España. Miguel Mezquida: «Hay una gran falta de empatía con las familias de los represaliados»

fotoscastellon20181116182917«La memoria es hija de la historia y hermana del corazón. Pues que no se nos olvide… Nunca». Esta reflexión de Forges preside la página web de ArqueoAntro, un equipo multidisciplinar de arqueólogos y antropólogos que con su labor está removiendo conciencias y sanando, si es que se puede, las heridas de las familias a las que el franquismo aniquiló. Todo está a punto para que empiecen los trabajos para exhumar los cuerpos de Rafael Prades (fusilado el 21-8-1939), Eduardo Ferreres (24-1-1940) y José Monfort (24-1-1940) en la fosa del cementerio civil de Castelló. El día elegido, el 20-N.

Llegan por fin las exhumaciones y empiezan el 20-N, un día sagrado para los franquistas. ¿Adrede o casualidad?
Te puedo asegurar que no se ha buscado esa fecha en concreto. Es una cuestión de plazos y trámites y justo coincidía que podíamos empezar el martes 20 de noviembre. Nadie tiene por qué tomárselo a mal, aunque ya hemos visto cómo está el ambiente en Castellón en la actualidad con el tema de la cruz del parque Ribalta.

La fosa del cementerio civil de Castelló es muy distinta a otras en las que han trabajado, como la de Paterna. Incluso sobresale por su singularidad. ¿Por qué?
En Castellón nos encontramos con una situación rara arqueológicamente hablando, porque no es normal que en casos de represión los cuerpos están enterrados de forma individual, no como en el caso que comentabas de Paterna, donde se fusilaba a decenas de personas para después meterlas en una fosa común todas juntas. En Castellón, extrañamente, tras los fusilamientos en el río Seco, se actuaba después individualmente señalando su ubicación, como se solía hacer con los soldados que morían en el frente»

Se supone entonces que hay más garantías de éxito a la hora de encontrar los restos de los tres republicanos fusilados…
En principio debe ser más fácil, pero con matices, porque sí hay puntos donde las familias pusieron arriba algún azulejo o memoriales que marcan las tumbas, pero hay otros casos que no tiene nada y eso implica delimitar bien la zona, lo que puede ralentizar. Lo principal es marcar bien el lugar donde puede estar el represaliado y, a partir de ahí, comenzar a bajar y encontrar el cuerpo.

¿Cuál es la planificación?
Trabajaremos en la zona un equipo de dos arqueólogos, dos antropólogos y una restauradora, además de voluntarios que vendrán en sus vacaciones para echar una mano. Nuestra idea es estar unas dos semanas y, si todo va como esperamos, poder encontrar los restos, que después enviaremos a la Universidad Complutense de Madrid para su estudio antropológico y, después, para el análisis de ADN, aunque esto ya tardará meses.

¿Es una presión añadida para esta clase de trabajos arqueológicos trabajar con las familias al lado?
En absoluto. La presencia de los familiares es fundamental para la cicatrización de sus heridas. Está claro que no es lo mismo que excavar una villa romana o un castillo medieval, porque aquí tienes un componente humano intenso, y el aspecto emocional es notable

¿También para los arqueólogos?
Sin duda. Es gratificante emocionalmente ver que tu trabajo tiene una utilidad más allá de la arqueología normal. Las familias están muy agradecidas y todos los que trabajamos en esto tenemos un claro compromiso por los derechos humanos y, quizás, una sensibilidad especial.

¿Qué opina de esa parte de la sociedad, bastante elevada, que critica que se subvencione con dinero público este clase de exhumaciones?
Pues lo veo curioso, porque habría que recordarles que el régimen franquista se ha podido gastar durante décadas millones de euros en exhumar a sus víctimas. Desde que se dan por fin ayudas, que empezó en 2007, se habrán exhumado en todo el país unos 10.000 cuerpos de represaliados de la dictadura por unos miles de euros. Es hasta barato. ¿Cuánto costó el Valle de los Caídos? Que lo traslade la gente que critica las exhumaciones a los precios actuales. Hay una falta de empatía en esta sociedad y es triste ese desconocimiento de los derechos humanos, que no sean capaces de solidarizarse con familias que podrán recuperar los restos de sus padres, de sus abuelos, y poder cerrar así un duro capítulo de sus vidas.

Fuente: Levante

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