“Hay que desmitificarla historia mesoamericana”

marzo 27, 2008

Milenio (México)

El interés de Christian Duverger por la historia de México, sobre todo la prehispánica, viene de tres décadas atrás, al grado de compartir sus investigaciones lo mismo en la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales de París que en la Escuela Nacional de Antropología e Historia o en la UNAM.

A partir de tales antecedentes, el estudioso llama a cambiar la forma de entender la historia prehispánica de México, inadecuada por dos razones: por ser decimonónico y europeo, además de 50 años a la fecha se han producido una serie de descubrimientos que “nos obliga a transformar nuestros puntos de vista”.

“La estructura de la historia prehispánica se construye en el siglo XIX, cuando había pocos datos y mucha reconstrucción artificial. Ello cambió, porque hoy disponemos de muchos datos, hay una arqueología muy bien hecha, con muy buena calidad, y tenemos datos que nos permiten entender cosas que hace 150 años resultaba imposible.”

A ello habría que sumar que en el territorio de Mesoamérica se desarrolló una cultura totalmente diferente a la del viejo mundo, pero cada vez que se intenta utilizar un elemento de comparación sobrevienen las equivocaciones porque utilizamos conceptos que vienen de nuestra cultura occidental.

En ese contexto aparece el libro El primer mestizaje (Taurus/UNAM/Conaculta-INAH, 2008), en el cual, Duverger apuesta por apoyarse más en la realidad indígena a fin de comprenderla de mejor manera, bajo la seguridad de que la visión tradicionalista, forjada en el siglo XIX, ya perdió su pertinencia.

De acuerdo con el autor de títulos como El origen de los aztecas o Mesoamérica. Arte y antropología, fechar el pasado prehispánico a partir de Preclásico, Clásico o Postclásico sólo refleja el intento por convertir a los mayas en los griegos del nuevo mundo. “El marco decimonónico, por ejemplo, está muy vinculado con la visión nacionalista que se manejaba en Europa a mediados del siglo XIX, cuando se reconstruyeron las Naciones-Estados y la organización mundial de los territorios, proceso en el cual se inventó que a un territorio debía corresponder un pueblo y un idioma.

“Aquí no tenemos eso, sino un territorio con una ocupación compartida entre varios grupos que viven y conviven en la misma geografía, a veces en las mismas ciudades y tampoco se impide que un nahua mantenga su lengua al lado de un otomí.”

El sacrificio humano

Otro elemento a ser valorado en la nueva visión sobre el pasado prehispánico se refiere al territorio de la escritura, pues desde la perspectiva eurocentrista se piensa sólo en el lenguaje fonético del viejo mundo, sin tomar en cuenta la existencia de uno ideográfico.

“El sacrificio humano se encuentra en la misma posición: se daba para evitar las guerras y las matanzas. Entiendo que podemos tener un sentimiento de barbarie frente al sacrificio humano, pero finalmente con ello no se mataba a nadie en el campo de batalla, se captura y son los sacerdotes los que administran la muerte sagrada de una forma muy ritual y codificada. Una especie de control de la violencia humana, una invención cultural como otras.”

El propósito de Christian Duverger con El primer mestizaje ha sido señalar a Mesoamérica como el territorio de una civilización compleja.

“La historia prehispánica de México es poco legible, se ha escrito a base de misterios, de una historia romántica: no sabemos por qué salen los olmecas y luego desaparecen, por qué salen los mayas y abandonan sus ciudades. Eso no constituye una historia, sino unos pedazos de historia y el libro intenta ofrecer una lógica de esta sociedad antigua: una dinámica histórica de larga duración.”

El mestizaje en Mesoamérica

El hilo conductor de El primer mestizaje llama a salir de la visión monoétnica del territorio. La teoría de Duverger es que siempre convivieron grupos diferentes en un mismo lugar.

A partir de ese razonamiento, el investigador recuerda que en la historia tradicional hay una secuencia que parte de la existencia de épocas dominadas por agricultores arcaicos, luego por una sociedad teocrática y, al final, una cultura militarista, con el sacrificio humano como mejor ejemplo, pero “eso es totalmente falso, porque el sacrificio existe desde los inicios: la violencia está en el hombre”.

La idea sería que al inicio, hacia el año 1500 antes de Cristo, había sedentarios en la casi totalidad de Mesoamérica y unos nómadas, nahuas o protonahuas, se asentaron entre los sedentarios agricultores.

“Lo que ocurrió es que fusionaron las dos culturas, lo que para mí es el inicio de Mesoamérica, y cada quien vino con sus tradiciones, sus creencias y su cosmovisión, (aunque) decidieron recomponer todo eso para inventar una manera de convivir”, a decir de Duverger.

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