Clarín (Argentina)

Trabajos de desmonte y desmalezamiento para abrir una picada vial en los faldeos de la zona Este de la serranía de Ancasti ponen en peligro de conservación un importante yacimiento arqueológico localizado en “La Tunita” (departamento de Ancasti).

El desmonte está ordenado por la Secretaría de Turismo de la provincia y la Municipalidad de Ancasti y está destinado a consolidar una huella para, en el futuro, brindarles a los turistas la posibilidad de conocer el yacimiento y las pinturas de arte rupestre.

Pero los trabajos, según coinciden expertos en arqueología y antropología, van en contra de la preservación del medio ambiente —flora y fauna— y de la propia reserva.

Es importante remarcar que el arte rupestre de “La Tunita” (Ancasti) está considerado por los especialistas como una de las manifestaciones más importantes del país, de igual significación que las “Cuevas de las Manos” de Santa Cruz o “Guachipes”, de Salta.

La propia Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) tiene en lista al yacimiento para ser declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad.

Los trabajos que se realizan con maquinaria pesada en la zona demarcada por los ríos Los Molinos-Icaño y Río Chico ponen en peligro toda una reserva en la que está asentada una rica flora y fauna y localizados importantes yacimientos arqueológicos, cuya preservación se impone mantener.

Abrir un camino a las reservas arqueológicas y al arte rupestre —magnificas manifestaciones de los pueblos originarios, que corresponden a la cultura “Aguada” (con una antigüedad de 600 a 900 años), es un trabajo para expertos y se debe realizar con criterio y racionalidad. Los trabajos, dicen los expertos, deben ser supervisados por técnicos en conservación.

La visita de los turistas no puede, por otra parte, quedar librada al azar, ya que la conservación de estas manifestaciones artísticas debe ser una política de Estado.

El Parque Arqueológico “La Tunita”, asentado en la ladera oriental de la Sierra de Ancasti, es la más importante concentración de sitios de arte rupestre en la región. Así lo destacan los arqueólogos Carlos D. Nazar, Guillermo de la Fuente y María C. Páez, docentes de la Universidad Nacional de Catamarca.

Además, apuntan en un trabajo académico que “la figura del Parque Arqueológico puede constituirse en un valioso instrumento para la protección y puesta en valor de este rico patrimonio, en el marco de una adecuada integración de estrategias de conservación y uso sostenible de los recursos culturales y naturales”.

Esto está dirigido a los funcionarios del área de Turismo y de la Municipalidad de Ancasti.

El proyecto que proponen los profesionales e investigadores es desarrollar un parque en la ladera oriental de la Sierra de Ancasti, en la Cuenca Media de los ríos Chico y Los Molinos (departamentos Ancasti y La Paz), “con un criterio de rentabilidad social y con una visión integral del patrimonio”

Ello, en base a objetivos claros:

  • Proteger el Patrimonio Cultural y Natural de la Cuenca Ipizca-Icaño.
  • Fomentar las investigaciones científicas, especialmente aquellas que contribuyan a enriquecer el Plan de Manejo del Parque Arqueológico.
  • Fomentar el desarrollo socioeconómico sustentable de las comunidades involucradas a través del Turismo Cultural.
  • Incentivar a la comunidad local a conocer y valorar su patrimonio, procurando su activa participación en la propuesta.
  • Fomentar la comprensión de la comunidad acerca de la importancia del uso sustentable de

    los recursos culturales y naturales.

  • Concientizar a la población sobre los daños que pueden ocasionar sus propias acciones.

    A ello se suma la necesidad de evitar los grandes desmontes “que se registran en la zona adyacente” y que impactan negativamente en el ecosistema de la región.

  • Leandro Etchichury

    A lo largo de este trabajo se intentará transitar entre las ideas que en los últimos años se han ido elaborando respecto a los conceptos de “nación” y “nacionalismo”, con el objeto de aportar contenidos a un furioso debate, como es el de la legitimidad de la construcción de una nación vasca; polémica que ha excedido el terreno de lo teórico para pasar a ser una herramienta de lucha política.

    En estos años, tanto en ámbitos académicos, como políticos y a través de la prensa, se ha intentado negar, con distintos argumentos, la legitimidad de conceptos como “pueblo vasco” o “Nación histórica” que a lo largo de su trayectoria el movimiento nacionalista vasco ha utilizado para reivindicar su identidad respecto a España y a Francia. Tenemos como ejemplos las declaraciones realizadas a la prensa uruguaya, a finales del año 2002, por Jaime Mayor Oreja, quien, en su carácter de jefe de bancada del Partido Popular, en el Parlamento de la Comunidad Autónoma Vasca, expresó que: “El País Vasco ha sido el corazón de España. La historia del País Vasco ha sido todo, menos la independencia. El País Vasco no ha existido como realidad política y jurídica hasta la democracia española de 1977. (…) Creo que la historia del País Vasco es incompatible con lo que hoy está preconizando el señor (Juan José) Ibarretxe, cuando viene a Uruguay y enaltece el valor de lo unilateral, como si éste fuese el valor democrático por excelencia, la forma para decidir la libre determinación, la autodeterminación, en fin, para hacer lo que en el fondo uno quiera o le dé la gana, que es el valor supremo de la convivencia. (…) El nacionalismo vasco es un movimiento con dos realidades: ETA y PNV . Y es verdad que tienen objetivos comunes. Lo que pasa es que unos lo hacen de una manera y otros de otra manera. Unos rompen con el crimen y otros rompen a plazos, con la mentira. Ellos quieren destrozar España con la mentira. Y otros quieren romper instantáneamente, con el crimen[i]. 

    A principios del año 2003, en una intervención a la que asistió el ministro de Justicia, José María Michavila, el entonces presidente del Tribunal Constitucional español, Manuel Jiménez de Parga, reivindicó que “el único poder originario es el de la nación española” y calificó de “gran falacia” las reclamaciones históricas de Euskal Herria, Catalunya o Galicia, cuestionando además el concepto constitucional de “nacionalidades históricas”[ii].

    Así las cosas, veremos que son frecuentes los calificativos de “racistas” y “fascistas”  que se lanzan contra los integrantes de las fuerzas nacionalistas en general, y en particular contra los militantes de los nacionalismos emergentes (es decir, aquellos que no se han podido constituir en el orden jurídico internacional como un estado-nación); en un intento de asociar nacionalismo con extrema derecha. Pero, haciendo un ejercicio de reflexión, bien podemos comenzar por preguntarnos entre otras cosas, si la vinculación del término nacionalismo con la extrema derecha no fue acaso producto de políticas que llevaron adelante estados-nacionales consolidados, como fue el caso de los totalitarismos italiano, alemán y español en la primera mitad del siglo XX?

    Otra pregunta. Estos tres estados mencionados, a los que podemos agregar Gran Bretaña –y por qué no Francia-, no se consolidaron a partir del sojuzgamiento de regionalismos con una fuerte identidad local? Ya, entre fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, un diccionario holandés destacaba la particularidad francesa e inglesa de aplicar el término de nación abarcando a pueblos que no hablaban la misma lengua; claro que para adquirir los derechos ciudadanos primero debieron adquirir el idioma oficial[iii] del Estado.  

    Y siguiendo con los interrogantes, a caso las luchas de los movimientos nacionalistas y anticolonialistas del Tercer Mundo, luego de la Segunda Guerra, no se dirigieron contra esos nacionalismos oficiales expresados por las potencias con deseos imperiales?

    Al recordar que los teóricos de la modernidad imputaron a los nacionalismos el carácter de reaccionarios, en asociación, fundamentalmente, con la política de la Alemania nazi, la antropóloga argentina Ana María Lorandi calificó de ingenuas a aquellas líneas de pensamiento que prolongan esta visión a todas las reivindicaciones étnico-nacionales del presente. El desprecio hacia el otro, distinto,  incivilizado, y su consecuente subordinación, fueron una constante en las políticas expansionistas de las potencias centrales que se consolidaron a partir del siglo XVIII. Entonces, por qué no cuestionar si el rótulo de inviabilidad que se le asignan a muchos de estos nacionalismos emergentes, más que por una supuesta saturación de naciones o algún otro impedimento de tipo legal o socio-cultural, no está dado por el peso desigual de determinadas relaciones de poder en el campo de la política.

    Esta exposición se fundamentará en tres autores de habla inglesa que han trabajado profundamente, desde distintas visiones, los conceptos de nación y nacionalismo; y que precisamente no se caracterizan por ser sus propagandistas. Son ellos Anthony Smith, Eric Hobsbawm y Benedict Anderson.

    Haciendo una rápida síntesis del trabajo de éstos académicos, podemos decir que Smith toma al grupo étnico como la antesala potencial de una nación, siendo lo que caracteriza a dicho grupo la pertenencia común a un nombre, un mito de origen, una cultura, una historia y un territorio. De realizarse la nación,  son esos lazos primordiales los que la diferenciarán de otras. La hermandad y solidaridad del grupo surgen del mito motor, es decir un mito constitutivo que encierra un proyecto político, y que si no existe -a no asustarse- se inventa. Ese sentido de solidaridad será fundamental para el desarrollo del nacionalismo, que tiene, además, la necesidad de contar con el apoyo de la intelectualidad. La historia de los nacionalismos europeos del siglo XIX ha resaltado el papel militante de numerosos poetas, escritores, lingüistas e historiadores.

    De acuerdo con el modelo de expansión en Europa, Smith[iv] considera dos tipos de naciones: las territoriales y las étnicas. En las territoriales la inclusión o exclusión está dada por los límites. La ciudadanía y la pertenencia territorial están estrechamente entrelazadas. Es el concepto más moderno de nación. Por su parte, las naciones étnicas
    otorgan la nacionalidad a partir de vínculos ancestrales comunes. Smith destaca que toda nación debe tener un cierto anclaje en lo étnico, a la vez que reconoce un suelo natal. Lo ancestral, como depósito de las experiencias colectivas, y lo territorial, como continuidad de la nación histórica.

    De Eric Hobsbawn se rescatará aquí el sentido moderno del término nación, que recién se empieza a trabajar en el siglo XVIII,  y también sus transformaciones a fines del siglo XIX. Según algunas investigaciones la palabra “nacionalismo” tuvo un uso generalizado recién a fines del siglo XIX, no encontrándose dicha palabra en muchos de los diccionarios de la época. Así, las aspiraciones nacionales surgen en un determinado contexto histórico, social, político y económico; en estrecha vinculación con lo que Hobsbawn llama el protonacionalismo popular, con sus elementos étnicos, lingüísticos, religiosos y territoriales.

    Hasta aquí, ya podemos ir viendo que la carta de presentación del nacionalismo vasco plantea reunir los mismos requisitos formales que cualquiera de los nacionalismos europeos que se constituyeron y expandieron como estados-nacionales.

    Por último, tenemos la visión que Benedict Anderson[i] ha construido sobre la nación, como “una comunidad política imaginada como inherentemente limitada y soberana” y su vinculación con lo que él llama grandes sistemas culturales precedentes, la comunidad religiosa (a través de la lengua sagrada: el latin) y el reino dinástico, los que en su ocaso comienzan a ser suplantados por unidades atravesadas por vínculos hasta entonces no expuestos.

    Popularmente los vascos se referencian como el pueblo más antiguo de Europa, a la par que su idioma el euskera. Se menciona su presencia en la región como previa a las oleadas migratorias celtas, y que a la llegada de los romanos a la Península Ibérica, en el siglo II previo a nuestra era, los vascos ya existían como una comunidad bastante organizada. Es de entonces que data la ciudad Pamplona.

    Como símbolo de la fortaleza cultural frente al avasallador poder de Roma, se señala la supervivencia del esukera ante el idoma oficial del Estado: el latín. A la caída del imperio resistieron las sucesivas invasiones de los llamados pueblos bárbaros (suevos y visigodos) y posteriormente musulmanas. No obstante, el año 778 marca el punto en el que los hechos históricos, emparentándose con los relatos míticos -o viceversa-, comienzan a perfilar la construcción de la identidad colectiva de un pequeño grupo humano, en el extremo occidente de Europa. Es cuando el ejército de Carlomagno, de regreso de una incursión militar en la Zaragoza musulmana, ataca  la ciudad de Pamplona. La represalia de las fuerzas vascas, que se nutre con el aporte de efectivos provenientes de los distintos poblados de la región, ataca la retaguardia del ejército agresor en Roncesvalles y mata a Rolando, mano derecha del emperador del Sacro Imperio Romano.

    “La historia institucional del País Vasco empieza así con el levantamiento popular frente a una agresión, con una gigantesca acción antirrepresiva”, escribe el  sociólogo vasco Luis Núñez Astrain.  Y agrega, “El poema épico La Chanson de Roland, primera pieza importante de la literatura francesa –de claro contenido patriótico- y equiparable al Cantar de Mío Cid en la española, ambas del siglo XII, atribuye falsamente a los musulmanes el ataque de Roncesvalles, lo que apunta ya otros dos rasgos que luego serán tónica en la posterior historia oficial: el de que el País Vasco sencillamente no existe y el de que los hechos históricos serán trastocados por completo al gusto del ejército invasor de turno”, agrega Núñez[v].

    Estamos aquí ante lo que Smith llama mito motor o mito constitutivo; construcción que se encuentra ligada desde sus orígenes a un proyecto político. Es un elemento con una fuerte carga simbólica, al que además está intensamente vinculada la solidaridad del grupo.

    Desde la visión de Hobsbawm toda esta construcción histórica estaría relacionada a la propaganda nacionalista que surge en la Europa del siglo XIX, de dudosa veracidad, aunque reconoce la existencia de una identificación protonacional previa que le servirá de base.

    Pero lo que es más interesante aquí, es el concepto de nación de Anderson, quien la define como una “comunidad política imaginada, como inherentemente limitada y soberana”. Imaginada, porque la unidad de sus miembros es un principio ideal, a pesar de que entre ellos nunca se conocerán personalmente. Limitada, porque sus fronteras siempre tendrán un límite, no abarca a toda la humanidad. Y soberana, porque el poder nace de la propia comunidad y no por mandato Divino como en los reinos dinásticos. A partir de esta definición, Anderson hace un contrapunto con otro investigador, Ernest Gellner –que se puede extender a todos aquellos teóricos que muestran hostilidad hacia estas categorías de identidad colectiva- rechazando esa visión que impregna al concepto de falsedad política, y que llevaría a una supuesta invención de naciones donde no existen. Por ello asegura Anderson que “de hecho, todas las comunidades mayores que las aldeas primordiales de contacto directo (y quizá incluso éstas) son imaginadas”. 

    Anderson habla del reino dinástico como uno de los grandes sistemas culturales (el otro, como ya habíamos dicho, es la comunidad religiosa) que precedieron y de alguna forma condicionaron el surgimiento del nacionalismo a partir del siglo XVIII. Y es en el Reino de Pamplona, constituido a principios del siglo IX, donde los vascos visualizan un poder central y autónomo que los convoca desde la historia. Luego pasaría a ser el Reino de Navarra, que conservará su soberanía hasta el siglo XVI.

    El desarrollo hacia un reino único, nacido de las coronas de Aragón y Castilla, que competirá por territorios y demostrará una mayor dinámica expansionista, marcarán el ocaso de Navarra. Primero logran sacar de su esfera de influencia, en los albores del siglo XI, a las actuales provincias vascongadas (más o menos, la actual CAV) –cabe destacar aquí, además, que lo que fue una zona periférica es ahora la única zona vasca con reconocimiento oficial-, y con la unión de Castilla y Aragón el Duque de Alba inicia la conquista de Navarra en 1512, proceso que llevará diez años.

    El historiador Horst Pietschman[vi], destaca que las luchas que sostuvieron conjuntamente castellanos y aragoneses en Granada, Italia y Navarra conformaron una conciencia de identidad española, la gran adversaria del nacionalismo vasco. Otro dato importante que agrega es el de destacar a las provincias vascongadas como una excepción dentro de un reino de Castilla fuertemente centralizado, al ser las únicas en conservar órganos representativos independientes.

    De estos hechos Núñez destaca tres cosas: 1) que los navarros fueron conquistados por la corona española más tarde que muchas de las actuales naciones de América; 2) que a pesar de la conquista se mantuvo intacta la estructura foral, con sus leyes, fronteras propias, moneda y Cortes diferentes; 3) que la conquista fue el triunfo de la Contrarreforma, es decir la Inquisición, contra un reino tolerante en lo cultural, religioso y político; bajo el que se imprimieron  los primeros libros en vasco.

    En la región norte (la actual zona bajo jurisdicción francesa), la Baja Navarra se mantendrá como un reino administrativamente separado que sostendrá con el reino francés sucesivas disputas por el rechazo a la unificación. Con la Revolución Francesa se suprimen las constituciones de Baja Navarra, Lapurdi y Zuberoa, las cuales son anexadas definitivamente hasta la fecha.

    Ya desde el siglo XVI, en las colonias americanas, los vascos conformaron un grupo bastante cerrado, con tendencia a casarse entre ellos mismos y a fundar sus propias organizaciones. El historiador James Lockhart[vii] los iguala en su actitud  a otros sectores de las sociedades coloniales como eran los negros y los herreros.

    La participación vasca en las guerras carlistas[viii] que se desarrollan en el Estado español (1833 a 1839 y 1872 a 1876) se transforma en un nuevo impulso para la propia identidad.  Núñez recuerda que “el Estado carlista está asentado sobre la zona liberada por su ejército, que deja fuera a las cuatro capitales del sur vasco pero que incluye a todo el territorio existente entre ellas, que es precisamente la misma zona vascoparlante (…), para los vascos de entonces, las guerras carlistas serán en el fondo antes que nada, una defensa de sus instituciones, leyes propias y costumbres, una defensa de su personalidad colectiva. De haber sido un simple problema dinástico o religioso, el arraigo del carlismo en el País Vasco habría sido similar, y no superior, al de otras parte del Estado español”[ix]. El producto de estas guerras en el sur, y el estado de pobreza y represión en el norte, ante la negativa de combatir del otro lado de la frontera en los primeros años de la revolución jacobina, a fines del siglo XVIII, llevaron al inicio de lo que se conoce como la diáspora vasca; tanto por Europa como fundamentalmente por América. La Guerra Civil y el régimen franquista hicieron el resto de las tareas necesarias para ofrecer un escenario de fragmentación, dispersión, aculturación y violencia. 

    El hecho de que el llamado País Vasco no tuviera en sus orígenes fronteras claramente definidas, hizo que la situación diera lugar a una llamativa paradoja. Los vascos reconocen actualmente como sus territorios a aquellos que se extienden a la zona  vascoparlante; una zona en la que el uso de la lengua vasca no es mayoritario. No obstante ser vasco es ser un euskaldun, un hablante de la lengua vasca. En los hechos se trata de un portador simbólico de la construcción cultural más emblemática de todo pueblo: la lengua.

    La lengua es una construcción cultural, quizás la de mayor peso simbólico; que le da a los grupos hablantes una particular identidad social. El propio Hobsbawm destaca en su libro Naciones y Nacionalismo que la lengua hablada por el pueblo llegará a ser un criterio central para la definición moderna de la nacionalidad, aunque posteriormente deslice que no necesariamente siempre esto sea así. No obstante, las lenguas nacionales tendrán para los movimientos nacionalistas europeos una gran importancia política e ideológica.

    Respecto a la situación vasca, el historiador inglés hace una interesante y polémica comparación con el caso catalán. “… Si bien el 80 por 100 de todos los habitantes de Cataluña hablaban la lengua (…), sólo el 30 por 100 de los habitantes del País Vasco hablaban la lengua en 1977 –las cifras más recientes no parecen haber cambiado-, hecho que quizá esté relacionado con el mayor entusiasmo de los nacionalistas vascos por la independencia total en contraposición a la autonomía”[x]. Luego continúa, “quizá no sea extraño que el catalanismo se haya apuntado un éxito más espectacular en lo que se refiere a asimilar a los inmigrantes que viven en Cataluña en comparación con el movimiento vasco, que en gran parte se mantiene unido gracias a la xenofobia”.

    “El vasco da tanta importancia a su lengua que se autodefine a si mismo precisamente por ese rasgo, por el rasgo lingüístico. No se autodesigna en relación con una raza o tribu, con una divinidad, con una localización geográfica, sino en relación exclusiva con su lengua”, asegura el sociólogo Luis Núñez. El problema, como ya lo señaláramos, se presenta, y él lo reconoce, con una gran mayoría que se identifica como vasca y no habla el idioma.

    En este mismo sentido, al País Vasco se lo designa como Euskal Herria que significa pueblo de la lengua vasca. Aquí Núñez destaca la doble designación, al País y al pueblo. Cabe señalar que el término Euskadi para denominar al País Vasco tiene una connotación más de carácter político, ligado al nacionalismo de Sabino Arana[xi].

    Para el historiador Roger Collins[xii] “si la historia de los últimos tres mil años tiene alguna lección que darnos, es sin duda que el mantenimiento de la entidad vasca se debe más a la independencia lingüística que a la política”.

    Se podría concluir junto con Anderson[xiii]: “Las Naciones Unidas admiten nuevos miembros casi todos los años. Y muchas naciones antiguas, que se creían plenamente consolidadas, se ven desafiadas por sub nacionalismos dentro de sus fronteras, es decir, nacionalismos que naturalmente sueñan con desprenderse de ese sufijo sub, un buen día. La realidad es evidente: el fin de la era del nacionalismo, anunciado durante tanto tiempo, no se encuentra ni remotamente a la vista. En efecto, la nacionalidad es el valor más universalmente legítimo en la vida política de nuestro tiempo”.

    Esta síntesis ha podido ser confirmada a diario en la  sección política o internacional de la prensa. En los últimos doce años la legitimidad enarbolada por el nacionalismo como bandera política se hizo claramente manifiesta con el descalabro de los países  del llamado socialismo real; ya que al calor del debate entre sistemas socio-económicos contrapuestos durante el pasado siglo, de alguna manera, se pretendió -fundamentalmente desde cierta visión ortodoxa de la izquierda- ocultar su fuerza. De hecho, los irlandeses, los escoceses y los vascos, por citar sólo a algunos de estos movimientos, vienen planteando sus objetivos políticos desde muchos años antes de la caída del muro. Y, vaya paradoja, las luchas nacionales en el occidente capitalista recobraron bríos en la década del ’60, a partir de renovadas organizaciones con un importante aporte juvenil, que en muchos casos asumieron una ideología de izquierda.

    En definitiva, mientras las relaciones internacionales asuman como principal estructura jurídico-política a los estados nacionales –y a pesar de la llamada globalización y el fortalecimiento de los bloques económicos regionales, nada indica que los estados estén desapareciendo, aunque sí hay que reconocer que se abren nuevos campos de acción en este terreno-, decía entonces, que mientras esto suceda, habrá pueblos que para defender su identidad cultural y social, en un mundo con una fuerte tendencia a la homogeneización, basada en los valores de los países hegemónicos, decidirán recorrer el camino en la búsqueda de la autodeterminación política; ya que si bien la política puede ser entendida por algunos como “el arte de lo posible”, además, tiene la capacidad de conducir las soluciones a las carencias del presente. 

    En muchos casos, el actual rechazo a las ideas de nación y nacionalismo es la reacción académica a las teorías esencialistas, las cuales fueron potenciales portadoras de valores racistas y excluyentes; que tomaron a las construcciones culturales de un pueblo como un fenómeno natural, aislado e inmutable. Estas ideas transformadas en ideología oficial de algunos estados o partidos políticos, y llevadas a sus extremos, originaron los hechos más vergonzosos de la humanidad, actitud de la que ni siquiera ha quedado exento los propios Estados Unidos, país en el que durante las primeras décadas del siglo XX los más altos círculos académicos  y gubernamentales propugnaron la aplicación de la eugenesia, es decir evitar la reproducción de las llamadas “razas inferiores”. La paradoja es que hoy algunos de sus herederos son los que acusan a los vascos de xenófobos.

    Como afirma el antropólogo argentino Alejandro Grimson, la nación también puede ser vista como un marco en el que se desarrolla una experiencia histórica y social concreta, a partir de la constitución de unos específicos actores sociales; experiencia ésta que “configura culturas nacionales del relacionamiento”[xiv].

    La cultura es una permanente construcción colectiva por parte de un pueblo. Ella está influida tanto por factores endógenos, como exógenos; y como toda construcción es un invento, o mejor dicho una creación. Y no se trata sólo de una, sino de múltiples creaciones, y en ello radica la riqueza del género humano: en su diversidad cultural. Su defensa, estoy convencido, es una causa por la que vale la pena involucrarse.




    [i] ANDERSON, Benedict. Comunidades Imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo. Fondo de Cultura Económica, México, 1993.




    [i] Diario El País (Uruguay), del 4 de diciembre de 2002.

    [ii] Gara, 22 de enero de 2003.

    [iii] Eric Hobsbawm, Naciones y Nacionalismo desde 1780, 1992

    [iv] Anthony Smith, The Ethnic origins of Nations,New York,1989

    [v] Luis Núñez Astrain. Op. Cit. P 111

    [vi] Pietschman Horst, El Estado y su evolución al principio de la colonización española de América. México, 1989.

    [vii] James Lockhart, Organización y cambio social en la América española colonial. En Leslie Bethell (ed) Historia de América Latina, 1990.

    [viii] Guerras que comenzaron por la disputa al trono de España y que llevó a la formación de dos facciones políticas -los que apoyababan a Isabel II  frente a los partidarios de Carlos Isidro-, identificándose a los carlistas con el sector  ultraconservador.

    [ix] Op. Cit. Pp 117,118

    [x] Op. Cit. P 150

    [xi] “(…) Euskal Herria jamás puede basar su historia en el pensamiento dominante del nacionalismo vasco actual, es decir: la herencia emanada del ideario de Sabino Arana. Principalmente porque este señor se inventó un país que jamás existió y unos pactos entre los vascos y el Estado que han sido desvirtuados en su esencia por su afán de justificación de una Euzkadi folklórica”, escribió en el diario Gara (30/9/02) el escritor Xabier Armendariz.

    [xii] Roger Collins, Los Vascos, Alianza, Madrid, 1989; en La Razón Vasca (op. cit.), página 18

    [xiii] Op. Cit. P 19

    [xiv] Grimson, Alejandro: “La Nación después del deconstructivismo”. En Sociedad. Buenos Aires, 2003.

    A favor da etnografia

    abril 25, 2007

    Mariza Peirano (Doctora en antropología por la Universidad de Harvard y profesora titular en la Universidad de Brasilia)

    Muitas vezes, a ciência social toma o caráter de duplicação ou repetição ao longo do tempo. Isto foi o que notou Michael Fischer, ao procurar explicitar para um público brasileiro a gênese da antropologia interpretativa nos Estados Unidos (Fischer, l985). Há, com freqüência, um retorno a uma era anterior em busca de textos inspiradores mas, como a história não é circular, mas espiralada, “a duplicação ou repetição nunca é exatamente isso, pois há sempre uma nova faceta ou uma nova solução” (:60). Assim, ilustrava Fischer, a trajetória intelectual de Clifford Geertz parece quase como uma cristalização típica ideal de certos processos dos quais os anos 60 surgem como se fossem uma reprise dos anos 20 — este foi o período de amadurecimento da chamada “geração de l905″ (entre os quais estavam Robert Musil, Ludwig Wittgenstein, Walter Benjamin e os surrealistas), uma geração de ensaistas que, em oposição aos grandiosos sistemas de explicação do século XIX, propunham que era possível apenas atingir insights fragmentários da realidade.
    Nesta perspectiva, os escritos de Geertz sobre o fazer etnográfico, tão em evidência até recentemente, ecoam preocupações do início do século mas, em outro sentido, chamam a atenção, como novidade dentro da antropologia, sobre o modo como são construídos os textos etnográficos. Eles trazem, portanto, uma nova faceta substantiva para os velhos problemas de verstehen, ao dar atenção tanto aos textos criados pelos antropólogos quanto aos processos culturais que são neles descritos.

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    Univisión (EEUU)

    Honduras y Argentina firmaron hoy un memorando de entendimiento en derechos humanos que incluye la cooperación de antropólogos forenses argentinos en la exhumación e identificación de víctimas de desaparición forzada en este país centroamericano.

    El documento fue suscrito por el fiscal general de Honduras, Leónidas Rosa Bautista, y el embajador argentino en Tegucigalpa, Alfredo Fortí, quien anunció que los antropólogos llegarán la próxima semana, ya que el acuerdo se empezó a ejecutar inmediatamente.

    Los especialistas argentinos realizarán un “trabajo conjunto con el área de medicina forense del Ministerio Público de Honduras para llevar adelante la identificación y preservación” de los restos, declaró Fortí a la prensa.

    La fiscal de Derechos Humanos del Ministerio Público hondureño, Sandra Ponce, explicó a Efe que el trabajo con los argentinos tendrá dos facetas: evaluar lo alcanzado tras nueve exhumaciones de restos realizadas desde 1994 y poner en marcha una nueva búsqueda de víctimas.

    Ponce no adelantó detalles de futuras exhumaciones para, según él, no entorpecer el proceso.

    El embajador argentino agregó que la duración de estas actividades “la va a determinar la necesidad del trabajo, en dónde están ubicados los restos, la facilidad de acceso al lugar (y) los recursos” económicos, entre otros factores.

    Fortí subrayó que el equipo de antropólogos forenses que enviará su país tiene amplia experiencia internacional, pues “ha trabajado muchísimo, no sólo en Argentina, sino en diferentes países de Centroamérica, África y Asia”.

    “La especialidad de ellos”, añadió el embajador, “es la identificación de restos de personas, sobre todo en países en situaciones de conflicto o de guerra, o en otros casos de víctimas de desapariciones forzadas”.

    El documento firmado hoy también incluye cooperación en otros aspectos en materia de derechos humanos, como capacitación, asistencia técnica y asesoramiento en investigaciones de desapariciones, muertes en cárceles o ejecuciones extrajudiciales.

    En Honduras hubo al menos 184 víctimas de desaparición forzada, la mayoría en los años 1980, según un informe que presentó en 1993 el entonces Comisionado de Derechos Humanos, estatal, Leo Valladares.

    Al menos cinco víctimas han sido identificadas plenamente como producto de las exhumaciones promovidas por el Ministerio Público y organismos privados de derechos humanos.

    Ignacio Bandín / Kiosco Mayor

    Hermosillo, Sonora. Abril 20 de 2007.- El pasado 17 de abril, en el Museo de Sonora, varias instituciones relacionadas con estudios sobre las etnias mexicanas, dieron a conocer que se conservan aún 62 lenguas indígenas vivas en el país.

     

    De ellas se han identificado 23 en situación de riesgo, por las condiciones adversas en las que se han dado sus relaciones con las sociedades no indígenas.

     

    Cinco de estas pertenecen a sociedades asentadas en territorio sonorense, esto es, más del 20 por ciento de las lenguas originarias que por su reducido número de hablantes, por su dispersión geográfica, por el predominio de hablantes adultos y por el abandono de estrategias para su transmisión a las nuevas generaciones, se encuentran en riesgo de convertirse sólo en referencia bibliográfica.

     

    Según datos del INEGI del año 2005, existen mil 648 hablantes de guarijío; 738 de pima; 595 de seri; 157 de kikapu y 116 de cucapa.

     

    Para ello, dentro de los trabajos para preservar estas lenguas, se editó un disco compacto con canciones interpretadas por mujeres seris. Esta obra se puede adquirir en el Museo de Sonora, en el departamento de Comunicación Social, a 120 pesos.

     

    En el Centro-Sonora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), que tiene su sede en el Museo de Sonora, en la antigua penitenciaría del estado, allá en el cerro de la colonia La Matanza, kioscomayor.com platicó en exclusiva con el doctor en antropología lingüista, reconocido experto e investigador de la materia en el país, José Luis Moctezuma Zamarrón.

     

    Estudió su carrera de licenciatura en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) y su doctorado en la Universidad de Arizona. Ha escrito varios libros y colaborado en otros, sobre las lenguas indígenas de México, tanto en español como en inglés.

     

    En su oficina, una celda habilitada para ello en la antigua cárcel hermosillense, el lingüista indicó que los seris se ubican en Sonora en dos sitios, en Punta Chueca, en Hermosillo, en Bahía de Kino, y en el poblado Desemboque, en el municipio de Pitiquito.

     

    “Los que yo les decía cuando salió este fonograma y el libro que lo acompaña, es que todas las lenguas indígenas en México están en riesgo de desaparecer, todas, por ejemplo el quiligua, que tiene cinco hablantes, en Baja California, o hasta el náhuatl, que tienen más de un millón de hablantes, o el maya, que tiene 800 mil, yo creo que ya no es el número de hablantes lo que determina el que una lengua permanezca o desaparezca”, consideró.

     

    El investigador del INAH dijo que en el caso de los seris siempre han sido un grupo pequeño,  pero no tiene el grado de desaparición que pudiera tener el quiligua, u otras lenguas, o aun aquí en Sonora el pima, por ejemplo, o el guarijío, “o peor tantito, como le he dicho porque lo he trabajado por muchos años, la lengua que está más en riesgo de desaparecer son los mayos, que tienen poco más de 32 mil hablantes, pero las nuevas generaciones no lo están hablando”.

     

    Moctezuma Zamarrón explicó que la falta de métodos adecuados de censos en las etnias, ocasiona por consiguiente la inadecuada adopción de medidas y programas de apoyo.

     

    Puso como ejemplo a los kikapus, un grupo que posee la nacionalidad estadounidense y que pasan temporadas tanto en Sonora y Coahuila, como en Estados Unidos, y ha coincidido que en los censos de INEGI de 2000 y 2005, los adultos y los jóvenes estaban fuera del país, contabilizándose solo a menores y viejos, siendo estos menos hablantes, que los niños que ya no lo hablan.

     

    Cuestionado sobre si la modernidad ha sido factor para esta crisis en las lenguas, Moctezuma Zamarrón consideró que si han afectado pero no ha sido determinante, y ese en un error en el que hemos incurrido.

     

    “La globalización ha sido fundamental para que se den estos procesos, pero no de manera determinante, el hecho de construir una carretera, un hospital, instalar una industria maquiladora en la tribu, no se puede pensar que ya automáticamente van a cambiar los indígenas”, comentó.

     

    Incluso la migración, dijo,  no ha sido un factor determinante. “Hay grupos que son migratorios y siguen hablando su lengua. Van y vienen de Estados Unidos y siguen hablando. Ese ha sido un error, es totalmente falso”.

     

    Sobre el fonograma, consideró que es un gran acierto sacarlo con canciones seris, porque tradicionalmente se ha dejado al aula la educación bilingüe, pero no es en la escuela sino en la vida cotidiana como más se aprende, porque tradicionalmente somos orales, los indígenas son más orales todavía.

     

    “Para los seris, los pimas, nadie aprende una lengua sin antes aprender a hablar la de uno. Es la oralidad. Primero aprendimos la lengua materna y luego aprendimos a leer y escribir, y posteriormente, aprendemos otro idioma, entonces por qué dejarle el peso del uso de la lengua a las escuelas si es oralidad, entonces lo que tenemos que hacer es reforzar cosas orales: canciones, cuentos, mitos, leyendas, la historia, la vida cotidiana contada. Eso impacta más en una comunidad indígena que cualquier cosa que yo leyera en mi mejor libro”, señala.

     

    Moctezuma Zamarrón aclaró que con ello no niega la importancia de la escuela, pero debe complementarse con la oralidad, para que tenga un impacto en el uso de la lengua.

     

    Sobre la importancia de mantener vivas estas lenguas así como a las etnias y sus tradiciones, Moctezuma Zamarrón indicó que ahí radica el ser del hombre.

     

    “El ser del hombre está en esa diversidad. Siempre se ha buscado la unificación como naciones, y entonces para unificarlos hay que ubicarlos lingüísticamente y unificarlos culturalmente”, consideró.

     

    “La diversidad es parte del ser humano. Yo pongo un ejemplo, casi siempre muy mal hecho, pero bueno, finalmente es muy claro, que mientras nos estamos preocupando por salvar las especies animales en extinción, aún las especies de la flora en extinción y que para eso hay una institución, hay leyes, una serie de cosas; no nos preocupamos por nuestra diversidad (cultural)”.

     

    “Creemos que sí debe sobrevivir la tortuga, la caguama, y que las ballenas, que el borrego cimarrón, etcétera, pero al mismo tiempo estamos diciendo, queremos que desparezcan el seri, el yaqui, el mayo, y entonces dice uno, haber, espérame, como sí queremos una diversidad en la fauna y en la flora, y nos preocupamos y le inyectamos dinero y salen programas, pero lo que nos da la identidad como ser humano en una región, esa no”.

     

    Con más de 27 años de carrera involucrado con etnias de Sonora y de distintas partes del país, el investigador del INAH pone como ejemplo el danzante yaqui que está en el escudo del Gobierno del Estado.

     

    “El escudo del Gobierno del Estado tiene el danzante yaqui, pero el danzante no es algo que se pueda ver como la luna, allá lejano. El danzante yaqui está aquí, es parte de nosotros, es parte de la cultura”.

     

    “El ser sonorense viene de todos estos grupos, junto con los mestizos, no podemos decir que nuestra herencia es de un solo lado. Hay que entender que esa herencia que tenemos está viva y que es mejor seguirla reproduciendo, porque en esa reproducción vamos a tener la posibilidad de seguir siendo nosotros”.

     

    Moctezuma Zamarrón destaca como parte de esa identidad, que Sonora es de los estados cuya mayoría de nombres de los municipios, tienen su origen en vocablos indígenas, incluido el estado.

     

    “Uno de los estados con mayor nombres en ciudades que provienen de la lengua indígena es Sonora. Navojoa, Pitiquito, Bacadéhuachi, Guaymas, casi todo el estado los nombres son de lenguas indígenas. Si las desaparecemos, vamos a estarnos desapareciendo. Es como decir, en nuestra familia, nada más venimos de nuestro papá y de nuestra mamá, y para atrás no existe nada”, ejemplificó.

     

    El reconocido lingüista insiste con la claridad de su ejemplo y señala “como la ballena, no podemos decir que es una ballena mexicana, si no que es algo universal. Así las lenguas, cualquiera de ellas o cualquier grupo indígena en sus rasgos culturales, son universales”.

     

    Moctezuma Zamarrón explicó que los yaquis fueron los trabajadores por décadas, por siglos, y fueron los que formaron Sonora. Sin ellos, dice, hubiera sido otra cosa.

     

    “Ellos fueron los de las haciendas, las minas, los pescadores. Y ojalá las tres instancias de gobierno pudieran tener programas que, una, muy importante, tengan programas hacia los grupos indígenas, pero algo que creo es más importante, un programa para los no indígenas, que hable de los indígenas”.

     

    Cuestionado por kioscomayor.com sobre las posibles soluciones para evitar la desaparición de estas lenguas, respondió tajante que una de ellas sería un programa para que los no indígenas, entiendan a los indígenas.

     

    “Siempre estamos diciéndole que no a los indígenas. A los que tenemos que preparar para entender a los indígenas, somos a nosotros mismos, a los no indígenas. Finalmente, ellos (los indígenas) se siguen reproduciendo, a pesar de todo el bombardeo, de genocidios, de saturación de medios, del nivel económico, de explotar sus territorios, de bueno, mil calamidades que han vivido, y que a pesar de ello siguen sobreviviendo”.

     

    Moctezuma Zamarrón consideró que otra medida sería introducir historia local, historia de Sonora, en los libros de texto, porque se conoce más de otras culturas como los mayas o incluso de los griegos, que de los yaquis, mayos, seris, etcétera.

     

    “En la primaria se habla más de los mayas, de los griegos. No digo que hay que quitarlo, porque es importante, pero una parte de todo lo que sería la historia, debería ser con las características de aquí. Historia local y cultura local. La cultura indígena debería quedar muy claro desde el kinder, la primaria, la secundaria”, opinó.

     

    También consideró que los medios de comunicación son parte fundamental en este proceso.

     

    “Los medios de comunicación deben tener información permanente, para que la gente vaya sensibilizándose y porque los mismos grupos indígenas, al ver que la gente se está sensibilizando, entonces se van a abrir ellos también”.

     

    De lenguaje claro, coloquial, muy franco y directo, Moctezuma Zamarrón respondió sin cortapisas el cuestionamiento de kioscomayor.com, en cuanto al apoyo de los gobiernos estatal y municipales en este preocupante tema.

     

    ¿Han encontrado buena disposición de las autoridades estatal, municipales, para apoyar los programas?

     

    “Pues varían, ahorita yo te podría decir que no”.

     

    ¿Así de plano, que no?

     

    “Que poco les importan esas cosas. Que poco tienen claro que es por ahí por donde se manejan estas cosas, aunque tienen políticas encaminadas a cierta mejoría de los grupos (étnicos) pero que no tienen un impacto real”.

     

    “Sí hay políticas pero nunca van al fondo del problema. Se quedan a cierto nivel. Igual en las políticas de desarrollo, ¿cuánto no se ha gastado en los grupos indígenas?, cantidades enormes, pero la mayoría de ese dinero no llega a los grupos indígenas”.

     

    “Llega (los recursos) a los grupos beneficiados que son increíblemente, gente de poder, gente de dinero, que dicen va a ver 100 millones de pesos para un proyecto ganadero, pero a quien se lo dan es a un ganadero, que sabe como se manejan las cosas y resulta que el 80 por ciento se lo lleva esta gente y el 20 por ciento se lo lleva la comunidad. Porque además no saben a quién se lo van a dar o cómo se lo van a dar”.

     

    “Es toda una serie de cosas culturales, que es donde ha fallado. La antropología sirve para esto. Para que realmente se sepa cuáles son los criterios que se necesitan de parte de los grupos, para poder decirle a este proyecto por aquí se le entra”, concluyó.

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