Fredrik Barth: candidato al premio «Príncipe de Asturias» de Ciencias Sociales 2007

marzo 31, 2007

La Nueva España
AMABLE CONCHA

AIBR (Antropólogos Iberoamericanos en Red) ha registrado el pasado 16 de marzo de 2007 la candidatura de Fredrik Barth a la XXVII Edición del premio «Príncipe de Asturias» en la modalidad de Ciencias Sociales. A la iniciativa de nuestra asociación se han sumado ya más de ciento ochenta siete apoyos internacionales provenientes de antropólogos particulares, departamentos universitarios e instituciones diversas, entre ellas la International Union for Anthropological and Ethnological Sciences o la «relevantísima» American Anthropologist Association, que ha considerado «una excelente noticia la candidatura de uno de sus miembros más preeminentes a este prestigioso premio», manifestando estar «muy esperanzados con el éxito de esta nominación».
¿Qué ha llevado a tantos a movilizarse tanto en tan poco tiempo? Sin duda, los méritos del profesor Barth. Este antropólogo noruego ha combinado a lo largo de su dilatada trayectoria un importantísimo trabajo de campo en algunos de los lugares más conflictivos del planeta: Afganistán, Sudán, Pakistán o Irán, con un impresionante currículo como profesor universitario: Cambridge, Yale, U. C. Berkeley o Harvard, entre otras, encontrándose desde 1977 como titular en la Universidad de Boston.
Su contribución a la antropología social es tan importante y crucial que el profesor Warren ha definido como Barthean break -«revolución barthiana», podríamos traducir-, su premisa teórica consistente en que toda investigación de los límites culturales ha de preferenciar el enfoque sobre la organización social de dicho límite frente a los discursos y los significados. O, dicho de otra forma, que importa más el límite en sí que el propio contenido cultural que éste pretende encerrar. En la página web de la candidatura: http://aibr.org/antropologia/aibr/barth.php, podrá el lector interesado obtener más información, incluida una excelente entrevista en profundidad con el propio candidato, realizada por Robert Anderson.

Particularmente, quisiera aprovechar estas páginas para reivindicar ciertos aspectos de perfil del candidato. Una teoría sobre la organización social de las diferencias culturales es evidente muy necesaria en la actualidad, si os ayuda a comprender tanto la reivindicación del profesor Orta de esa «capacidad panhumana de eliminar las diferencias culturales», como que el límite cultural puede persistir pese a los fenómenos de tránsito personal y aún obrándose interacciones e interdependencias interétnicas. Una verdadera antropología del conocimiento -donde la obra de Barth es también pionera-, actúa, entonces, como disolvente eficaz de los efectos de la acción política sobre las diferencias culturales, descubriendo las verdaderas intenciones que subyacen tras esa categorización de «los otros», en que toda ideología etnocentrista funda su razón de ser. El problema de los nacionalismos de corte etnocentrista no es exclusivamente ibérico, aunque aquí se manifieste, en algunos momentos y lugares, con cierta pujanza.

En el caso de Asturias al lector le interesará saber que la metodología propuesta por Fredrik Barth ha permitido un diagnóstico certero de ciertas actitudes «imperialistas» sustentadas por movimientos de construcción nacional vecinos para la comarca Navia-Eo (I. Llope), mientras que, desde el punto de vista académico, su apuesta por una teoría relacional basada en el análisis transaccional ha sido reveladora como el mejor camino para explicar el origen y naturaleza de nuestras queridas costumbres jurídico-públicas, el derecho consuetudinario público asturiano.

Desde 1983, en que fue premiado el etnógrafo español Julio Caro Baroja, único antropólogo que ha recibido el premio «Príncipe de Asturias» en la modalidad de Ciencias Sociales, este apartado ha distinguido a juristas, economistas, sociólogos, filósofos, todos de enormes y justos méritos, tantos, al menos, como los que pueden ahora reclamarse para la candidatura propuesta, que, además, presenta el «quantum» suplementario de venir a «corregir» esa tendencia en la historia de los premios equiparando la presencia de nuestra disciplina, tal y como -justo es reconocerlo- sí se hace en las bases del galardón.

Las felicitaciones que AIBR se merece por la acertada iniciativa y su eficaz gestión habrán de quedar claramente superadas, esperamos, por la enorme alegría que habrá de suponer para todo el gremio antropológico la concesión de este premio a Fredrik Barth -en reconocimiento a esa «contribución relevante y beneficiosa para la Humanidad»-, pero también como estímulo y acicate para otros muchos compañeros y compañeras y, a buen seguro, para que el gran público conozca un poco mejor los objetivos y logros de una disciplina, tan humanamente imprescindible como es la antropología social.

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