La galería de los recuerdos: liderazgo y tradición política peronista en Misiones (parte final)

noviembre 14, 2006

 Germán Soprano

 Revista Etnia (Olavarria) Nº 44/45


 

La desconstrucción de la Galería de los Recuerdos y el fin de la hegemonía Humadista  Mientras realizaba el trabajo de archivo en la Galería de los Recuerdos la sede del PJ-Misiones se constituyó en un espacio de disputas políticas entre ambas facciones partidarias –humadistas vs. puertistas. La Galería no resultó ajena a ese proceso. En junio de 1999 la vida política del peronismo misionero cobró un renovado impulso con vistas a las elecciones municipales y provinciales de septiembre, y las nacionales de octubre de ese año. Desde su inauguración en 1994, el nuevo edificio de la sede del PJ-Misiones era reconocido por los peronistas misioneros como un espacio –“territorio”, “bastión”- controlado por Julio Cesar Humada, en calidad de Presidente del Partido, cargo para el cual fue elegido por sucesivos períodos desde 1983. El 25 de abril, a pocas semanas de la realización de las internas partidarias provinciales del 7 de marzo de 1999, sesionó el Congreso del PJ-Misiones en el Salón Justicialista de la sede. Dos cuadros estaban emplazados en la pared trasera del escenario que oficia de centro ceremonial y en el cual estaban dispuestas las autoridades del congreso – sentadas ante una extensa mesa de madera con los rostros de Perón y Evita labrados en su frente. Un cuadro de Juan Domingo Perón, sonriente y abriendo sus brazos ante la multitud -en su regreso a la Argentina tras diez y siete años de exilio. Otro cuadro de Evita Perón también con los brazos extendidos y ofreciendo una sonrisa al “pueblo” el día de su “renunciamiento histórico” –cuando renunció a la candidatura a la vicepresidencia de la Nación en 1952. En un margen de este último, dos colores asociados a la “misioneridad” (Jaquet 1999), el verde del “monte” –la selva- y de la yerba mate misionera –el “oro verde”- junto al color ferroso de la “tierra colorada” –de la “tierra roja y guaraní”- de Misiones, constituyen el fondo de unos rostros de niños “morenos” y “aindiados” –“criollos”, “guaraníes”, “provincianos”, “misioneros”- que acompañan la imagen maternal de Evita, la “Dama de la Esperanza” (Taylor 1981). La bandera nacional argentina fue colocada a un costado del escenario, y el escudo nacional del Partido Justicialista dispuesto en el centro de la mesa y de cara a los congresales. En una pared lateral, un cuadro del General Perón, con uniforme militar y montado en su caballo blanco con manchas negras. Una vez más, los tópicos de una memoria e historia construida a partir de personajes, acontecimientos, y objetos “nacionales” y “provinciales” se interpelan y determinan para dar forma a la identidad de una comunidad política que se define a sí misma como singular, a la vez nacional –por peronista- y provincial –por misionera. La “misioneridad” es una identidad provincial que comprende a todos los peronistas misioneros y los subsume en un colectivo mayor – los “misioneros”- que los nativos definen como una “identidad cultural”, en la cual los clivajes “políticos” se disuelven en una totalidad superior. Humadistas y puertistas –y aún radicales- en tanto misioneros forman parte de ese colectivo, más allá de sus “diferencias políticas”, todos deben estar comprometidos con la “defensa de los intereses de Misiones”. Siguiendo a Jaquet (1999), observamos que la construcción de la misioneridad es definida por los actores sociales como una relación siempre contradictoria de identidad/oposición con lo nacional, regional, local. El “modo de ser y sentir misionero” sería parte de la nacionalidad argentina, por oposición a lo brasileño o paraguayo, pero distinto de lo porteño o lo correntino. A su vez, por oposición a la hegemonía porteña, la misioneridad adquiriría un sentido regional transnacional, que encuentra una comunidad imaginada en el substrato histórico tupí-guaraní y jesuítico compartido con los países limítrofes. En la misioneridad, lo nacional, provincial/local y regional se combinan en un continuo de relaciones identitarias. De tal forma, la identidad misionera no es una esencia cultural inmutable, como pretenden los nativos; antes bien, se transmuta en el tiempo y los agentes manipulan su significación de acuerdo a las relaciones y contextos en las cuales es actualizada7. Durante la asamblea partidaria, 132 congresales votaron a mano alzada –públicamente- una nueva conducción para dicho organismo representativo. Hugo R. Caballero, histórico dirigente humadista, tras casi diez años de conducción fue desplazado de la presidencia del Congreso por Federico Ramón Puerta, convalidando, así, la nueva correlación de fuerzas en el Partido resultante de las pasadas internas partidarias. También fueron renovados los titulares de los cargos que acompañan al presidente del Congreso. En la asamblea se decidió, además, la conformación de un frente electoral con otros pequeños partidos aliados al PJ (MOTICO, MODIN, UCD, PAÍS, Partido Blanco, Partido Progreso Social] con vistas a las próximas elecciones provinciales y nacionales, se aprobó la plataforma electoral provincial, y se designaron los responsables de la campaña electoral (jefe de campaña y apoderado). Humada no asistió a la asamblea; su ausencia fue interpretada por dirigentes y militantes rivales y los de su facción como una decisión a través de la cual buscaba evitar –“despegarse”- del resultado de una asamblea que le resultaría manifiestamente adversa, pues confirmaría su pasada derrota electoral. Los puertistas extrajeron como balance de la asamblea una conclusión: Humada estaba definitivamente derrotado; sólo cabría esperar un año para que, una vez concluido su mandato como presidente del Partido, Federico Ramón Puerta fuese elegido en ese cargo por el Congreso partidario. Por suparte, los humadistas entendieron que la asamblea era el colofón de la derrota electoral del 7 de marzo; pero de allí en más, debían reorganizarse con vistas a participar en los sublemas municipales del Partido en las próximas elecciones y conseguir imponer en esa instancia sus candidatos8. Para el 15 de junio, la Galería de los Recuerdos presentaba una fisonomía transfigurada. Los puertistas ocuparon el segundo piso del edificio de la sede partidaria como parte de su estrategia de apropiación –de “copamiento”- de los espacios de poder partidarios. En el salón de la Galería, los puertistas instalaron al apoderado del Partido, un dirigente de Unión para el Cambio. Sobre la gran mesa central del salón, ahora se apilaban planillas de inscripción de sublemas municipales, planillas de avales de sublemas municipales que expresaban su aval a la fórmula provincial del Partido. La lista de candidatos a diputados nacionales por Misiones era encabezada por Federico Ramón Puerta. La secretaria del apoderado había colocado en la pared un cronograma del calendario electoral provincial que incluía las fechas de presentación de listas de candidatos a la Justicia Electoral. En la mesa también se apilaban disposiciones legales para la inscripción de votantes en el padrón electoral de extranjeros. Lápices, lapiceras, reglas, tijeras, goma de pegar, bandas elásticas, clips, abrochadoras, resmas de papel. Un padrón electoral de la provincia y un padrón de afiliados del PJ. Un termo sin inscripciones (todos los termos que circulaban en la sede del PJ de Misiones tenían pegadas calcomanías de Afirmación Peronista), un paquete de yerba mate y un mate de calabaza con su bombilla. Doña Clara, una militante humadista que otrora oficiaba de responsable del acceso a la Galería, protestaba: “Este [refiriéndose al apoderado] quiere arrinconar todas las vitrinas y bibliotecas en un rincón para tener más lugar. Me dijo que `son cosas viejas, que hay que tirar´. Esos [los puertistas] no son peronistas, no les interesa la memoria del peronismo. Esto se organizó con el esfuerzo de todos.Estos confunden pichadura [“enojo” -en la jerga misionera] con el presidente del Partido [Humada], con el Partido”. Doña Clara se presentaba como una verdadera “guardiana” de la memoria y la historia del peronismo misionero. Como todo “guardián de la memoria”, Doña Clara no sólo “guarda” el acceso físico al “lugar de la memoria”, sino también pretende instituirse en legítimo intérprete de su significado. A lo largo de las tardes de la segunda quincena del mes de junio, la Galería fue frecuentada por dirigentes y militantes peronistas procedentes de los municipios de la provincia, quienes solicitaban información sobre la presentación de las listas de candidatos y de avales de los sublemas partidarios. ¿Qué quedaba, entonces, a principios del mes de julio de 1999 del archivo y museo de la memoria e historia del peronismo? Las piezas del museo ya estaban ocultas bajo material de oficina y otros objetos necesarios para la campaña electoral; y aún arrumbadas en un rincón o colocadas descuidadamente en el suelo. Los asistentes a las reuniones con el apoderado reposaban sus espaldas contra los retratos de los líderes del peronismo y las imágenes consagradas del movimiento; otros apoyaban sus codos, desconsideradamente, sobre las vitrinas. A nadie llamaba la atención los objetos que aún permanecían visibles. Si unos días antes, los ocasionales visitantes ingresaban a la Galería solicitando permiso a las secretarias del presidente del Partido, y recorrían en voz baja o en silencio el museo, observando los objetos colocados en las vitrinas y paredes, los libros de la biblioteca; desde el mes de junio, el acceso a la sala fue desacralizado y carecía de controles, colmado como estaba de referentes peronistas que asistían a efectuar consultas o reuniones de campaña política. El espacio que ocupara la Galería de los Recuerdos no sólo se había modificando materialmente con el desplazamiento u ocultamiento de sus objetos; también era sometido a un proceso de resignificación simbólica: ahora es “la oficina del Doctor Díaz”, la “oficina del apoderado” o “la Junta Electoral”. Y esa resignificación no sólo operó entre los puertistas, también los humadistas progresivamente fueron resignándose a la pérdida de ese espacio que otrora se constituyera en lugar de la memoria e historia de peronismo y de sus líderes, Perón, Evita y Humada. 

Conclusiones La sala de la Galería de los Recuerdos fue construida por un grupo de intelectuales peronistas misioneros y destinada a la consagración de una memoria e historia socialmente legítima del peronismo en la Argentina y en Misiones. En el relato que se narra a través del acervo de la Galería se inscribió la trayectoria política de un líder provincial –Julio Cesar Humada- en el “destino” de una tradición partidaria nacional que comenzó con Perón y Evita y derivaría -“naturalmente”- en el Presidente del Partido en Misiones.En la construcción de la Galería los intelectuales objetivaron diversas corrientes de memoria e interpretaciones historiográficas del y sobre el peronismo. Éstas se entrelazan, se excluyen, se interpelan y determinan en el relato consagrado por la muestra del museo, la biblioteca y el archivo. Acontecimientos y personajes históricos definidos como “nacionales” organizan los esquemas temporales y espaciales del relato; en tanto que las referencias “provinciales” terminan por ser inscriptas en aquellos, subordinadas pero manteniendo una significación o identidad local singular e irreductible. De allí que el contrapunto o diálogo entre “lo nacional” y “lo provincial” sea permanente, tanto cuando se piensa la relación entre “Argentina” y “Misiones”, la comunidad peronista “nacional” y la “misionera”, o la continuidad en los liderazgos históricos de Perón, Evita y Humada. Así pues, la memoria individual de Juan Domingo Perón y de Evita Perón –evocada a través de imágenes fotográficas, libros, periódicos, afiches, cintas sonoras y de films- está indisociablemente ligada a la historia y memoria colectiva del peronismo. El homenaje póstumo a la figura pública de Perón y Evita y la consagración en vida del liderazgo de Julio Cesar Humada organizan el relato de esa agencia cristalizadora de la memoria que es la Galería de los Recuerdos; de modo que, el relato construye simultáneamente la biografía de los individuos –los líderes- y la identidad de las comunidades peronistas “nacional” y “provincial”. Un análisis detenido de los relatos inscriptos en el museo, la biblioteca y el archivo permitió reconocer diferencias. Así, el acervo del museo constituye un relato donde las figuras públicas de Perón, Evita y Humada excluyen a otros individuos de la comunidad peronista pasada y presente. No caben en ese relato otras memorias e historias que las consagradas a esos líderes “nacionales” y al líder “provincial”. Por otro lado, el acervo de la biblioteca se revela plural, expresivo de una diversidad político e ideológica más acorde con la historia del peronismo en Argentina y en Misiones; aquí las interpretaciones de la historia de científicos sociales académicos -incluso de extranjeros- conviven con las versiones de los protagonistas “nacionales” y “provinciales” de la historia del peronismo en Argentina y Misiones. Por último, el archivo documental escrito, sonoro y fílmico, al igual que el museo, desde su creación estuvo sometido a un estricto control por parte de los intelectuales de Afirmación Peronista y del propio líder de la línea interna y presidente del Partido. La Galería de los Recuerdos fue concebida como un lugar de la memoria por parte de un grupo de intelectuales partidarios que produjeron, conscientemente, un trabajo de consagración del liderazgo político de Julio Cesar Humada y de Afirmación Peronista. Los relatos objetivados entre las paredes del salón de la Galería son expresivos de esas estrategias consagratorias concebidas para ser consumidas–significadas y apropiadas según las claves que estructuran la muestra del museo, por ejemplo- por los afiliados del Partido, los escolares y docentes de la provincia que lo visitan, y los investigadores que consultan su acervo. Los personajes y acontecimientos consagrados en el presente, organizan la historia pasada y se proyectan hacia el futuro, en un relato se pretende socialmente legítimo en tanto se define “objetivo”, “neutro” y construido con el “aporte de toda la comunidad”. Un relato transhistórico, eterno, concebido no sólo como instrumento destinado a producir una interpretación legítima sobre el orden político partidario presente, sino también con el fin de trascender los avatares de la vida política actual. Sin embargo, la historia política provincial terminó por subvertir las estrategias consagratorias que inspiraron la creación de la Galería de los Recuerdos. Para junio de 1999, la Galería ya no existía como tal, sus objetos fueron redistribuidos en el espacio, ocultos bajo cajas y papeles, y el espacio físico en el cual se emplazaba resignificado al convertirse en la junta electoral provincial y bajo control de los “puertistas”. No obstante, es dado afirmar que la consagración presente y futura de Julio Cesar Humada como principal líder del peronismo provincial, y la imposición de Afirmación Peronista como la línea partidaria hegemónica en Misiones, aún disponía de otros campos desde los cuales continuar su lucha. 

Notas1 Misiones es una de las denominadas “provincias nuevas” de la Argentina. Al concluir la Guerra de la Triple Alianza (1870), el actual territorio de Misiones, hasta entonces ocupado y disputado por paraguayos, brasileños y correntinos, quedó circunscripto dentro de las fronteras nacionales en el nordeste de la República Argentina entre Brasil y Paraguay. En 1881 el Poder Ejecutivo Nacional se reservó la jurisdicción sobre esas tierras al declararlo Territorio Nacional, como sucedió con otros distritos del nordeste -Chaco y Formosa- y de la Patagonia. En su carácter de Territorio, la política giraba alrededor de la figura del gobernador nombrado por el ejecutivo nacional. La subordinación política que este status territoriano imponía sólo permitía a los habitantes el ejercicio de funciones relacionadas con la formación de comisiones de fomento y la participación en el municipio. Recién en 1953, bajo el segundo gobierno de Juan Domingo Perón, el Estado nacional otorgó status de provincia a Misiones y sus habitantes se constituyeron en sujetos políticos con derechos plenos. Hasta las últimas décadas del siglo XIX, el territorio de la actual provincia de Misiones constituía un área marginal en la estructura productiva de la economía nacional centrada en la producción agropecuaria pampeana; sin embargo, esa marginalidad posibilitó su posterior apertura a la colonización agrícola. A lo largo del siglo XX, en el contexto nacional argentino, Misiones constituyó un área productora de cultivos industriales: yerba mate, té, tabaco, tung y madera. Históricamente, su población se asentó en el área rural dando lugar a una estructura agraria en la que predominaron los pequeños y medianos propietarios,conocidos como “colonos”, que poseen entre 25 y 50 hectáreas. Los colonos que se asentaron en Misiones a lo largo del siglo XX dieron forma a una sociedad territoriana y provincial multiétnica: inmigrantes europeos –principalmente germanos y eslavos- llegados de ultramar desde el puerto de Buenos Aires o provenientes de los vecinos estados del Brasil, paraguayos, brasileños y correntinos. Durante el transcurso del siglo XX, esta peculiar estructura social y contexto multiétnico plantearon un desafío a los organizadores del Estado nacional y provincial, y de los partidos políticos nacionales – fundamentalmente de la Unión Cívica Radical y el Partido Justicialista; debieron atenuar esa heterogeneidad sociocultural integrando a los pobladores de Misiones a la nación, a través de identidades político-culturales nacionales y provinciales como la “argentinidad” y la “misioneridad”, e identidades político-partidarias nacionales como el “radicalismo” y el “peronismo”.2 La referencia a las categorías “provincial” y “nacional” -entre comillas- expresa su significación nativa. He buscado intencionalmente preservar aquí esa significación nativa, evitando subsumirla a definiciones territoriales jurídico/ políticas u social, a fin de poder comprender el punto de vista nativo en su lógica de uso.3 En opinión de Maurice Halbwachs (1990), la conciencia de los individuos proviene de las “representaciones colectivas” de los grupos sociales a los cuales pertenece; vale decir, la memoria tiene un substrato social, y no individual. De allí que, aún cuando es dado hacer referencia a una “memoria individual”, ella misma sólo es posible en la medida en que se constituye en sus relaciones con otros actores y/o grupos sociales con los que se relaciona un agente empírico. Para Halbwachs, entonces, la memoria individual se define por la “interpenetración” de diversas “corrientes de memoria colectiva”; y sólo es posible que el individuo la percibaa partir de “esquemas sociales” – de “tiempo” y “espacio”- a través de los cuales organiza su sistema de percepción sensible y cognitivo. Desde esta perspectiva consideraremos la memoria como un hecho o una institución social, potencialmente abierta a recurrentes resignificaciones. El enfoque precursor de Halbwachs fue reelaborado por otros autores que destacaron el carácter “instrumental”, el sentido político y de explicación “legítima” del pasado que implica el análisis de la/s memoria/s social/es. Pierre Nora (1989) afirma que la memoria puede objetivarse en “lugares materiales” o “simbólicos”, es decir, cualquier objeto o idea puede devenir por nominación impuesta por los actores sociales en “lugar de memoria”. Según Eric Hobsbawm (Hobsbawm y Ranger 1993), en las sociedades modernas los lugares de memoria son el resultado de una “invención”, es decir una creación deliberada, consciente y/o calculada de “tradiciones” y, consiguientemente, opuesta a una “tradición espontánea” y “genuina”. Aún cuando esa oposición entre memoria “inventada” y “genuina” puede resultar esquemática, en nuestro caso resulta útil para problematizar la relación entre la memoria e identidad política, en términos de la instrumentalización que de ella pueden servirse los “intelectuales” y/o los “profesionales de la política”.4 Esa superposición entre una identidad local y una nacional también se manifiesta en las representaciones sobre la provincia de Buenos Aires construidas por los habitantes de esta provincia –“bonaerenses”- y de otras –las “provincias del interior”. Así, por ejemplo, la “pampa bonaerense” ha sido consagrada durante los siglos XIX y XX como símbolo excluyente de lo nacional –de lo “típicamente argentino”- por propios y extranjeros.5 “La historización, en tanto actividad plural de selección, clasificación, registro y reconceptualización dela experiencia, es la integración y recreación significativa del pasado desde el presente, a través de prácticas y nociones socioculturalmente específicas de temporalidad, agencia y causalidad. Los procesos de historización dependen de las ´condiciones sustanciales que detentan los miembros de la sociedad acerca de partes del pasado, así como de ideas generales acerca de lo que sería históricamente plausible´. Estas convicciones son el marco y la estructura con que se interpreta el pasado, y se lo reproduce en la vida cotidiana (Guber 1994:30-31). Por tanto, si analizamos el orden construido por los relatos que inscribieron en la selección, registro, almacenamiento y transmisión objetivada en el acervo de la Galería como prácticas de historización, será posible: “[…] enfatizar los aspectos creativos y procesuales de los usos del pasado, contrastando con el concepto de memoria como contenido y archivo donde se almacenan datos pretéritos. Si bien el modelo de archivo es congruente con el fin moral de los estudios que aspiran a ´recuperar´ las lecciones de la historia quecaerían inmerecidamente en el olvido (silencio) o en la distorsión (revisionismo), la ´memoria social´ no permite, así entendida, explicar ni cómo se dirimen las memorias ´fieles´ de las ´adulteradas´, ni por qué el silencio dejaría de ser una vía para el recuerdo. Hablar de prácticas de historización permite indagar en la historia como arma fundamental de la política, en sus procesos de constitución y en las prácticas específicas de la historia según los procesos sociopolíticos de los cuales son parte” (Guber 1996:424).6 “Perón nunca estuvo en Misiones” observa un informante entrevistado en la Galería de los Recuerdos. “Paraguay fue lo más cerquita que lo tuvimos al Viejo [Perón]”. De todos los exilios posibles que atravesó Perón durante sus diez y siete años de proscripción, los intelectuales peronistas misioneros escogieron su breve estada en el Paraguay dictatorial del general Alfredo Stroessner -el primer exilio de Perón- por su proximidad geográfica con la provincia de Misiones y porque allí un dirigente peronista misionero, Teófilo Puentes, fue representante de Perón entre 1955 y 1956.7 Desde el siglo XIX, la población que ocupó el actual territorio de la provincia de Misiones conformó una sociedad local heterogénea y fragmentada. Por su condición fronteriza, el territorio de Misiones estuvo habitado desde el siglo XIX por brasileños, paraguayos y correntinos, quienes conformaban el grueso de la población “nativa”, sumados a la indígena. Luego, la colonización agrícola atrajo a una variedad de inmigrantes alemanes, ucranianos, polacos, escandinavos, suizos, entre otras colectividades, convocados por el Estado Nacional o por emprendimientos privados. Desde la segunda mitad del siglo XX, Misiones fue receptora de migrantes proveniente de otras provincias argentinas.8 El sistema provincial en la provincia reconoce la obligación de presentar una sola lista o lema por partido a las elecciones a gobernador, vice, diputados nacionales, provinciales y senadores nacionales; pero admite la posibilidad de autorizar distintos sublemas de cada partido a nivel municipal.

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2 comentarios to “La galería de los recuerdos: liderazgo y tradición política peronista en Misiones (parte final)”

  1. Sebasstian Says:

    hola: me gusto muhco el comentario que hisiste sobre julio cesar humada..

  2. ELIAS REKUSE Says:

    BUENO SI HUMADA TUVO LADRONES COMO MICHITYE, RATI, PAPROSKI,POROTO HUMADA, QUE ROBARON PARA EL, PUERTA NO PUEDE HABLAR DE HONESTIDAD PORQUE EL TUVO A ADRIANA VELY, ROVIRA QUEW ROBABA EN VIALIDAD,JUAN CARLOS LOPEZ, LA FAMILIA VELY, Y ADEMAS SE JACTA QUE SU ABUELO FUNDO EL BANCO Y EL LO NEGICIO CON COTI NOSIGLIA Y BRODERSON. SIEMPRE MINTIO A SU GENTE, Y AHORA SE PRENDIO A LA SOTANA DEL CURA DE IGUAZU PARA REAPARECER. ADEMAS ALGO DENIGRANTE HA SIDO CORRUPTOR DE MENORES A QUIEN TENTABA CON SU DINERO? PUEDE HABLAR DE TRAICION DE ROVIRA CUANDO EL TRAICIONÓ SIEMPRE’ atte. ELIAS REKUSE, EL DORADO, mISIONES


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