Violencia en el fútbol: “Futbolizando la Academia”

noviembre 19, 2006

María Verónica Moreira 
Comunicación presentada en las Primeras Jornadas de Jóvenes Investigadores en Antropología Social (FFyL-UBA)

El propósito de la presente comunicación es reflexionar en torno a un objeto de estudio que comienza a adquirir status en el marco de las Ciencias Sociales, en general, y de la Antropología, en particular, en nuestro país. Me refiero a las participaciones violentas en los estadios de fútbol protagonizadas principalmente por los simpatizantes de los equipos de las distintas categorías . Frente a las apreciaciones estigmatizantes producidas desde los medios de comunicación, que se funden en el sentido común, los estudios de carácter etnográfico realizados en los últimos años han arrojado esquemas de interpretación alternativos en la búsqueda de la comprensión de tales fenómenos . En esta oportunidad, el objetivo es presentar los puntos centrales de los abordajes propuestos en el contexto de nuestra disciplina.  
I

Los medios de comunicación trabajan los problemas de la violencia en el fútbol sólo cuando se produce un “caso” que toma estado público, el tratamiento no excede los días en que éste se mantiene en primera plana, para dar por finalizado el análisis cuando desaparece el tema como noticia . El análisis periodístico privilegia lo narrativo y los datos de color, pero no introduce un estudio acabado del fenómeno violento . Resultado de este procedimiento, los actores de los hechos violentos son presentados fuera de la normalidad social, comúnmente catalogados como inadaptados. “El inadaptado no pertenece a la sociedad, no logra incorporar las reglas necesarias para ser incluido, no es más que un ‘outsider’, un personaje que actúa por fuera de lo legítimamente establecido”(Coelho y otros 1998: 6). De esta forma, los actores violentos y sus acciones son desprovistos de toda racionalidad, observados como sujetos animalizados: “bestias”, “salvajes”, “animales”, “monstruos”. Otra calificación recurrente es la de “incivilizados”. El periodismo es víctima de su propio análisis; una descripción narrativa y estereotipada no permite realizar una buena lectura de los fenómenos violentos que suceden en el ámbito del fútbol. “En las explicaciones que arriesgan los medios abunda la superficialidad y se ignora u omite una indagación profunda sobre las motivaciones que impulsan a estos actores” (Coelho y otros 1998). Consecuentemente, los casos de violencia son tratados como productos de la acción irracional de seres inadaptados quienes sin ningún tipo de diferenciación son clasificados como ” los barrabravas “.  

II
 

En el marco de la antropología, la búsqueda de las significaciones de las acciones y representaciones sociales en el campo de la rivalidad futbolística estuvo dirigida desde su inicio por Eduardo Archetti. En uno de sus trabajos, Archetti (1985) analiza los trazos del discurso masculino expresados a través de los cantos tribuneros de los hinchas, muchos de los cuales conjugan la ironía y la burla con la intención de ubicar a los ” otros ” en una posición inferior. En el duelo verbal los hinchas ponen en juego la condición de su virilidad y la conservación del espacio de los “verdaderos hombres”, disputan en el campo simbólico su identidad sexual. Los cantos que corresponden al proceso de afirmación masculina refieren a la subordinación (léase, en este caso : humillación) del “otro” en el acto sexual . El autor marca que “desprestigiar al otro es transformarlo en niño o en hijo. Esto supone la pérdida de su autonomía y el hecho de no poder comportarse como verdaderos hombres…”. Más adelante agrega: “este elemento de convertir al otro en un ser humillado que hace “cosas” en contra de su “naturaleza” obligado por el fuerte, el victorioso, es uno de los temas de afirmación masculina que aparece permanentemente en los cantos de los hinchas argentinos (…) el derrotado es despojado de su sexualidad, la sexualidad del victorioso debe ejercerse efectivamente a través de la violación y humillación del otro” (Archetti , 1985 : 7-8). En este caso particular, el mundo masculino se afirma y se contrapone no sólo al mundo de la mujer sino también y ante todo al mundo de los homosexuales, al mundo de los “no hombres”. Posteriormente, Archetti (1992) centró su atención en la exposición del fenómeno del fútbol como un ritual, en este artículo observa los vínculos entre la masculinidad y las prácticas violentas. El fútbol argentino como fenómeno social es comprendido como un ritual que combina elementos trágicos y cómicos, la combinación de dichos elementos produce un tipo especial de ritual que oscila entre lo violento y lo carnavalesco. Este último factor está representado por los cánticos, los saltos rítmicos y el colorido que los simpatizantes despliegan en las tribunas. El factor trágico se evidencia en los actos de violencia que protagonizan los hinchas. Archetti afirma que los elementos violentos han ido lentamente instalándose en el fútbol argentino, ocupando desde la década de 1960 un lugar protagónico. Entre una de las causas que producen este desplazamiento desde una preponderancia de lo cómico a una preponderancia de lo trágico, se encuentra un cambio ocurrido en el discurso moral masculino alrededor de la década de 1960. Por otra parte, Archetti en este artículo inicia el análisis de la noción nativa de el aguante, que para el autor está íntimamente relacionada con los actos de violencia. Esta categoría es entendida como “una resistencia que no conlleva una rebelión abierta, pero sí, a través de los elementos trágicos y cómicos, a una serie de posibles transgresiones”. Junto a Amílcar Romero, Archetti (1994) analiza cuatro casos de violencia causados por la represión policial (casos de 1958 y 1976) y por la acción colectiva de las denominadas “barras bravas” (casos de 1967 y 1983). El artículo propone vincular los hechos violentos en Argentina con la represión policial, la presencia de grupos minoritarios organizados, la existencia de poderosos intereses que bloquean el proceso judicial y la relación íntima entre la violencia y el mundo del poder legítimo. A diferencia de los hooligans que con frecuencia se identifican con organizaciones racistas y derechistas, los barrabravas en Argentina no representan ni apoyan ninguna agrupación o fuerza política en particular. Ante un prejuicio fuertemente aceptado en nuestra sociedad, los autores plantean desvincular la autoria de los hechos violentos de los sujetos de las clases populares. En estos trabajos se destaca la intención de descubrir la racionalidad de las acciones sociales que desde una mirada superficial parecen incoherentes y arbitrarias. Las acciones violentas deben ser interpretadas considerando los sentidos que los sujetos participantes ponen en juego principalmente en el contexto de la rivalidad frente al “otro”. En la competencia deportiva, los hechos violentos pueden entenderse como comportamientos emergentes de una relación particular: la rivalidad. El punto central entonces es marcar la posibilidad de desmitificar y desnaturalizar ciertas ideas impuestas en torno a la existencia de una violencia irracional a cargo de seres inadaptados. Por el contrario, el desafío de la antropología precisamente conduce a desentrañar los significados subyacentes de las acciones y representaciones “violentas” de los hinchas. 

III 

En la misma línea de investigación, en los años precedentes los estudios de carácter etnográfico realizados con integrantes de las Hinchadas de equipos de fútbol de distintos clubes y categorías, han llevado a la identificación de un corpus de prácticas y una moralidad específicas que sintéticamente resumimos en la voz de los actores como: ” el aguante “. En el campo de la rivalidad, los integrantes de los grupos organizados de hinchas fanáticos (” barrabravas”) se enfrentan en furiosas luchas callejeras, roban banderas a sus adversarios, invaden sus territorios, precisamente por la posesión de este valor. Teniendo en cuenta la complejidad y la riqueza del estudio de las participaciones violentas de los hinchas de fútbol, las etnografías han tenido como objetivo presentar nuevas interpretaciones sobre el tema. Una de las investigaciones mencionadas corresponde a la tesis de José Garriga Zucal (2001) quién ha centralizado su trabajo en el análisis de la construcción social de la masculinidad de los hinchas. La propuesta muestra fielmente los resultados de su trabajo de campo realizado entre los integrantes de la Hinchada del Club Atlético Colegiales, equipo que interviene en una categoría del ascenso de los torneos organizados por la Asociación de Fútbol Argentino (AFA). Garriga Zucal identifica una forma particular de violencia que los propios actores denominan el combate. El combate se caracteriza por ser una choque grupal y físico frente a los rivales en el que el cuerpo es el principal instrumento de la pelea. “La lucha entre hinchadas se realiza en un lugar que es definido como un campo de batalla, ya sea una plaza, una estación de ferrocarril o la calle, este territorio de combate posee límites imaginarios. Los objetivos de la lucha son la apropiación de este campo de batalla, buscando que el grupo contrario se retire del enfrentamiento, que traspase los límites. Se considera vencedor al que permanece en el territorio de lucha” (2001: 40). Ahora bien, precisamente es en el campo de la lucha grupal donde los hinchas enfrentados disputan un bien simbólico tan valioso como “el aguante”. El autor define la categoría como una noción “que engloba simultáneamente los saberes de la lucha callejera y la resistencia al dolor de las heridas ocasionadas en los enfrentamientos entre hinchadas” (2001: 29). Otras dos prácticas violentas son mencionadas en el trabajo. Una denominada “tirar piedras” que refiere a la acción de arrojar todo tipo de objetos con el fin de herir al rival; otra conocida como “tirar tiros” que se caracteriza por un alto grado de planificación y por la utilización de armas blancas o de fuego. Sin embargo, ambas instancias no representan la adquisición legítima de “el aguante”, ligado fundamentalmente a la afirmación del valor establecida a partir del uso adecuado del propio cuerpo (técnicas y resistencia). En el contexto general de una hinchada de fútbol, considerada en términos de la totalidad de los simpatizantes que participan, la demostración de “el aguante” en los combates permite distinguir en el campo de las relaciones establecidas distintos tipos de hinchas. Aquellos que demuestran las habilidades corporales pertenecen al grupo de los “verdaderos hombres”. Son las prácticas violentas desarrolladas en los combates las que conducen a la consagración y a la identificación con el género masculino. El aguante es un capital simbólico que diferencia al hombre del no-hombre; es un capital que instituye a los sujetos como “machos”. Para los nativos ningún sujeto puede considerarse hombre si no ha probado su masculinidad a través de esta práctica; es el accionar violento el que inserta a los participantes en el universo masculino. Los miembros de la hinchada definen el género masculino sobre la base de oposiciones: los “verdaderos hombres” nativamente denominados “machos”, se distinguen de los de los no hombres llamados “putos”. Garriga Zucal retoma a Bourdieu (1997) para manifestar que los agentes según sus prácticas se inscriben en espacios sociales determinados dentro de un campo más amplio posiciones. Las formas de actuar funcionan como mecanismos distintivos. La práctica violenta permite la identificación de género de un particular espacio social, diferenciándose del género femenino y de las otras formas de identificación masculina que coexisten en la sociedad. 

IV

La segunda propuesta responde a un trabajo de carácter etnográfico que realicé con los integrantes de la Hinchada del Club Atlético Independiente. En la tesis analizo las formas de manifestar el principio de la rivalidad-enemistad que signa la relación de los hinchas identificados con diferentes equipos. En este contexto entre las expresiones de la rivalidad con un alto grado de agresividad se encuentran los mencionados combates (peleas cuerpo a cuerpo, en las que está permitido en ciertas ocasiones el uso de armas de fuego), los robos de banderas y emblemas, y la invasión de territorios. Estas son las prácticas a través de las cuales los hinchas buscan doblegar la integridad física y mental de su rival eventual. El esquema de análisis enmarca dichas acciones como prácticas constituyentes de un sistema denominado dialéctica del honor – deshonor. El trabajo propone un enfoque alternativo que permite reflexionar sobre las prácticas “violentas” de los hinchas, los cuales disputan el sentido del honor en función de la pertenencia y la territorialidad. En la misma sintonía que el análisis de Garriga Zucal, ” el aguante ” representa la cualidad masculina que traza la distinción social y la identificación de las hinchas como integrantes de un grupo muy particular : la Hinchada. En términos generales, definimos el honor como una cualidad moral de la persona que actúa de acuerdo a una conducta ejemplar en el marco de un tiempo y espacio social determinados. La persona capacitada para encarnar los ideales de la sociedad adquiere una recompensa moral que podemos traducir como prestigio, fama, reputación o, simplemente, honor individual. Si el honor corresponde al polo positivo del comportamiento social, la vergüenza o el deshonor representan el polo negativo de la acción. En la medida en que todas las sociedades evalúan la conducta de sus miembros refiriéndola a patrones ideales de acción, todas poseen sus propias formas de vergüenza y honor. En definitiva, cuando analizamos los principios y los mecanismos del honor y la vergüenza estamos, en realidad, observando cómo determinados grupos o círculos sociales evalúan el grado de adecuación de las conductas al modelo ideal de participación. Todas las sociedades construyen un tipo ideal de personalidad, representantivo y ejemplar, a través del cual se evalúa el grado de adecuación de las conductas sociales. El honor es un valor de una persona para sí misma pero también un valor social. El individuo que actúa de acuerdo a los códigos sociales estima su propio valor, pero necesita a su vez que este valor sea reconocido socialmente. El honor funciona como un nexo entre los ideales de la sociedad y su reproducción en el individuo mediante la aspiración de éste a personificarlos. El individuo inmerso en un grupo social participa del honor de su grupo y debe respetar, como integrante, las normas y valores establecidos pues su conducta deshonrosa repercute en el honor de todos. En particular, si consideramos a la Hinchada como una sociedad agonística inclinada a la competencia física frente al rival, el tipo ideal debe conjugar valores tales como el coraje y la valentía de los hinchas que “van al frente” y “tienen aguante”. La exhibición de valor debe ser un rasgo fundamental de la personalidad de sus miembros. “Ir al frente”, “plantarse “, “aguantar”, “luchar” son acciones (expresadas a través de la terminología nativa) que representan valores positivos del ser social. El hecho de enfrentar con valor al enemigo – más allá de los resultados del encuentro – , es un mérito suficiente para obtener reconocimiento social y reforzar de este modo el derecho de pertenencia en la sociedad. Pues como dice Elbaum, ante todo en el aguante “se apuesta a una victoria moral” (1998). Negar el apoyo físico en los combates (no arriesgar la propia vida por el nombre de la Hinchada) es un hecho que no tolera el modelo social, pues en la lucha contra el enemigo “cuando se ha perdido todo lo demás, todavía puede salvarse el honor”. Tener vigor y destreza física son signos positivos que realzan el honor individual. Ahora bien, éstas no son cualidades excluyentes pues en la Hinchada participan individuos que no están dotados físicamente y sin embargo son reconocidos por sus actos de valor. La base de la reputación en la Hinchada está en el reconocimiento del hincha que tiene aguante. Las cualidades de la hombría se sintetizan y representan en el hincha que “tiene huevos” (metafóricamente: bien provisto de testículos, de los que saca su valor). Por oposición, las conductas que demuestran temor, debilidad y cobardía conducen a la baja estima y reputación. Los grupos sociales poseen un honor colectivo en el que sus miembros participan e incrementan por medio de sus acciones. A la inversa, si uno de los integrantes de la Hinchada cae en un estado de humillación, cuestiona el honor de todos los participantes. Entonces, acciones tales como huir de la pelea, correr cuando es un acto innecesario, no apoyar estratégicamente al compañero en el combate o simplemente no poder resolver una dificultad con aguante, son comportamientos penalizados. En el caso puntual de una pelea, los hinchas deben ser sancionados no sólo por la consecuencia práctica (mayor cantidad de muertos y heridos), sino también por la disminución de la propia reputación. En síntesis, los hombres de honor saben que al intervenir en los enfrentamientos violentos arriesgan sus vidas, pero saben que no deben retroceder ante la adversidad si quieren demostrar el coraje necesario para afirmar su valor en el campo de la rivalidad. Los combates funcionan como instancias de apreciación y evaluación de los comportamientos sociales por medio de los cuales los hinchas intentan cumplir con las expectativas establecidas en la sociedad. Hasta el hincha menos capacitado para la lucha física debe dar cuenta de su valor si no quiere ser juzgado y rechazado por la presión social. En el marco de la rivalidad – enemistad, el ataque violento al enemigo es un hecho valorado positivamente siempre que existan las condiciones mínimas de igualdad: pelea entre hombres jóvenes y adultos que participan en grupos organizados de hinchas (las Hinchadas). La agresión a personas mayores y niños es cuestionada como lo es también el hecho de enfrentar a una persona entre varias. Una característica fundamental de la noción de honor es que la afrenta al honor debe estar dirigida a una persona (o grupo) considerada como un igual conceptual. Ofender a un individuo de una categoría inferior implica el propio deshonor (niños, ancianos y mujeres). La base de todo desafío es la igualdad frente al rival, ya que la fuerza de la afrenta reside justamente en establecer la superioridad sobre “el otro”. La afrenta al honor requiere una pronta satisfacción para restituir el estado anterior. La satisfacción puede adquirir diversas formas, desde el acto verbal del arrepentimiento hasta la venganza, pues dejar el honor en estado de profanación en este contexto equivale a cobardía. En el marco de la rivalidad – enemistad que vincula a las Hinchadas, la cuestión del honor está íntimamente relacionada con la defensa y la obtención de bienes simbólicos – no negociables como emblemas y territorio -. En la lucha por superar al rival, el aumento del honor depende de la capacidad de robar los bienes pertenecientes a la otra Hinchada y de invadir su territorio. Mientras que los mismos hechos cometidos contra la propia Hinchada incrementan su estado de humillación. La idea del robo y del perjuicio sobre el territorio ajeno está presente entre los hinchas, no sólo porque aumenta la imagen positiva de la Hinchada en detrimento de la imagen de la parcialidad rival, sino porque ambas prácticas se enmarcan en lo que comúnmente denominamos aguante. Son instancias especiales y representativas en las que los hinchas demuestran las cualidades de un hombre valiente ante la adversidad. En el caso de la pérdida de los trapos – como los hinchas denominan a las banderas – , éste es un hecho deshonroso que conduce a una rápida reparación. El relato de un miembro de la Hinchada ilustra la necesidad imperiosa de recuperar los bienes perdidos y, en consecuencia, revertir la deshonra: “…Hasta que nos enteramos donde guardaban los trapos, en una pizzería, y fueron el Gallego (el antiguo capo de la Hinchada) y dos pibes más, entraron a la pizzería, fierro en mano, ` venimos a arreglar unas cuentas ´, ` tenemos una cuenta pendiente ´ “. La Hinchada que cae en estado de humillación intenta, por medio de diversas estrategias, recuperar los bienes perdidos necesarios para restituir el honor del grupo y, en la medida de lo posible, trata de robar los bienes sagrados de su enemigo. En este sentido, la venganza por el perjuicio sobre el honor es una parte fundamental de la dialéctica del honor. A su vez, la Hinchada no debe esperar pasivamente el ataque del enemigo limitándose a la defensa de sus bienes, sino que los hombres de honor deben también lanzar nuevos desafíos por medio de acciones del mismo tipo. Entre los hinchas siempre está presente la idea de custodiar los trapos de la Hinchada y robar los trapos ajenos. Los trapos son custodiados y defendidos hasta el final de la lucha por medio de diversas estrategias que incluyen desde la protección con el propio cuerpo hasta el uso de armas de fuego.   ” (…) Y el aguante está en defender lo tuyo. Cuando nosotros juntamos los trapos, todas las banderas, y las llevamos a un lugar es como un cordón de fierro que se arma ahí para que eso no se toque, porque es una humillación, comparada con una violación, que vos veas al otro partido una camiseta o una bandera tuya en la tribuna de otro equipo” (Rulo de Wilde).  Como vimos, el territorio aparece como uno de los bienes más preciados en la disputa. Los hinchas de Independiente suelen circular por espacios que son reconocidos como propios. En los accesos al estadio, delimitados por las calles del barrio, los hinchas circulan libremente con sus camisetas, estandartes, banderas e insignias de todo tipo. Los miembros de la Hinchada frecuentan distintos lugares antes y después de cada partido; a través de sus prácticas se apropian y reconocen sus lugares. Los miembros de las diversas Hinchadas conocen los lugares apropiados por su enemigo, por eso en muchas ocasiones en el contexto específico de un día de partido o fuera de él, algunos hinchas buscan el momento adecuado para invadir el territorio ajeno. Damos cuenta de la existencia de un espacio amplio dividido en zonas reconocidas como territorios propios y territorios ajenos. La invasión del territorio enemigo que apela a la degradación del otro, implica dos respuestas posibles: la defensa del territorio por medio del aguante (plantarse en este caso indica aceptar el desafío) o la huida del combate (representada por la acción de correr). El hecho de no aceptar el combate, conduce no sólo a la humillación de los hinchas que no pueden demostrar valor, sino también a la vergüenza que sienten por el estado de profanación de su propio territorio. Podemos mencionar también en la lógica del honor, el desarrollo de ciertos combates que no están vinculados necesariamente a la defensa de los trapos y a un territorio en particular. Esto puede suceder cuando los capos (líderes de la Hinchada) de parcialidades rivales negocian un lugar neutral de encuentro, la hora y las condiciones de la pelea (por ejemplo: combates cuerpo a cuerpo sin armas de fuego), simplemente por el hecho de medir fuerzas entre sí. En este caso, si ninguno de los bandos abandona la pelea podemos interpretar que ambos son vencedores de acuerdo a las leyes del combate y las leyes del honor. Damos cuenta entonces de los sentidos subyacentes de la relación constituida entre bandas enemigas, las cuales expresan la relación de rivalidad – enemistad a través de las exposiciones y agresiones físicas en las que el aguante es un elemento fundamental. Las disputas entre bandas (combates, robos, incursiones en territorio) tienen como objeto la conservación y el incremento de un capital simbólico que ya identificamos como honor. Las estrategias físicas del aguante, desarrolladas en función de la protección de los bienes propios y del perjuicio sobre los ajenos, son fundamentales para la afirmación y reivindicación del honor colectivo de la Hinchada. Ahora bien, si pensamos que la adquisición y el aumento del honor se obtienen por medio de las acciones complementarias de defensa – ofensa de los bienes más preciados, y que toda humillación necesita una pronta reparación, el resultado de todo esto es: una secuencia constante e infinita de desafíos y contra- desafíos entre Hinchadas rivales. Jamous interpreta la secuencia de desafíos y contra-desafíos como intercambios de violencia, los cuales buscan la muerte real o simbólica de los hombres. Dichos intercambios pueden tomar diversas formas de expresión: desde el despliegue estético visual que abarca la tirada de papeles, serpentinas, banderas y cantos tribuneros hasta los combates con alto nivel de agresión. Los distintos estilos de competencia buscan indefectiblemente alcanzar la superioridad frente al rival. Los desafíos y contra-desafíos configuran de este modo un sistema de relaciones recíprocas entre parcialidades hostiles dispuestas a la lucha permanente por su propio honor; una reciprocidad negativa que tiende al perjuicio del “otro”. De acuerdo a la visión de Jamous: “El honor consiste en el ejercicio de una autoridad sobre los dominios de lo prohibido (…) y en la transgresión de los dominios prohibidos de los demás, en lo que llamamos intercambios de violencia” (1993: 223).En el marco de la rivalidad – enemistad, los actos constantes de defensa y ofensa sobre los bienes prohibidos no deben interpretarse como momentos de negación de la banda rival sino, por el contrario, como la afirmación de un “otro” necesario en la disputa por la superioridad. Según Jamous, los intercambios de violencia son conductas transgresoras pues: “afirman la existencia de lo prohibido violándolo (…) Cuando un hombre impugna el honor de un individuo o un grupo, está reconociendo su valor, y al invitarle a dar una respuesta análoga, confirma su orden de valores. Esta respuesta es más que una sanción, es un contra-desafío por medio del cual se reconoce el valor del agresor y se afirma el propio” (1993: 225). Las Hinchadas enemigas despliegan sus formas de hostilidad en el marco de un estricto juego regulado en el que la competencia por la superioridad lejos de amenazar el orden social tiende a defenderlo. En este sentido, el juego del agón asociado al honor, refuerza patrones y principios sociales constituyentes de la sociedad; a su vez, permite el desenvolvimiento cíclico de los desafíos y contradesafíos entre Hinchadas rivales.   V

Quizá la originalidad de las propuestas en el marco de nuestra disciplina resida en la interpretación de las prácticas violentas como manifestaciones de un sistema en el que la disputa está ligada al sentido del honor en función de la pertenencia y la territorialidad (Moreira 2001) y a la necesidad de afirmar una identidad de género masculina entre los hinchas (Garriga 2001). Las investigaciones etnográficas en las Hinchadas de fútbol han llevado a un primer diagnóstico del campo. Queda como desafío la posibilidad de continuar en la misma línea de análisis y establecer una comparación más precisa y rigurosa entre ambos esquemas de interpretación. Queda otra cuenta pendiente que refiere al estudio de las participaciones y representaciones sociales de “otra hinchada” del campo de la rivalidad, me refiero a los integrantes de las fuerzas de seguridad. Tales actores también intervienen abiertamente en muchas de las peleas que se generan entre los hinchas y también contra los hinchas. Los simpatizantes sin duda identifican a los integrantes de las fuerzas de seguridad como posibles rivales y enemigos a los que se pueden enfrentar. Esta es una línea sumamente interesante de trabajo que puede arrojar nuevas ideas sobre las manifestaciones violentas en los estadios de fútbol.En ambos trabajos subyace la idea de pensar el campo futbolístico como un espacio de interacción más amplio en el que participan también otros actores sociales como los jugadores, los medios de comunicación, los dirigentes del club. Esto lleva a analizar el fenómeno de la violencia en un nivel de mayor complejidad. Si bien, las investigaciones hasta el momento realizadas se han centrado en la perspectiva de los hinchas, como los agentes visibles de las conductas violentas, es necesario introducir la presencia de otros agentes. En este sentido, los hinchas son un actor social singular dentro de un marco más abarcador en el que se desarrollan múltiples y variadas relaciones sociales.

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Una respuesta to “Violencia en el fútbol: “Futbolizando la Academia””

  1. roser caminal Says:

    hola, me llamor roser,
    me parece mun interesante este articulo. estoy buscando informacion des de el campo de la antropologia sobre el futbol en Argentina para un trabajo de estudios visulaes. podrias darme alguna referencia sobre textos? necesito textos que tomen el futbol como elemento formador de identitades, algo a lo que la gente necesita agarrarse en los tiempos hiper-moderno donde el individuo se siente despojado de sentido comunitario. os agradeciria cualquier informacion.
    gracias


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