Resurrección del fútbol de campaña: el deporte como constructor de identidad en áreas rurales

marzo 8, 2007

Hugo E. Ratier (FFyL UBA, FACSO UNICEN, IIAO Olavarría, NADAR)

Leandro Etchichury (FFyL UBA, NADAR)

RESUMEN

Desde 1934 en la región central de la Provincia de Buenos Aires se llevaron a cabo campeonatos de fútbol, con el aditamento de otros deportes y juegos, organizados en torno a la Liga de Fútbol de Olavarría. Se llamó fútbol de campaña y se suponía que los participantes debían tener residencia en el campo. Con suerte diversa el campeonato rural se mantuvo hasta 1999, cuando cedió lugar al llamado papi-fútbol, de características estrechamente locales y organización más modesta.

Cuando parecía que el campeonato de campaña se había extinguido totalmente, en época muy reciente (2004) varios clubes representantes de diversos poblados, asumieron el desafío de volver a montar el torneo, que resurge con fuerza. Este trabajo explora algunas de las causas de ese fenómeno, así como su relación con viejas instituciones, los clubes de campo, y con sistemas solidarios ligados a la identidad, en los cuales el fútbol se inserta.

 Clubes y fútbol

En los pueblos rurales del interior bonaerense, los clubes de campaña son instituciones centrales que corporizaron una nueva sociabilidad, más allá del restringido ámbito doméstico. La gente lo siente así. Antes se estilaban las visitas mutuas entre vecinos, luego se tomó la costumbre de ir a los clubes y verse allí, le confiaba una informante a María Eugenia del Campo.

Hay clubes sin pueblo, como el de Iturregui, en Olavarría, en el que se reúnen pobladores dispersos de las estancias vecinas. Y en todos los casos el club es el edificio más importante de los poblados[1]. El modelo general comprende la llamada peña, algo así como la trastienda del local, donde está la cocina, su mobiliario y algunas mesas, y el salón. Uno de los integrantes del equipo, vinculado a la actividad teatral,  así lo describía en su diario de campo: Hay que registrar que “el salón” es en realidad un teatro con escenario all’italiana más que digno. Hasta tenía un cielorraso de machimbre supongo que para mejorar la acústica del techo parabólico. En el interior de Buenos Aires hay salas teatrales por todos lados,  fruto de la pasión filodramática de italianos y españoles (Juan Cortés). Testimonio de ésta son también los camarines, muchas veces usados como habitaciones para vivienda. En algún momento esa sala albergó obras de teatro montadas por aficionados. Hoy el escenario es usado por conjuntos musicales que animan los bailes[2].

Justamente la actividad danzante fue en el pasado motivación central para instalar el club. En tiempos de aislamiento bailar era la principal diversión. Hoy en día también el baile acompaña a todo tipo de actividades o celebraciones de los clubes. Sigue a las jineteadas y carreras de sortijas, conmemora los aniversarios del propio club, del pueblo o de alguna asociación. Y a veces es el tercer tiempo de un partido de fútbol o de bochas[3]. Muchas mujeres nos confiaron que para ellas, en los viejos tiempos,  era lo realmente importante de toda la actividad. Pero vayamos al fútbol.

 

El fútbol grande y el fútbol chacarero[4]

La bibliografía sobre fútbol desde las Ciencias Sociales lo enfoca como deporte urbano, “pasión de multitudes” en sus formas institucionalizadas. Las referencias al potrero analizan la práctica deportiva allí, más en función de la conformación de un estilo en ese relicto rural de las ciudades, que prestando atención a los aspectos organizativos entre quienes allí juegan.

Uno de los temas favoritos de esa literatura es el de las hinchadas, tanto masculinas como femeninas, en su relación con el equipo profesional y el club como institución. Hay una distancia social y simbólica entre el jugador y el hincha, que solo se acorta en el seno de algunas organizaciones de aficionados (barras bravas)[5].

Tanto en la Argentina como en Brasil, los distintos trabajos antropológicos sobre la temática del fútbol, trabajan el concepto de “identidad colectiva” y su vínculo con este deporte, a partir de una perspectiva que pone pie en los orígenes “aristocráticos”del fútbol en América del Sur. El papel  y el lugar social de los ingleses en estas pseudocolonias sudamericanas otorga atributos nobles a ese deporte inventado en una Inglaterra que para fines del siglo XIX y comienzos del XX continuaba siendo un faro que irradia civilización al mundo.

Con el fuerte proceso de inmigración hacia estas tierras y su pronta integración a la sociedad local un nuevo actor hará entrada como protagonista al mundo del fútbol, fenómeno que en un breve lapso permitirá desplazar  la hegemonía inglesa en el deporte del balón pie. A partir de esto, los análisis abundan en la diferenciación de estilos de juego y su masificación como deporte y espectáculo.

 

Archetti verá en aquellos primeros tiempos del fútbol un momento de transición en el imaginario nacional, que va de lo gauchesco, y su mundo rural, al compadrito de arrabal y el jugador “criollo”. Dos nuevos tipos de héroes populares en una Argentina, y más particularmente en una ciudad como Buenos Aires, que se moderniza y crece en lo urbanístico.

 

“Es interesante observar que lo ´criollo´ se define a partir de la predominancia de apellidos españoles e italianos. Lo ´criollo´ pasa a ser una fundación de los hijos de inmigrantes ´latinos´. Los hijos de inmigrantes ´ingleses´,  nunca fueron concebidos como ´criollos´, no se transformaron en ´criollos´ jugando al fútbol. ¿Cómo explicar estas diferencias? El razonamiento puramente genealógico da lugar a un razonamiento fundado sobre estilos de jugar. Los estilos, a su vez, van a estar basados en las diferencias étnicas conceptualizadas como diferencias de carácter y en la forma en que se estructuran los sentimientos y las prácticas corporales”[6].

 

Desde Brasil, Roberto Da Matta rescata del fútbol su fuerza simbólica como representación de la modernidad capitalista, en contra de sus orígenes elitistas y de una sociedad que arrastra un pasado de Imperio y su consecuente segmentación aristocrática. Con origen en las clases acomodadas vinculadas con el mundo británico, luego robado por el mundo popular. “Temos uma fome de pertencimento, fome de solidariedade, de saber que somos membros de um grupo“, con su consecuente producción simbólica  expresada en himnos, banderas, cantos, camisetas, etc.

 

“Os campeonatos começam com todos zerados, com o mesmo número de pontos. Começam numa igualdade e terminam numa estratificação, entre primeiro lugar – os campeões – segundo lugar, terceiro lugar. Esses campeões são campeões por apenas alguns meses, porque quando começa o campeonato seguinte, tudo é novamente zerado e se reinicia. O pressuposto, a metáfora da competição, uma metáfora do capitalismo ocidental, da sociedade moderna, é expressa no esporte. Ela aparece e molda a organização esportiva não só na disputa esportiva no campo, mas também na organização das unidades que disputam os campeonatos. (.) O prêmio pelo desempenho, que é um elemento fundamental da modernidade, tal como nós a conhecemos e tal como ela é hegemônica e dominante nesse planeta.”[7]

 

Da Matta destaca al fútbol como “drama de la vida social”, representándose en él cuestiones estructurales de la propia sociedad, lo que le otorga ese poder para configurar identidades de grupo, generando sentimientos de pertenencia (V. Leite Lopes y Faguer, 1994).

 

En nuestro trabajo dejaremos de lado cuestiones de orígenes y de estilos, para volver al campo. No al espacio mítico, estructurador de la nacionalidad argentina, sino al actual. Aquel, donde mujeres y hombres luchan a diario por sostener y desarrollar su propio espacio social. El fútbol y la pampa, dos ideas que no dejan de representar  dos metáforas de la nacionalidad.

 

El fútbol como juego colectivo, por lo tanto, es la expresión de un conjunto mayor: la comunidad. El equipo es la selección de los mejores exponentes de la sociedad y su sostén son los clubes que se multiplican  por la campaña como verdaderos núcleos de sociabilidad.

 

Archetti destaca para la ciudad: “Cada club tiene su estadio, una peculiaridad que la Argentina comparte con el fútbol británico, y su sede social y deportiva. Las sedes sociales, en muchos casos con bibliotecas importantes y salas de teatro, van a articular gran parte de la actividad cultural y recreativa de los barrios: bailes populares, fiestas sociales (casamientos, bautizos, días nacionales de las diferentes comunidades étnicas), festivales de teatro y bailes de carnaval, muy en boga en esa década (1910)” (Archetti 1995).

 

Los clubes son un espacio de socialización y construcción identitaria, fuertemente comprometidos con la continuidad del grupo, en los que también juega un papel preponderante el sexo masculino, aunque como veremos las mujeres no se resignan a ocupar un rol marginal. Parafraseando a Mauss, se trata de un lugar público que pone de manifiesto la unidad del grupo.

Pero historiemos ahora cómo ese deporte que arriba en manos (o, mejor dicho en piernas) británicas, y se expande desde el puerto a todo el país aparece en la campaña. Un anciano octogenario así lo recuerda:

Empezamos a jugar al fútbol desde muy chicos, porque la familia Huarte, de Azul, que arrendaba el campo, llegó con sus cinco hijos varones y llevaron las pelotas. Entre ellos y nosotros armábamos casi un equipo completo. (El Popular, 13 junio, 2004)

Ni él ni sus hermanos pueden precisar la fecha, “pero recordaron que la gente de los campos aledaños se juntó en la década del 30 y fundó el Club Iturregui…” (El Popular, cit.). Familias numerosas facilitaron la constitución de cuadros de fútbol, que fueron adoptando camisetas tomadas de diversos clubes urbanos argentinos y extranjeros (Estudiantes de La Plata, Nacional de Montevideo). Las exigencias de equipamiento eran pocas y simples[8]. En los primeros tiempos se jugaba con bombachas o polainas, con gorros blancos bordados por las mujeres.

La actividad fue creciendo tanto que de los desafíos ocasionales se pasó al torneo de campaña que, en su época de oro, reunió 17 clubes. En 1999, con solo cuatro equipos, asistimos a lo que parecía la caída final de la Liga del Fútbol de Campaña. En su lugar se organizó la estructura pragmática y más limitada del llamado papi-fútbol. (V. Ratier 2004: 95-105). Se señalaron como causas de esa decadencia, un apartamiento de los principios iniciales:

Y, ¿sabe qué? El hecho de que algún dirigente, o el presidente concretamente, quería ganar el campeonato, llevaba casi toda gente de acá de Olavarría. Un día fui yo a presenciar un encuentro, un partido y… y jugaron los juveniles. Fui a la cancha y empecé a hablar con los chicos, y les pregunté… Hablando, yo siempre, lo que quería saber es de dónde eran. Eran todos de Olavarría. Ahora, fíjese que… que falta de sentido, digamos, porque, nosotros entendemos que lo que los han heredado de los mayores es… por ejemplo, 16 de Julio es para la gente de 16 de Julio.

Entrevista R.S. dirigente histórico

Esa explicación atraviesa las generaciones.

Y… bueno, ¿qué pasó? Después se fue haciendo competitivo, los torneos, viste, se fueron agregando divisiones y… Y llegó un momento en que empezaron a traer jugadores de la ciudad. Empezaron primero con uno, después con dos, después con cuatro, y después estaba… el que conocía todas las maneras de meter el perro, y se traía un equipo completo, porque… acá pasó eso. En 16 de Julio llegó a haber las tres categorías de jugadores de la ciudad.

Entrevista WT, dirigente actual

Se establece así lo que fue llamado amateurismo marrón, es decir algo que aún no llega a ser profesionalismo pero que lo va insinuando. La financiación de esa suerte de mercenarios se hace difìcil. No se les paga directamente, pero se les ofrece vehículos para llegar al lugar del partido, comida, entradas gratis para la familia. Vienen con gusto, pues este fútbol sería más divertido que el urbano. El peso económico, en épocas que no son de bonanza, impone la sustitución de esta modalidad por la del papi.

En su momento (Ratier 2004: 103) interpretamos dicha sustitución como un conflicto entre dos lógicas: una la del Gran Señor, basada en la costumbre del gasto noble (Mauss, 1979: 246-247), ese que crea obligaciones inextinguibles entre quienes la ejercen. Dicho gasto estaba a cargo de los presidentes de clubes. El papi-fútbol encarnaba otra lógica basada en criterios más netamente capitalistas: achique presupuestario, imposibilidad de financiar un torneo muy extendido, estrategia regresiva impulsada por la globalización.

Para nuestra sorpresa en nuestra última ida al campo asistimos, de 2004 en adelante, a la resurrección del fútbol de campaña.

 

Cambios en el terreno

La sociabilidad campestre no limita los encuentros de la gente a una sola actividad. En las domas y jineteadas siempre hay una cantina donde se puede degustar toda la cocina criolla (con el infaltable asado) y luego, cerrando el día un baile o tertulia. Algo semejante ocurría con los partidos de fútbol. Que además, sistemáticamente, incluían otros agregados en lo deportivo. Por ejemplo, los tríos de bochas (dos divisiones masculinas, una femenina, y tríos mixtos) o los juegos de salón (mus, truco, canasta). La Liga de Fútbol de Campaña habría sido pionera en la incorporación de mujeres a esas actividades, incluyendo fútbol, y también en la creación de equipos juveniles.

Un antiguo dirigente, considerado el motor de estos torneos, nos explicaba:

Después de eso, después de los juveniles, yo también introduje el trío de damas. porque empezaban a jugar a las bochas, y claro, hay una cosa que a veces la gente de acá no la entiende, pero la familia de la… el torneo por ejemplo, la gente cuando va a un espectáculo, a cualquiera que sea, va la familia, porque no va a ir el marido y los hijos, va a dejar la mujer. Entonces iba la familia a los clubes de campaña. ¿Y cómo le podemos buscar la vuelta? Y bueno, le buscamos la vuelta de jugar un trío de damas…

Entrevista R.S. diciembre 2004

Cuando hay algún partido, pues, se trasladaba la familia entera, marido, mujer y niños y casi todos participaban en una u otra actividad. De esta forma se compensaban derrotas y triunfos en las varias modalidades. Y se incrementaba el número de personas que gestionaban su propio traslado, a veces a más de 100 kilómetros de distancia. El jugar un partido de fútbol fue el motivo para el traslado del entonces escolar, hoy dirigente, a una localidad distinta a la propia.

No, lo que le quiero explicar es porque proviene mi inquietud para hacerlos jugar a los chicos. La señora Mari, como le decíamos nosotros (a la maestra), que era prácticamente una segunda madre, nos hizo jugar al fútbol con los chicos de Espigas. O sea que vinieron los de Espigas, y después fuimos nosotros allá. Para nosotros, dese cuenta que era algo como tocar el cielo con las manos.

Entrevista R.S.

Ambas localidades, la Blanca Grande natal del informante y Espigas, están muy próximas, pero para él esa ruptura del aislamiento fue mágica y, en su percepción, lo inclinó para siempre hacia la promoción deportiva.

Pero ¿cómo fue que se resolvió retomar hoy estos campeonatos? En realidad nunca se quebró el vínculo entre los clubes de campaña. Desde los ´70 una cena anual congrega a sus directivos en un club urbano  (antes se juntaban en uno del campo), recurso implementado para que “los sirvan y las señoras no trabajen”. Allí recuperaban la interacción. En 2004, nos cuentan

Por suerte se sigue haciendo siempre (la cena). Hasta que se dejó el fútbol, el torneo. El año pasado, por iniciativa de la presidenta del club Muñoz y del presidente de Crotto, me comentaron de que tenían ganas de reunirse de vuelta. A mi me parece muy bien. (…)

Entonces nos reunimos a cenar en el Club Racing. Y bueno, ahí la conversación obligada fue, ¿porqué no iniciamos el fútbol, porque (no) nos vemos? qué se yo. Y bueno, vamos a verlo a Fulano, a Mengano, a Zutano, y si, así se hizo, ahí fue donde surgió. Este año, en los primeros días de marzo se hizo una reunión en la Liga, se invitó a los clubes. Vinieron todos, y de ahí se inició el….

R.S.

El primer torneo lo jugaron tres clubes cercanos. Luego, entusiasmados, se agregaron otros. Divididos en dos zonas, como en los viejos tiempos, se superan fronteras entre partidos.

  Y una cosa que yo siempre resalto, es que el fútbol de campaña ha sido, ha sido atractivo para distintos partidos, porque fíjese que 16 de Julio está en Azul, Luchador está en Juárez, Crotto y La Protegida, en Tapalqué, Paula, que en un momento jugó,(en) Bolívar, y Arboleda, y después que fue la Escuela 12, en Dereaux.   Así que era una cosa que… que se busca ahora, que se dan tantas vueltas, y que le dan tanta campana de agrupaciones, y bueno, el fútbol de campaña lo había hecho ya hace muchos años…  (R.S.)

Y el centro de todo eso es la ciudad de Olavarría, cuya Liga de Fútbol propicia el torneo.

Pero, ¿porqué justo ahora se reaviva un certamen que parecía muerto y enterrado? Según un comerciante local, jugador él mismo en el equipo de su pueblo, porque el campo se mueve, es decir, ha mejorado. Eso anima a mucha gente a donar vaquillonas y a otros a actuar como sponsors y proveer, por ejemplo, las camisetas. Con el alivio económico como causa del renacimiento concuerda el dirigente que entrevistamos:

Si, eso fue costumbre, por ejemplo para el aniversario del club, para una fiesta grande… Ahora el otro día en Santa Luisa le donaron tres, carnearon dos, y tienen tres más donadas para una próxima fiesta. Y hay gente, que se yo, que no le… que no le siente que tiene unas cuantas vaquillonas o vacas, y dona una, y ni la siente. Sentiría más a lo mejor dar cien pesos (ríe). (R.S.)

Revisando nuestras notas la alusión al factor económico como causa de la decadencia del torneo aparece recurrentemente desde 1999. La vaquillona pone en marcha nuevamente un circuito que tiene al consumo de carne vacuna como motor, y que supone siempre a la fiesta como agregado ineludible de todo tipo de actividades.

 

¿Y el Gran Señor?

El papi-fútbol, confrontación de equipos pero no de localidades, pareció signar el fin de la influencia de los Grandes Hombres y la imposición del costo-beneficio en la administración de los clubes. Sin embargo el desideratum sigue siendo que el Presidente de un club sea una persona notable, diferente de sus comandados. Así lo revela un reciente conflicto en Santa Luisa, donde una lista opositora se hizo con el poder contra la oficialista, apoyada por la autoridad municipal. La clave fue comprometer a un hombre de una familia tradicional, fundadora del club, con título universitario y actuación política notoria.

Cuando apareció A. fue una… como una bendición, porque, los otros muchachos, que se yo, con todo el respeto que me merecen, pero… hay algunas falencias como para… para ser directivos ¿no es cierto? Entonces aparece Alcides, y ahí, prácticamente se tranquilizó, la parte nuestra se tranquilizó todo. Tal es asi de que… Bueno, como Ud. dice que se había… como quien dice, se habìa movido el avispero, hubo una reunión que hubo… nos juntamos 200 personas… Hubo 155 votos para Alcides y hubo 47 ó 46… o 52 para C.. Casi 200 votos. Y bueno, ahí se marcó digamos el inicio de la…

R.S., dirigente histórico

Nótese, aparte, el grado de movilización conseguido por un club en un pueblo de  50 habitantes. Alguna vez hablamos de ese impresionante movimiento de sístoles y diástoles que por momentos reconstruye la comunidad original. El testimonio de un integrante de la nueva comisión más jóven, 45 años, es revelador:

Nos cayó a nosotros (el candidato a presidente). Y él es una persona, una persona, claro… porque es un contador público, que ha tenido…. que trabajó en la municipalidad… creo que fueron dos gobiernos … me parece que estuvo. Bueno, es un personaje… una persona conocida, tiene una estación de servicio, ahora tiene una empresa que vende neumáticos. No es como nosotros. Está unos cuantos escalones más arriba, así que a nosotros nos cayó bien, claro. Era como que… ¿viste?  La comisión del otro lado, eran todas personas… como nosotros, o algunas tal vez un poco peores.

Entrevista a W.T. noviembre 2004.

La pertenencia de clase del candidato fue crucial para su triunfo. El presidente debe ser de un estrato superior. Y eso es bueno ora porque puede dar él mismo, o porque puede pedir con éxito a sus pares. Dos resortes vitales para el buen manejo de la institución.

 

El interregno del papi: la disputa política.

El fútbol y los clubes que lo propician son terreno de disputa por el poder. Un hecho curioso es que al consagrarse la modalidad del torneo en pequeño, quienes lo propiciaron se atribuyeron las virtudes del viejo campeonato de campaña. Dicen haber implantado la modalidad mixta, con la inclusión de bochas y juegos de salón, para amparar a la familia, que el antiguo campeonato descuidaría. Pero hay datos fehacientes de que la iniciativa es, por lo menos, de 1970 y fue impulsada (e “inventada”) por la Liga de Fútbol.

Ante desavenencias entre antiguos integrantes del club, uno de ellos, funcionario político del municipio, propició la habilitación de una cancha “paralela” en el predio escolar a la que quiso dotar de alambrados y luces, para jugar allí un campeonato propio. Aparente desperdicio a metros del campo de juego reglamentario y equipado del club. Esto muestra cómo en los encuentros de fútbol no se compite solo por ganar el partido. El control del fútbol tiene valor político, y su dominio  importa.

De hecho, así como las cenas anuales de dirigentes de clubes en Olavarría mantuvieron viva la red social de la campaña, la modalidad de fútbol con aditamentos (supuestamente “inventada” ex-novo), aunque en pequeña escala, preservó la fórmula genética de esa forma de juego, como para que –cuando las condiciones socioeconómicas lo permitieran– la semilla rebrotara lozana. Nunca el fútbol fue solo un juego.

 

Fútbol de campaña: señas particulares

El retorno del campeonato campestre fue celebrado por (casi) todos. El diario local de Olavarría lo refleja:

Luego de años de inactividad, la Campaña hoy vive, y esa es la mejor recompensa que los nuevos dirigentes le pueden ofrecer a gente como… (nombra antiguos dirigentes y practicantes)…, que nacieron y crecieron tierra adentro.

El Popular, 13-06-04

Tras la crónica entusiasta de lo que se llama “la fiesta del hombre de campo”, el periodista apunta:

Hubo fiesta en la Campaña. La que estaba olvidada y debe volver para quedarse.

El Popular, 18-06-04

El centimetraje dedicado por los diarios al acontecimiento, que sin duda aumenta sus ventas en los parajes camperos, refleja el interés que toda la zona le brinda. Se cuenta, por ejemplo, el encuentro entre dos chicos, “y si no hubiese sido por el fútbol de Campaña, quizás nunca se hubieran cruzado en sus vidas, porque más de 100 kilómetros han separado sus infancias”.

Veamos algunas características de este llamado “deporte de tierra adentro” (designación que nos retrotrae a tiempos indios) comparándolo con el que se practica en las ciudades.

1. El equipo representativo del poblado rural no es profesional y debe estar integrado por nativos. No se aceptan las distorsiones de una época en que jugadores urbanos se adscribían a los cuadros de campo,  que se tiene como causa de su decadencia..

2. La reducción poblacional impone la convivencia en los equipos de varias generaciones. Jugadores muy jóvenes y adultos, padres junto a sus hijos. Una tradición local adiciona al fútbol otros deportes y juegos (bochas, mus, truco, canasta) lo que habilita la participación femenina y la de los niños. El fútbol es el núcleo de un complejo recreativo que gira a su alrededor.

3. El campeonato de campaña pone en relación a pobladores geográficamente distantes y provoca un enfrentamiento deportivo que, como toda confrontación, refuerza la identidad[9].

4. Al mismo tiempo crea una regionalidad nueva, que supera las fronteras entre partidos territoriales. Los viajes para seguir al equipo vinculan poblaciones. Las rivalidades unen tanto o más que las afinidades[10].

5. El fútbol supone diacríticos identificatorios. Se elige un nombre para el equipo, que no siempre (pero sí casi siempre) repite el de la localidad. Se viste una camiseta distintiva inspirada a veces en equipos profesionales, algunos extranjeros. Llevando las banderas de esos clubes se agrupan los pobladores y las hinchadas.

6. Club y localidad se confunden, lo que refuerza los efectos identitarios de la actividad. Al apoyar al equipo, se es hincha del pueblo en el cual se vive

7. El papel de la mujer de campo en el deporte difiere por completo del de las citadinas. Las chicas juegan fútbol a la par de los chicos ya desde la escuela, y hubo campeonatos femeninos en la zona mucho antes que esa modalidad se instalara en las ciudades. Eso hace que las mujeres sepan de fútbol y tengan un papel muy activo como hinchas[11].

8. El partido de fútbol no es el único acontecimiento de los encuentros. Estos incluyen partidos de bochas y juegos de cartas de varias categorías, con intervención de los distintos géneros y grupos de edad..

9. El encuentro asume características de fiesta y es acompañado por la provisión de comida y bebida según las pautas de la urbanidad campestre, y en muchos casos de bailes animados por músicos, ya cultores del folclore, ya conjuntos de música tropical. Se exige de esos artistas versatilidad suficiente como para incluir valses, tangos y pasodobles en su repertorio, para los bailarines veteranos[12].

 

Concluyendo

La relativa bonanza económica que significó para el agro el fin de la convertibilidad (2001) tiene como uno de sus indicadores el resurgir de formas de sociabilidad que parecían perimidas, en algunos casos, durante un lapso de 20 años. El campeonato de fútbol de campaña, tras un letargo de seis años, vuelve a disputarse. Frente a la limitación para integrar conjuntos deportivos que representa el despoblamiento, los impulsores de la actividad parecen doblar la apuesta[13].

Los recursos para financiar el torneo provienen de modalidades solidarias y redistributivas tradicionales hoy reactivadas, como la donación de cabezas de ganado vacuno (vaquillonas), el insumo más caro y apreciado para la comensalidad regional. Esto es lo que hace posible el asado, centro gastronómico de la fiesta, que es la principal fuente recaudadora de ingresos de la comunidad. Hay una inversión en trabajo gratuito o casi gratuito (asadores, mozos), en alimentos complementarios (ensaladas, choripanes, tortas, postres). Se reactiva así la red solidaria, y los servicios ofrecidos justifican el pago de entradas al juego, fuente de recursos monetarios muy necesarios, por ejemplo, para pagar a la orquesta o conjunto que animará el baile. Y reforzar las arcas del club[14]

Además, y como signo de los tiempos, empresas de insumos agrícolas actúan como sponsors y donan camisetas y zapatillas para los jugadores.

Y algo que no tiene cotización es la sensación de alegría que les da el torneo a estos trabajadores del campo y a sus familias, el sentirse alguien, el orgullo de vestir la casaca de su club, el salir en los diarios. Recuperar rivalidades históricas con los pueblos vecinos y no tan vecinos levantando una modalidad deportiva bastante diferente del modelo profesional que se impulsa desde las grandes urbes. Ser gente de campo no solo les da derecho a jugar, sino que es la condición exigida para poder hacerlo.

Larga vida al resurrecto fútbol de campaña.

 

Buenos Aires-Olavarría, mayo de 2005.


[1] V. Etchichury 2003a y b..

[2] La música en vivo es proverbial para los bailes de estos clubes. Los intentos de utilizar disk-jockeys, se nos dijo, siempre fracasaron.

[3] Una noticia periodística de los años ´60 registra el accidente que costó la vida a una conocida familia e (muy recordado en la zona) cuando su coche fue arrollado por el tren en el cruce, cuando venían de la fiesta que como todos los domingos seguía al partido de fútbol.

[4] El adjetivo chacarero es el que usa la prensa local para el deporte o el fútbol practicado en el campo. Se habla de “júbilo campero”. Cabe acotar que los nativos no se autodenominan chacareros, apelativo que distingue a los contratistas de maquinaria. La representación urbana cuenta cómo “…la cancha se fue colmando de a poco, con esa parsimonia tan característica de quienes ven transcurrir la vida a una velocidad diferente que en las ciudades grandes y en las medianas” (El Popular).

[5] Consultar, entre otros, Archetti 1997, 1998 y 2003; Conde y Rodríguez 2002; Faure y Suad 1994; Gastaldo 2001; Gil 2000-02;Leite Lópes y Faguer 1994;  Selim 1993; Soares 1999.

[6] Eduardo Archetti. Masculinidades. Fútbol, tango y polo en la Argentina. Antropofagia. Buenos Aires. 2003: 92 .

[7] Conferencia en el Seminario Internacional Esporte e Sociedade. 25 e 26 de novembro de 2003 SESC Vila Mariana. Brasil. (Hay publicación digital: http://www.sescsp.org.br/sesc/images/upload/conferencias/173.rtf) .

[8] “Sus propiedades intrínsecas, como el número limitado de reglas a respetar y las disposiciones requeridas para su práctica –es posible jugarlo no importa sobre qué superficie con los objetos más diversos– nos llevan a considerarlas la explicación de su popularidad. Si a ello agregamos que el fútbol posee una fuerte resonancia identitaria y afectiva, susceptible de ser comprobada a escalas tan diferentes –al nivel de la aldea, de la nación y aun del continente– todo contribuye a crear la ilusión de un acceso directo a la comprensión de este deporte, cuyas significaciones serían naturales e inmediatas, y cuya universalidad reposaría sobre la expresión espontánea de las grandes pasiones humanas” (Faure y Suaud 1994: 3; mi traducción).

[9] Roberto Da Matta (2003) ve al fútbol como “drama de la vida social”. En él se representan cuestiones estructurales de la comunidad, por lo que se transforma en un elemento conformador de la identidad local. Su poder simbólico (metonímico) crea idea de pertenencia social a un grupo, construcción que se realiza a partir de una historia que se mitifica.

 

[10] “…El domingo pasado fue una fiesta… porque se disputaron varios deportes, y lo lindo de todo es la camaradería que existe…” (no obstante el aliento de cada hinchada a su equipo).

[11] Nuestros informantes masculinos sostienen que la rivalidad entre mujeres en el campeonato femenino era más acirrada que la de los hombres: se agarraban de los pelos, afirman. Era muy difícil mantener el orden, y por eso habría cesado la actividad. 

[12] Hubo vuelta olímpica multitudinaria … También definición en bochas y juegos de salón; mate, tortas, pasteles, asado y baila hasta pasada la medianoche, con la música de Ilusión Tropical, como en cada fecha que se desarrolló en Iturregui (Diario El Popular).

[13] Entre las soluciones está la de considerar integrantes legitimos de los equipos a los jóvenes emigrados a las ciudades vecinas, todavía federados al club de su pueblo. Esto implicaría una verdadera reconstrucción de la comunidad original. Recientemente se propuso ampliar las divisiones que disputan el torneo, agregando una de reserva a las de primera y juveniles.

[14] Las cuotas sociales de los clubes de campaña son increíblemente bajas. Tres o cinco pesos anuales por ejemplo, que dan derecho a comer gratis en las fiestas, pese a lo cual casi todos los socios son morosos.

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