La Decolonización del género. Una perspectiva antropológica

Ivel Urbina Investigadora en el Museo Antropológico “Francisco Tamayo Yépez”. Venezuela

La antropología, como una disciplina académica-científica, se ha interesado históricamente por el estudio y la interpretación de los Otros no occidentales, particularmente, de las culturas indígenas y/o africanas. No obstante, paulatinamente, se ha preocupado en investigar las sociedades a las cuales pertenecen, es decir, las Occidentales, y las repercusiones de unas sobre las otras.

En Venezuela, desde la antropología, ha habido cierto desapego de las nuevas generaciones en proceso de formación por el tema indígena en las últimas décadas, aun a sabiendas de lo altamente afectadas que se encuentran estos pueblos por las relaciones de subordinación en las que se desenvuelven frente a la globalización y el sistema capitalista mundial.

Feminismo tradicional

Los movimientos feministas en Occidente surgieron en los años 70, en los cuales se luchó por los derechos y la visibilización de las “mujeres” dentro de estas sociedades estructuralmente masculinizadas. Esta sublevación fue realizada fundamentalmente por grupos de mujeres con características e interés comunes, en otras palabras, mujeres blancas, clase media, ama de casas, etc. quienes se manifestaron públicamente puesto que, consideraban que se encontraban en una posición de inferioridad frente a los varones, porque sus vidas transcurrían alrededor del quehacer doméstico y muchas no podían acceder a otros espacios públicos [1].

Por lo que, empezaron a rebelarse ante las normas represivas y excluyentes para ellas, logrando insertarse en múltiples espacios de orden público, donde pudiesen hablar y sobre todo, ser escuchadas.

No obstante, el feminismo constituido por estas mujeres no ha pretendido una igualdad para todas las demás, es decir -consciente o inconscientemente- han ido excluyendo a una cantidad de mujeres que no encajan dentro de sus referencias y agendas de lucha, véase, las lesbianas, indígenas, negras, entre otras.

Puesto que han concebido a la “mujer” (en singular) como una categoría universal, en la cual, todas compartimos las mismas problemáticas, luchas y consecuentemente, soluciones. No obstante, esto no es así de simple, puesto, como se hizo mención, existen una gran diversidad de mujeres y lógicamente, no priorizamos las mismas reivindicaciones. Esto dependerá no sólo de nuestro género, sino también de nuestra posición económica, ascendencia étnica y/o racial, religiosa, etc.

West y Fenstermaker [2], señalan: “El término ‘mujer’ funciona en realidad como un poderoso falso genérico en el pensamiento de las feministas blancas”. Por eso, aciertan en exponer, que una de las razones porque el feminismo no puede dar respuesta a todos los cambios que se han dado en las sociedades actuales: la globalización y el sistema mundo capitalista, es por el valor -casi ciego- que le conceden a la categoría de género, sin preocuparse por unirla a otros conceptos los cuales también integran las identidades individuales y colectivas en cualquier sociedad.

Mujeres indígenas

Particularmente, las mujeres indígenas, viven múltiples tipos de discriminación no sólo por su origen étnico sino además, por su género, tanto dentro como fuera de su comunidad.

Un ejemplo de esta complejidad son las mujeres indígenas, quienes provienen de una cultura distinta a la Occidental, por lo que tienen una visión de mundo y de género particulares de la cosmovisión de cada cultura, pero al estar los pueblos indígenas dentro de Estados-Naciones, han tenido que integrarse paulatinamente a estas sociedades para sobrevivir, aunque constantemente luchando por conservar y mantener sus identidades y culturas.

Éstas no están exentas de discriminaciones sexistas tanto dentro como fuera de su cultura de origen, pero, evidentemente, no en las mismas condiciones que las mujeres criollas. Por este motivo, también se han encontrado discrepancias con las agendas del feminismo clásico (quienes comúnmente consideran que deben “salvarlas”) viéndose en la necesidad de organizarse entre ellas para poder luchar por sus propios derechos.

Propuesta Decolonial

A partir de estas reflexiones han surgido múltiples movimientos feministas que no se sienten identificadas con el primero antes expuesto, y militan para sus propios intereses y problemáticas, en ocasiones, hasta rebatiendo aquellas.

En este escenario, aparece el feminismo decolonial, el cual: «se proclama revisionista de la teoría y la propuesta política del feminismo dado lo que considera su sesgo occidental, blanco y burgués» [3].

Buscan observar la problemática desde múltiples perspectivas, tanto las clásicas como las propuestas marginales y subalternas, para cuestionar y modificar los planteamientos universalistas dentro de este movimiento.

Asimismo, se ha cuestionado el “racismo del género” intrínseco a la misma categoría, por ser concebida desde la academia occidental para entender su propia realidad social, por lo tanto construido a través de una lógica heterosexista, binaria y dicotómica. «Una imposibilidad de la teoría feminista de reconocer su lugar de enunciación privilegiada dentro de la matriz moderna colonial de género” [3].

De igual forma, se observa el tratamiento poco relevante o invisibilizante que se le da a las diferencias entre las mujeres, independizando las distintas opresiones sufridas por ellas como si fueran de orden distinto, y enfocándose en los conflictos que para su parecer son los más importantes. Desvinculando “el género” de otras perspectivas y realidades.

Desde un punto de vista antropológico, esto es de vital importancia puesto que conocemos mejor que cualquier otra ciencia social, el grado de relevancia de la diversidad cultural para la solución de problemas de cualquier índole, y más cuando nos referimos a sociedades no Occidentales.

En el constante quehacer de esta ciencia, se ha redimensionado los estudios de género, debido a la perpetua interacción con pueblos indígenas y/o afrodescendiente con cosmologías diversas a la de nosotros(as). Todo esto, demuestra que no podemos regirnos por una sola perspectiva cuando las problemáticas alrededor del género tienen tan amplio espectro de posibilidades y realizaciones.

Por consiguiente, la instauración de una perspectiva decolonial en cuanto a las problemáticas de género, debe ser intrínseco a cualquier formación antropológica y académica en general, y principalmente desde Nuestra América, siendo especialmente sensibles a las dificultades que viven constantemente los grupos subalternos ante un sistema capitalista, opresor y excluyente.

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