La vampira de Venecia

marzo 12, 2009

Ideal (Andalucía).-La imagen de una vampira deambulando por la Venecia del siglo XVI no puede ser más romántica, aunque la realidad que dio origen a este tipo de fantasías fue mucho más cruda. Un equipo de arqueólogos y antropólogos ha encontrado el esqueleto de una mujer, víctima de la peste, cuyo cadáver fue profanado ante el temor de que regresara de la muerte. El cráneo tenía un ladrillo en la boca, destinado a impedir que la difunta pudiera morder. El equipo del antropólogo forense Matteo Borrini, de la Universidad de Florencia, encontró los restos de la ‘vampira’ durante la excavación de una fosa común en la isla de Lazzartto Nuovo en 2006, aunque el hallazgo no había sido publicado hasta ahora. El enterramiento colectivo fue uno de los muchos que se abrieron y llenaron con rapidez durante la epidemia de peste bubónica que acabó con un tercio de la población de Venecia en 1576. Uno de aquellos 65.000 muertos fue una mujer cuyo esqueleto apareció con un ladrillo en la boca. Según explicó Borrini, en aquella época estaba muy extendida la creencia popular de que la enfermedad era transmitida por vampiros. No se trataba de ‘no muertos’ al estilo de los descritos por Bram Stoker en ‘Drácula’, ni de sensuales vampiras como la protagonista de ‘Carmilla’, de Sheridan Le Fanu, sino de una variante de vampiro conocida como los ‘devoradores de sudarios’, que aparecen en el folclore de diversas zonas de Europa por lo menos desde principios del siglo XIV. Se creía que estos cadáveres reanimados comenzaban a alimentarse de sus propias mortajas, luego chupaban la sangre de los demás muertos hasta recuperar las fuerzas suficientes como para salir de la tumba y atacar a los vivos. Borrini señaló que los sepultureros observaban ‘síntomas’ que les hacían sospechar la presencia de uno de estos vampiros. Estas señales eran que el cuerpo permaneciera incorrupto, presentara el vientre hinchado y que la mortaja estuviera agujereada en torno a la boca. Los tres fenómenos tienen una explicación a la luz de la ciencia actual. Durante la peste era normal que los enterradores abrieran las fosas con frecuencia, por lo que no era raro encontrar un cuerpo en relativo buen estado. El vientre hinchado es resultado del proceso de descomposición y el agujero de la mortaja se explica por el efecto corrosivo de los gases y líquidos expelidos por la boca del difunto durante la putrescencia. Nada de estacas La forma de prevenir que estos cadáveres se levantaran era impedir su alimentación. Por lo tanto, el ‘remedio’ no era clavarles una estaca en el corazón ni rociarlos con agua bendita, sino meterles algo no comestible en la boca, generalmente una piedra o un ladrillo. En el caso del esqueleto veneciano, los sepultureros introdujeron la piedra con tanta fuerza que rompieron algunos de los dientes. Borrini, que acaba de presentar sus conclusiones en un encuentro de la Academia Americana de Ciencias Forenses, en Denver, afirma que su hallazgo es el primero de «pruebas arqueológicas de un exorcismo contra los vampiros». Sin embargo, otros expertos han criticado esta afirmación. Según la revista ‘New Scientist’, Peer Moore Jansen, de la Universidad Estatal de Wichita, en Kansas, objetó que él mismo ha excavado esqueletos similares en Polonia y aunque reconoció que el descubrimiento de Borrini es importante, puntualizó que «afirmar que se trata del descubrimiento del primer vampiro es un poco ridículo».

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