Nuevos enfoques interdisciplinarios de la Antropología Física

junio 23, 2007

Agencia Cuasar (México)

La investigadora emérita del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Margarita Nolasco, afirmó que es posible entender el proceso de adaptación de las poblaciones humanas prehispánicas y del virreinato a factores socioeconómicos y ambientales, pero difícilmente se puede conocer el mundo de las ideas y creencias, por ejemplo, de la maternidad y la implicación de tener muchos hijos o pocos a partir de abortos inducidos.


La también etnóloga explicó que existe un patrón cultural que pudo llevar a nuestros antepasados a pensar que “la maternidad es el destino último de la mujer, y que tener muchos hijos era lo adecuado”.

En condiciones difíciles —agregó—, como en el caso de los actuales grupos del desierto, mucha descendencia es un “estorbo” para el nomadismo estacional y para la vida misma, por consiguiente, se llevaban a cabo abortos eficaces y continuados, en los que la mujer no muere.

Sin embargo, a partir de los restos óseos, producto de esa práctica abortiva, es casi imposible registrar el número de legrados que se practicaron en el pasado prehispánico o virreinal, de ahí que en el estudio de poblaciones antiguas con base en huesos u otros objetos, es imprescindible la colaboración interdisciplinaria de antropólogos sociales y físicos, arqueólogos, etnohistoriadores y etnólogos.

Lo anterior fue comentado por la investigadora emérita del INAH con motivo de la publicación del libro Salud y sociedad en el México prehispánico y colonial, obra que coordinaron las antropólogas físicas Lourdes Márquez Morfín y Patricia Hernández Espinoza, en coedición del INAH, la Escuela Nacional de Antropología e Historia y el Programa de Mejoramiento del Profesorado-SEP.

La doctora Nolasco comentó que trabaja con poblaciones “vivas”, pero manifestó su preocupación sobre “cómo obtener datos precisos de esas comunidades a partir de los restos de los muertos”.

Antaño, los antropólogos poco podían hacer: medir huesos, contar tepalcates, limpiar y consolidar construcciones, registrar los cambios dejados en el medio ambiente y, nada más; de su organización social, mundo de ideas y creencias, ritos y mitos, sufrimiento y enfermedades, poco o nada se conocía.

No fue hasta la aparición de la antropología física cuando se consideraron no sólo los aspectos biológicos, físicos y demográficos, sino de organización social —como la estructura económica— y enfermedad, esto es, se recurre ahora a estudios biosociales a través de nuevas técnicas y metodologías, puntualizó Margarita Nolasco.

La historiadora y doctora en antropología social Leticia Reyna, por su parte comentó que el tema central del libro lo constituye el interés por explicar los procesos de microadaptación de los individuos en sociedades determinadas, es decir, en contextos históricos sociales específicos, con una orientación biocultural.

Las coordinadoras de la publicación —añadió—, toman en cuenta también el medio ambiente, ya que los ecosistemas forman parte de determinantes de la salud como pueden ser las condiciones físicas de medios selváticos, o bien de los sitios laguneros que influyen en los padecimientos de origen infeccioso.

Según las coordinadoras del libro, “se trata de un enfoque integral”, pero sobre todo —agregó— es multidisciplinarlo, de ahí que trasciende las fronteras de la antropología física. “Desde mi perspectiva como historiadora, lograron reconstruir el pasado, un pasado biológico, social y cultural de diferentes grupos, en distintas regiones y épocas de México”.

Detalló que la obra está organizada en dos partes. La primera abarca aspectos teóricos y metodológicos sobre el estudio de la salud, la nutrición y su articulación con la sociedad.

La segunda parte presenta resultados y planteamientos explicativos sobre estos temas a partir de estudios de caso en un arco temporal muy amplio, que va desde los análisis de grupo en el Formativo Mesoamericano (hace cuatro mi años), hasta una investigación sobre un grupo indígena en la ciudad de México durante el virreinato que tiene como base de análisis a los esqueletos excavados en lo que fuera el Hospital de San José de los Naturales, dedicado a los indios de la Nueva España.

En el capitulo dedicado a la transición de la salud —indicó Leticia Reyna—, se desarrolla una hipótesis explicativa del crecimiento demográfico ocurrido a finales del Formativo en el valle de México, contrastando la fecundidad con base en dos series esqueléticas.

La primera, de Tlatilco, constituida por aldeanos dedicados a la horticultura con una organización social de tipo clásica, y la de Cuicuilco, que presenta a individuos que vivían bajo un régimen político social que se ha identificado como el inicio del estado, en un asentamiento con características urbanas y un modo de subsistencia agrícola.

El trabajo discute cómo fue que a partir del cambio en la dieta variada, rica en proteínas, a otra con base en carbohidratos, se propició un aumento de la fecundidad. De acuerdo con los resultados, se piensa que en este momento se inició el incremento constante del tamaño de la población, lo cual se planeta como “la primera transición demográfica ocurrida hace cuatro mil años”.

Al respecto, subrayó la investigadora, la tasa de fecundidad aumentó de 4.3 a 7.5 y el tamaño de la familia de 2.9 a 5.4 individuos en promedio, en el momento anterior a la conquista de México.

No es fácil reconstruir el pasado prehispánico a través de los huesos humanos de habitantes de diferentes épocas de regiones de Mesoamérica. Los restos óseos tienen información para quienes plantean preguntas producto de la teoría y un método de trabajo como presentan los coordinadoras del libro.

La publicación no sólo es un libro científico producto de la investigación básica, “sino un gran mérito que enseña cómo y qué hay que preguntarle a los restos óseos, lo que necesariamente se traduce en la posibilidad de hacer un nuevo tipo de antropología física”, concluyó.

Luis Alberto Vargas, antropólogo de la UNAM, manifestó que la información que ofrece el libro, “nos da una visión panorámica que nos permite saber qué daños a la salud han dejado huellas en dientes y esqueletos prehispánicos.”

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