Adjuntamos el vínculo a un artículo publicado por el antropólogo y político mexicano Gilberto López y Rivas en la revista electrónica Rebelión.
López y Rivas es profesor-investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia, Doctor en Antropología por la Universidad de Utah y articulista del periódico La Jornada. Fue diputado del Congreso de la Unión de México por dos legislaturas y asesor del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), durante las Mesas de Derechos y Cultura Indígena, Democracia y Justicia; y asesor del Gobierno de Nicaragua en Cuestión Indígena y Autonomía de 1980 a 1990.
El antropólogo, entre el tiempo y la historia
Mayo 26, 2008
Por: Marc Abeles
Una de las críticas que en su momento se hicieron a Claude Lévi-Strauss fue que miraba con nostalgia cierto tipo de sociedades: las sociedades que producen mitos, que tienen estructuras de parentesco sofisticadas pero totalmente ajenas al cambio, muy conservadoras y cerradas en sí mismas. En un momento se llegó a identificar la antropología con el estudio de ese tipo de sociedades. A menudo se utilizó este pensamiento para decir que la antropología debía dedicarse al estudio de sociedades primitivas, arcaicas, sin historia.
Creo que es una mala interpretación del mucho más complejo pensamiento de Lévi-Strauss. Hoy trabajamos en la antropología de lo contemporáneo, sobre fenómenos muy actuales (yo trabajo sobre cuestiones políticas, otros sobre cómo funcionan las empresas, etc.). Las sociedades del porvenir constituyen la actualidad de la antropología y esto no es contradictorio con lo que intentó hacer Lévi-Strauss, quien siempre se interesó por la estructura en el porvenir.
En el plano conceptual no es casual que dedique buena parte de su libro El pensamiento salvaje a una discusión con Jean-Paul Sastre y con la idea de razón dialéctica. Sartre objetaba que el pensamiento estructuralista fijaba el devenir en la estructura y terminaba por hacer de las estructuras coacciones a la libertad humana. Sastre acusaba a Lévi-Strauss de reducir lo social a un sistema de coacciones y le reprochaba el negar la omnipresencia de la Historia. Hoy, lo sorprendente no es que Lévi-Strauss defendiera este concepto de estructura, sino que cuestionara la concepción de la historia de Sartre. Sobre las llamadas sociedades primitivas, dice que obviamente están dentro de la historia pero en una posición diferente respecto de ella pues se representan de otra forma, tienen otra relación con el tiempo.
La relación con el tiempo es muy importante. Cuando Lévi-Strauss habla de las sociedades “frías” opone su concepción del tiempo como algo mecánico y reversible a la nuestra, que es mecánica y estática. Nuestra concepción del tiempo se ubica en el horizonte del progreso, mientras que las sociedades que él estudia no. Eso lo lleva a pensar que esas sociedades conservaron una sabiduría particular que las incita a resistir cualquier modificación de su estructura resistiendo la idea de progreso. Por eso se le reprochó cierta nostalgia. Puede parecer una posición conservadora, idealista, pero sus efectos críticos son más importantes. Pues la crítica que se ocupa de nuestra concepción contemporánea de la historia no sólo revela otras concepciones del tiempo, sino que a la vez sostiene que la concepción del tiempo de los historiadores merecería un análisis etnográfico.
El impacto del pensamiento crítico de Lévi-Strauss debe ser pensado en el marco de las grandes mutaciones de los años 60 en Francia, con la presencia central del marxismo. Ese impacto crítico se daba, por un lado, por el contraste entre la praxis y la estructura, y por otro lado por los antropólogos que procuraban conciliar antropología e historia. En su Sociología actual del Africa negra, George Balandier empleaba dos categorías, tradición y cambio, que podían remediar las debilidades del estructuralismo. Para antropología marxista, por su parte, bastaba con considerar que la antropología forma parte del “continente de la historia”, como decía Louis Althusser. Pero así no se resolvía el problema: pues no siempre queda claro cómo se articulan tradición y cambio, y los marxistas terminan hablando también de una causalidad estructural.
Revista Ñ
Lévi-Strauss: Elogio del trabajo manual
Mayo 24, 2008
En un brillante discurso ahora rescatado e inédito en castellano, el creador de la revolucionaria teoría del estructuralismo antropológico reivindicó la labor manual como uno de los medios que le han permitido a la humanidad entender el conjunto de la naturaleza. Los resultados de esa “forma de conocimiento”, sostiene el casi centenario antropólogo, deberían transmitirse como un legado insustituible.
“Indiana Jones nos ridiculiza”
Mayo 21, 2008
Crítica de la Argentina.- Las ciencias y el cine tienen una relación ambivalente. Gracias a Jurassic Park
(1993), por ejemplo, explotó la dinomanía y los paleontólogos se convirtieron de la noche a la mañana en modelos que se debían seguir. Pi: fe en el caos (1998), en cambio, entrecruzó locura con matemática y en El hombre sin sombra (2000), su director, Paul Verhoeven, volvió a hundir a los científicos en su estereotipo cinematográfico: hombres locos, ambiciosos y detonadores de tragedias. Sin embargo, en este cruce no hay figura más compleja, odiada, atacada y rescatada como la del arqueólogo Indiana Jones. Después de 19 años, este jueves vuelve a los cines con el estreno de su cuarta entrega (Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal) y los científicos del pasado –los cultores de la arqueología– ya hacen cola para arrojar desde la primera fila sus críticas.
En el amplio espectro científico, todo el mundo sabe que la arqueología es la disciplina más romántica y romantizada. Tiene con qué: el coqueteo con el pasado, el descubrimiento de civilizaciones perdidas, la emoción frente a un hallazgo. Con una buena cuota de aventura, una cara conocida y muchos efectos especiales y licencias artísticas, para Hollywood constituye la fórmula perfecta. Para otros, para los arqueólogos que hablan en esta nota, en cambio, resulta casi un insulto.
“Personajes como el de Indiana Jones distorsionan la actividad arqueológica. Por cada hora en el campo, tenemos tres en el gabinete, escritorio o laboratorio”, cuenta el arqueólogo Marcelo Weissel. “Igualmente, hace años que lo usamos para explicar lo que es (y no es) la arqueología y para qué sirve.”
Otros especialistas, en cambio, relativizan la distorsión y la explican situando la historia de la saga de George Lucas en la época de la arqueología en la que transcurre y en la que imperaron el saqueo, la conquista y el coleccionismo. “Durante los años 40 y 50, la arqueología estaba más centrada en la recuperación de objetos”, señala José María Vaquer, investigador del Instituto de Arqueología (UBA), quien estudia una aldea de 1200 a. C. en el sur de Bolivia. “Hoy trabajamos más con el contexto que con los objetos en sí. Indiana Jones pega fuerte porque hay un cortocircuito entre lo que investigamos y lo que la gente sabe de nosotros”.
Aunque la semana pasada Harrison Ford fue halagado por el Instituto Arqueológico de Estados Unidos, su histórico personaje sigue siendo visto como un “huaquero”, es decir, aquel saqueador de tumbas que destruye cementerios indígenas, por ejemplo, para alzarse con una reliquia. “En la realidad, la aventura no está en correr con látigo y un sombrero. Está en conseguir fondos”, dice la arqueóloga Virginia Pineau, que trabaja en el norte de la provincia de La Pampa.
Fernando Soto Roland, profesor de historia de la Universidad de Mar del Plata, recuerda lo que muchos fundamentalistas de la arqueología olvidan: “Con Indiana Jones lo que se observa es aventura y no ciencia. Entrar en un templo perdido, tomar un ídolo de oro y salir corriendo no es el procedimiento que señala el manual del buen arqueólogo. Y menos que menos, vender después ese artefacto”.
Los arqueólogos más vivos no le temen a Indiana Jones. Más bien lo enfrentan con propuestas: “Estaría bueno pasar antes de la película un corto explicando qué son los bienes culturales y por qué no deben ser sacados del país y que existe una ley que los protege”, sostiene el arqueólogo Ulises Camino. Sería el mejor remedio. Al fin y al cabo, Indiana Jones es sólo eso, un personaje, que logró lo que cientos de figuras del cine no pudieron: enterrar la imagen distorsionada del investigador como científico loco y elevarlo a la categoría de héroe.
La antropología en Cuba goza de buena salud
Febrero 25, 2008
Cuba Ahora
Numerosos proyectos de investigación en los que están involucradas varias instituciones de Cuba, y cuatro importantes eventos académicos que se celebrarán este año en el país, indican la buena salud de la antropología cubana en la actualidad.
Los proyectos incluyen desde investigaciones sobre nuestros orígenes como nacionalidad, a partir de los grupos étnicos ibéricos y africanos que conformaron el etnos cubano, hasta estudios de problemáticas laborales y comunidades existentes en el país.
Según informara el académico Jesús Robaina, director del Instituto de Antropología, el 25 de mayo próximo se celebrará en nuestro país el primer Coloquio de Religiones Africanas en América.
Posteriormente, en noviembre se efectuarán, también en Cuba, la novena conferencia Antropología 2008, el Primer Simposio sobre Arte Rupestre y el Segundo Encuentro Arqueología por la Unidad Latinoamericana.
Durante la mesa redonda, Armando Rangel, de la Universidad de la Habana, abordó los distintos campos de investigación de la antropología y mencionó como ejemplo la siguiente problemática: “Las llamadas fiestas de quince, ¿son una tradición cultural o no?”
Abogó por la enseñanza de la Antropología en nuestra educación superior, y subrayó que no es lo mismo formarse como especialista en esa materia por una licenciatura, que hacerlo en cursos posgrados después de graduarse en otra carrera.
También abogó por emprender, entre las proyecciones futuras, el rescate de los Congresos Latinoamericanos de antropología.
El investigador Jesús Guanche abordó igualmente los distintos campos de investigación de la antropología en nuestro país.
Se refirió a cómo se trabajó el tema canario, grupo étnico relevante en la formación de nuestra nacionalidad, y cómo se está trabajando sobre los temas vasco y gallego.
Abundó sobre la actual presencia foránea en Cuba ya que existen grupos étnicos que todavía conviven hoy con los cubanos en el territorio nacional.
Guanche abogó porque se le de una mayor atención a la cultura nacional popular, dado en que en muchos municipios y provincias se da prioridad a la cultura artística profesional.
Se olvida así, según el académico, que de esa cultura nacional popular se nutre el movimiento de aficionados y, por ende, la cultura artística profesional.
En la mesa redonda también participaron el investigador Rolando González Patricio, director del Centro de Investigación Juan Marinello; y el académico Guillermo Hernández, del Ministerio de Cultura.
Un animado debate siguió a la mesa redonda en el que se trataron, entre otros aspectos, la relegación en nuestras investigaciones y publicaciones del papel de la mujer en la historia nacional y, también, la pregunta de si tenemos el personal altamente capacitado para abrir en nuestras universidades la Licenciatura en Antropología.