía el Núcleo de Cultura e Economia (NUCEC) del Museo Nacional. Sus actividades de investigación y enseñanza se focalizaron en la teoría antropológica, la historia de la antropología, el estudio de los intercambios y las obligaciones sociales, los movimientos sociales, el derecho, la ocupación de tierras y los procesos de transformación en las plantaciones de Pernambuco.

Lygia Sigaud desde hacía varios años había profundizado sus vínculos con nuestro país dictando seminarios, conferencias u orientando a jóvenes investigadores.

Desde el frente de un curso o durante una conversación informal en un café de Buenos Aires, Lygia trasmitía con sus palabras y gestos un rigor intelectual anudado a la experiencia de casi cuarenta años como investigadora. Estas recomendaciones eran guiadas por un implacable apego al método etnográfico y por un uso no teórico de la teoría. Sus lecturas de Durkheim, Weber, Mauss, Bourdieu o Elias no eran enseñadas escolásticamente sino movilizadas para comprender las relaciones laborales en los ingenios de Pernambuco, las movilizaciones del Movimiento Sin Tierra o el objeto que el aprendiz de investigador le proponía como tema de tesis. El rigor epistemológico de sus reflexiones quedaba plasmado en la permanente recusación a un uso no controlado de las categorías o conceptos. (“¿Qué se quiere decir con movimiento social? ¿Qué se quiere decir con clientelismo político? Esas son pre-nociones.” Recuerdo que así “pasaba revista” a nuestros objetos de estudio en un curso dictado en la UBA). El mismo rigor aplicaba a las lecturas que se podían hacer de los textos antropológicos clásicos. “As vicissitudes do Ensaio sobre o Dom” -artículo publicado originariamente en portugués y traducido al inglés- es una excelente ejercicio del tipo reflexión que animaba el trabajo de Lygia, contextualizar las lecturas, observar los “intereses” de los difusores, etc.

El respeto intelectual hacia Lygia no se reducía a nuestro país o el suyo. (Una anécdota personal: cuando viajé a Paris para realizar mi doctorado trataba de compensar mis nulas credenciales académicas con la mención que Lygia me orientaba en mis estudios, eso bastaba para tener una acogida más favorable tanto entre los profesores de la EHESS como la ENS.). En junio de este año está programado realizarse en Francia un coloquio sobre la obra de Marcel Mauss, está prevista la participación de los más renombrados especialistas del mundo, entre ellos se esperaba a Lygia.

La desaparición física de Lygia Sigaud implica enfrentarse tanto al vacío de la persona que ya no está como a un legado intelectual que deja huellas imborrables para responder a aquellas preguntas que siempre tenemos dando vuelta en nuestra cabeza: cómo y para qué investigar.

Ariel Wilkis

Fuente: IDAES

Página 12 (Argentina).- Las diversas ramas del protestantismo fueron ganando millones de adeptos en todo el mundo, a veces escudadas en el vínculo directo con la divinidad y otras en el más puro marketing. César Ceriani Cernadas, doctor en Antropología por la Universidad de Buenos Aires y especialista en religiones, traza un arco que va desde los mormones hasta la Iglesia Universal del Reino de Dios y analiza un fenómeno que, en Argentina, ya está comenzando a echar raíces en la clase media.

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Por Javier Moro * para Página 12 (Argentina)

Una vez más los adolescentes y jóvenes emergen en la agenda pública ligados al tema de la (in)seguridad en los ámbitos urbanos. Estos discursos se instalan sobre la idea de peligrosidad en torno de los mismos y sustentan la necesidad de “mano dura” como mejor o única fórmula en pos de la defensa del resto de la sociedad (poner el eje del debate en la baja de la edad de imputabilidad es un ejemplo al respecto). En contrapunto pugnan los discursos que apelan a un enfoque de derechos e intentan dar cuenta de la complejidad de la problemática y, por ende, de su abordaje. Paradójicamente, mientras estos últimos discursos encuentran algunas fortalezas en reformas legislativas recientes que establecen un nuevo marco de acción hacia las políticas públicas (ley nacional 26.061 y ley provincial 13.298 que derogaron el patronato y la ley provincial 13.634 del nuevo régimen penal juvenil), ante la “opinión pública” aparecen en desventaja.

La escena mediática acota tiempos, simplifica y tiende a generalizar; en esas coordenadas la demanda legítima de seguridad ciudadana con frecuencia es puesta en contradicción con las modalidades llamadas “garantistas” y con los abordajes integrales en términos de derechos para adolescentes y jóvenes. A su vez, el conurbano bonaerense signado por la desigualdad y con amplias zonas de segregación se presenta como un territorio casi inexpugnable en términos de mostrar efectividad desde las políticas públicas que se enmarcan desde un enfoque de derechos.

En la provincia de Buenos Aires está en marcha un proceso de cambio en el marco de la nueva normativa con implicancias directas en los modelos de intervención hacia la infancia y la adolescencia (el pasaje de un modelo de tipo tutelar a uno de protección integral o garantista). Estas políticas impulsan una rearticulación desde el nivel provincial, un desplazamiento del Poder Judicial, un nuevo posicionamiento de los municipios y una implicación distinta de las organizaciones de la sociedad civil para el trabajo en territorio. Como todo proceso de política pública, la instancia de implementación presenta una gran complejidad por la multiplicidad de actores, el marco institucional y la dinámica organizativa que condicionan la puesta en marcha. Esto se ve potenciado en el caso de los municipios del conurbano por la heterogeneidad respecto de las capacidades de gestión de las áreas sociales, las que deben asumir un papel inédito hasta entonces en materia de políticas de infancia y adolescencia.

Este proceso implica un doble desafío en términos de gestión: por un lado, la transformación de las áreas organizacionales del nivel central con largas trayectorias bajo el anterior modelo tutelar y anclados en dispositivos judiciales y, por otro, la puesta en funcionamiento de un dispositivo novedoso en el nivel local tanto en la promoción como en la protección y restitución de derechos. Allí, la “bajada” del nuevo modelo traslada hacia el nivel local una tensión: mientras la línea de acción de las intervenciones de restitución de derechos aparece más orientada por la lógica del “caso a caso” (intervenciones personalizadas con los niños/as y adolescentes y el grupo familiar), la puesta en funcionamiento de políticas activas de promoción de derechos en el territorio implica la puesta en funcionamiento de líneas de acción en una escala mayor que incida en la situación social efectiva de la infancia y la adolescencia. Sin embargo, las áreas sociales de los municipios suelen verse demandadas (y con frecuencia desbordadas) por la emergencia constante que plantea la atención de las situaciones de vulneración de derechos y esa dinámica conspira para la implementación de políticas territoriales de promoción de derechos (sean éstas directas o muy articuladas con las OSC que trabajan en el territorio).

Si el espacio mediático, por las características de simplificación y sensacionalismo, resulta de por sí un escenario a contrapelo para la legitimidad de las nuevas políticas, la instalación de modelos donde prima la lógica del “caso a caso” en los nuevos servicios locales de los municipios plantea el dilema de que la mentada transformación se reduzca (exclusivamente) a un cambio de procedimientos (bienvenido, por cierto), pero cuyo precio sea posponer (una vez más) la implementación de una política efectiva (y a escala) de inclusión social para los adolescentes en el ámbito local.

* Antropólogo, investigador, docente de la Universidad Nacional de General Sarmiento.

El Dr. Andrew Clarke, (Postdoctoral Fellow del Allan Wilson Centre for Molecular Ecology and Evolution, y Departamento de Antropología de la Universidad de Auckland, Nueva Zelanda), dictó el pasado martes 31 de marzo la conferencia “Orígenes del camote y la calabaza en Polinesia: ¿Contactos prehistóricos con Sudamérica?”.

El encuentro, que abordó los resultados de estudios interdisciplinarios de genética, etnobotánica, arqueología, lingüística, y biogeografía, fue organizado por el Núcleo de Investigaciones Insulares y el proyecto Fondecyt 1080061: “Orígenes de la población Rapanui: Análisis genético de una planta culturalmente importante de Polinesia”, a cargo de la Dra. Andrea Seelenfreund, del Departamento de Antropología de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

La visita del Dr. A. Clarke está enmarcada en el proyecto FONDECYT 1080061, cuyos investigadores son la Dra. Andrea Seelenfreund, de esta Universidad y los doctores Sergio Lobos y Daniela Seelenfreund (Universidad de Chile) y que busca investigar sobre los orígenes de los pobladores originales de la Isla de Pascua.

El Dr. Clarke se refirió a los resultados de su tesis doctoral que se focalizó en documentar las migraciones humanas del Pacifico (Polinésicas) mediante el análisis de ADN molecular de plantas transportadas por el hombre. En esta presentación se mostraron los resultados de su investigación que demuestran que hubo contactos entre los colonizadores provenientes de la Polinesia con los habitantes de la costa sudamericana, mediante el análisis genético de dos especies vegetales (camotes y calabazas) que fueron introducidas en la Polinesia desde América.

El Dr. Andrew Clarke cursó estudios de doctorado en Biología de Plantas en el “Allan Wilson Centre for Molecular Ecology and Evolution“, de la Universidad de Massey en Palmerston North.

Actualmente, está realizando un postdoctorado en el Departamento de Antropología de la Universidad de Auckland, asociado al centro Allan Wilson, uno de los siete centros de investigación más importantes de la región y que cuenta con laboratorios en cuatro universidades, dedicados a proyectos de evolución, biodiversidad, migraciones humanas y modelos evolutivos.

Edición: Universia / RR