Entrevista a Norma Ratto, doctora en Arqueología, investigadora de la Universidad de Buenos Aires

agosto 6, 2008

Página 12 (Argentina).- Por Leonardo Moledo

–Ya la presenté en la bajada. Ahora cuénteme en qué consiste su trabajo.

–Nosotros tenemos unas camisetas con el logo del proyecto que llevamos a cabo y, en la parte de atrás, la siguiente inscripción: “Es dura la vida del arqueólogo”. Es algo que se vive con pasión, pero es difícil; a veces tenemos que estar luchando contra la indiferencia, como si todo hubiera empezado en 1492 o en 1810. El proyecto que dirijo desde el año 1994 está enfocado en un área del oeste de Catamarca, abarca toda la zona del valle de Chaschuil, que es el límite con la Cordillera de los Andes, y el valle de Abaucán.

–¿Y qué es lo que buscan ahí?

–Conocer la historia regional de la ocupación de esos espacios desde los momentos de las primeras ocupaciones por pueblos cazadoresrecolectores.

–¿Que fueron cuándo?

–Tenemos vestigios claros de alrededor del 7 mil antes del presente (que se cuenta como 1950). Alrededor del 5 mil antes de Cristo. Lo maravilloso de toda esta dinámica cultural y ambiental es que necesariamente lo abordamos desde un proyecto interdisciplinario. Trabajamos, en base a un objetivo común, con científicos de ciencias duras y ciencias blandas.

–¿Y cómo es esa historia regional que ustedes desentierran (literalmente)?

–Bueno, todos los productos (su lapicera, su cuaderno, sus anteojos) son productos sociales, marcan la existencia de un código social. Todos esos objetos son la piedra fundamental de la arqueología. Porque la arqueología trabaja con la materialidad que da cuenta de determinados tipos de comportamiento sociales, económicos, políticos.

–¿Cómo eran esas sociedades de hace tanto tiempo?

–Bueno, no es una cuestión ni lineal ni mecánica. Una de las cosas que lleva a estudiar la historia larga (desde los cazadores hasta los incas) es ver cómo funciona la memoria social: qué pervive, qué se transforma.

–Cuénteme qué es lo que pervive y qué es lo que se transforma.

–Para eso encaramos diferentes tipos de líneas de investigación: tecnología cerámica, arte rupestre, procedencias de materias primas para analizar el tema de la movilidad. Hay, a lo largo del tiempo, una recurrencia en determinados espacios utilizados. Todas estas sociedades estuvieron expuestas a catástrofes que provocaron, en algunos momentos, despoblamientos de áreas. Por ejemplo, imagínese sociedades que hace dos mil años practicaban la agricultura a la vera de los ríos y que de repente, por cuestiones tectónicas, el río empieza a cambiar, el agua se empieza a encajonar y se va ocho metros abajo. Lo que a nosotros nos gusta del proyecto es integrar los aspectos sociales, políticos e ideológicos con los avatares del medio físico.

–¿Quién era esa gente?, ¿qué hacía? ¿De dónde venía?

–Veamos la zona puneña de Chaschuil. Siempre fue, a lo largo de esta larga historia que le estoy comentando, un lugar de caza de camélidos, de llamas…, y es maravilloso cómo esa caza se está dando desde el período arcaico (las sociedades cazadoras recolectoras), pasando por las sociedades formativas (que son las primeras en las cuales empiezan los sistemas de organización más sedentarios, con liderazgos o cooperativismos). Ya en el 200 la gente vivía en aldeas, y es muy posible que los espacios vacíos fueran lugares de agricultura.

–Toda la zona esa, ¿no estuvo manejada por los diaguitas?

–Esa es una cuestión más histórica. Piense que en el lapso de cien años las poblaciones locales primero reciben la invasión incaica (que es un conquistador inteligente y aplica diferentes estrategias de acuerdo a las áreas) y luego la conquista española. Los incas lo que hacían era movimiento de pueblos: trasladaban a gente de un lugar a otro. Todo dentro de un mundo que no se puede comprender desde el punto de vista de la arquitectura mental occidental. No hay un objeto inerte, sino que en esa montaña vive algún espíritu, hay que pedir permiso para excavar. Es un mundo muy animado… Todo el imperio incaico se maneja con un esquema políticoreligioso diferente.

–¿Las poblaciones locales resistieron a los incas?

–Bueno, eso habría que verlo. No hay evidencia de violencia, aunque también hay que comprender que las resistencias no son únicamente armadas. Pero no es lo mismo que pasó en siglos posteriores, cuando las comunidades se organizan para realizar las famosas Guerras Calchaquíes al español. Es importante saber que cada uno de estos valles tienen una historia particular. No hay un patrón general.

–La sociedad inca era vertical, aristocrática. Esta sociedad, antes de que llegaran los incas, ¿cómo era?

–Por ahora (a la investigación le falta bastante) no podemos decir que en estas sociedades existiera una jerarquización, sino que las complejidades pueden estar viniendo desde otros lados: organización del trabajo, manejo de la tierra. No necesariamente tiene que haber una estructura jerárquica. Muchas veces la antropología biológica sirve para eso, por ejemplo encontrando un esqueleto y viendo si hay diferenciación en el acceso a los recursos.

–¿Y la hay?

–En algunos entierros hay objetos que acompañan al muerto y que no son ajuares, porque el ajuar sería algo específicamente elaborado para ese momento. El acompañamiento es algo que estaba dentro del concepto de uso y luego se liga a la persona que es enterrada. De una u otra manera, se piensa que los objetos reflejan lo que la gente fue en vida. Por ejemplo, un arpón puede decirnos que esa persona se dedicaba a la caza. Lo que pasa es que no hay un lineamiento directo, no hay relaciones mecánicas. Una persona que fue enterrada con muchos objetos no necesariamente era una persona importante.

–¿Se sabe qué idioma hablaban?

–La lengua perdida es el cacán. Hay palabras sueltas ahora, pero no está sistematizado. Luego fue reemplazada por el quechua.

–¿A la fuerza?

–No lo sabemos. La lengua es una cuestión identitaria (como lo es la arquitectura, la organización del espacio). Fíjese cómo, en Granada, los muros diferencian claramente lo que es interno de lo que es forastero. Hoy en día, a través de los estudios de arquitectura, se ha avanzado mucho en esta cuestión de la ocupación de gente en determinados lugares, porque se puede reproducir la manera de pensar y de hacer de esa gente. Y, además, la arquitectura tiene la ventaja (para nosotros) de que es fija. Eso nos da un grado de certidumbre muy importante.

–¿Cuánta gente vivía allí?

–No tenemos cálculos demográficos muy precisos. Lo que sí puedo decirle es que las catástrofes naturales hicieron que fuera un área que se pobló y se despobló mucho. En otras áreas, en otros valles, la cantidad de terrazas de cultivo hace pensar que se abastecía a mucha gente.

–¿Cuánta? Aproximadamente.

–No tengo las cifras. En todo el Imperio Inca, por ejemplo, eran 5 millones de personas aproximadamente en el momento de esplendor. Hay una cacería, con alto contenido ritual y simbólico, que se llama chacu (caza de la vicuña), que se sigue realizando. Las fuentes dicen que el chacu es una caza comunal, en la cual no se agrede al animal, sino que se lo conduce y se lo encierra. Y hay fuentes históricas que dicen que en esas cacerías participaban más de mil personas. Nosotros hoy tenemos registros materiales de estas cazas materiales en zonas en donde ya no vive nadie. Ni una persona. Lo que trajo la conquista española fue una reestructuración total de la sociedad. Y, por si fuera poco, los virus viajan más rápido que las personas. La gente empezaba a morir por enfermedades desconocidas antes de haber visto a un español.

–¿Había mucho contacto entre los distintos valles?

–Ahí entra a jugar el tema de las fuentes etnohistóricas, que se refuerzan por la arqueología. Las fuentes dicen que sí, que había determinados grupos que sí estaban emparentados. Hay otros que parecen más aislados, y una de las interpretaciones que manejamos es que en época tardía se recoloniza esa zona pero viniendo de la mano del inca. La gente de otros lugares, posiblemente en la zona de La Rioja, llega al valle, pero de la mano del inca. Siempre es necesario periodizar, ordenar el mundo. Pero eso es un modelo, no es fijo.

–Esos grupos, ¿cómo combatían el problema de la endogamia?

–A ver… hay, por ejemplo, un bebé enterrado en la zona de Antofagasta que tiene una concha en el pectoral proveniente de Santiago del Estero. Eso nos puede estar dando indicio de las mujeres como grandes conductoras de alianzas, de matrimonios. Es muy importante el movimiento de las mujeres. Si uno por una alianza se va a vivir a otro lado, está teniendo dentro de la concepción determinados valores que son de la zona de donde uno proviene. Tampoco hay que olvidar la figura del muerto como legitimador de espacios: es algo así como la escritura que uno hereda de su padre y de su madre como propietario de un terreno.

–Hay un momento en Cien años de soledad en el que José Arcadio Buendía le dice a Ursula: “Nos vamos de Macondo”. Ursula le contesta que no, porque son de allí, a lo que José Arcadio replica: “No somos de acá, porque aún no enterramos a nadie”.

–Claro. Eso también nos lleva a que es muy posible que la gente al trasladarse se esté llevando a sus muertos para enterrarlos en otro lado. El gran problema en nuestro país es el tráfico de piezas, el vandalismo, que dificultan muchísimo el trabajo. Nuestro gran enemigo público es Indiana Jones, aquel que va siempre detrás del objeto por el objeto mismo sin intentar contextualizar (que es la verdadera tarea del arqueólogo). Imagínese usted si todos los docentes de todo el país hubiéramos hecho cien días de paro. ¿A quién se le mueve una pestaña?

–Yo creo que hubiera sido un lío grande.

–Yo no sé…

–Si hubieran cortado las rutas, sí.

–Sí, seguramente. Pero a lo que voy es a que una sociedad que no valora lo que tiene no lo puede proteger.

–Para eso hago esta página: para que, al menos quienes la leen, empiecen a valorar. Pero hay una pregunta que usted no me contestó: ¿Quiénes eran?

–Es difícil contestarle, porque estamos hablando de miles de años, durante los cuales se producen grandes transformaciones dentro de la sociedad. Pero fíjese que, a pesar de las diversidades que puede haber dentro de una sociedad, hay lugares donde se presentan códigos compartidos. Un ejemplo es el arte. Una de las materias en las que queremos empezar a incursionar es relacionar el arte que viene del arcaico con el formativo.

–Dejemos el misterio de quiénes eran, entonces, para otra charla.

–Otras charlas. Por suerte la ciencia funciona generando una respuesta y diez nuevas preguntas.

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